El Cinematógrafo: El peligroso encanto de los monstruos

El Cinematógrafo: El peligroso encanto de los monstruos
El Cinematógrafo: El peligroso encanto de los monstruos

Tengo un amigo que constantemente sube fotos del Joker a su estado de WhatsApp, todas acompañadas de frases sobre rebeldía o falsa amistad. Su caso no es único, pues existe una cantidad exagerada de publicaciones en redes sociales que reflejan una aparente identificación con el payaso de fondo.

Pero el caricaturesco villano de la saga de Batman no es el único que aparece en imágenes así. Jordan Belfort y Tony Montana, protagonistas de The Wolf of Wall Street y Scarface, también son bastante recurrentes. ¿Qué hace que estos personajes psicópatas, estafadores y asesinos sean el paradigma de miles de personas?

Desde tiempos inmemoriales, la sociedad ha creado desconfianza hacia los entes de poder tradicionales, como la iglesia o el gobierno. Por eso, los héroes clásicos –policías incorruptibles o caballeros perfectos– lucen distantes y aburridos. Contar historias desde una perspectiva diferente y rebelde convence a las personas con otro mensaje.

No es secreto que la televisión y el cine romantizan figuras poco éticas: desde clásicos como El Padrino hasta series contemporáneas de narcotraficantes. Más de un siglo con estos personajes en el papel protagónico convierte los asesinatos, estafas y robos en algo normal, en ocasiones incluso divertido. De esta manera, la línea entre lo correcto y lo castigable se difumina.

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Nos emociona que Tyler Durden, de Fight Club, recite un discurso anarquista, o que el Joker culpe a la sociedad de sus desgracias. Después de todo, son una respuesta a problemas reales de nuestras vidas, por lo cual nos sentimos identificados. Aunque dudo que la solución sea convertirse en terrorista o matar a un famoso porque se burle de ti, como hicieron los anteriormente mencionados.

La cualidad más cautivadora se la lleva el alto carisma del que gozan algunos. No importa que Hans Landa, de Inglourious basterds, asesine judíos a mansalva, pues verlo en acción es más entretenido que cualquier héroe tradicional. Con esto en mente, hasta Pablo Escobar se ha convertido en una estrella, recordado por su “plata o plomo” en miniseries y películas pero olvidado en cuanto a sus miles de víctimas por otros tantos espectadores.

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Estereotipar o poner sellos también pervierte completamente el sentido de la historia. Que Vito Corleone sea un asesino no quita la inmensa bondad que profesa a su familia y amigos. De igual manera, en el lado contrario, Oskar Schindler salvó a 1200 judíos durante el Holocausto, pero era un mujeriego empedernido y alguien que, en un principio, solo quería enriquecerse con la guerra. ¿No existen más bandos que los héroes de brillante armadura o los villanos que quieren destruir el mundo?

Otro conocido mencionó que su sueño era tener la vida del protagonista de The wolf of Wall Street: una especie de emperador romano moderno, rodeado de fiestas desorbitantes, automóviles caros y mujeres desnudas. Los “gurús de negocios y emprendedores” hablan de Jordan Belfort como un referente en el mundo financiero, aunque parecen olvidar otros elementos del filme; es recordado también como uno de los mayores estafadores de la historia moderna, un mal padre de familia y alguien que no dudó en delatar a sus compañeros.

Desgraciadamente, el problema no siempre viene del personaje negativo, sino de una incorrecta interpretación del mensaje. Andrew, protagonista de Whiplash, desea convertirse en un baterista exitoso y deja de lado a su pareja, familia y salud mental para alcanzar dicha meta. Me sorprende que numerosa gente perciba este filme como una historia inspiradora y motivacional, cuando constituye un retrato crudo sobre los excesos y la obsesión humana.

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Sucede igual con Tony Montana, un exiliado cubano que alcanza la gloria en los Estados Unidos a través del asesinato y la venta de cocaína. Una cantidad preocupante de personas lo enmarcan como ejemplo a seguir por su valentía y ambición. Aquellos que usan ropa con su cara impresa y lo glorifican también olvidan que termina solo, sobre un charco de sangre, después de asesinar a su amigo y ser abandonado por su mujer.

Los refranes lucen, a primera vista, como una sabiduría resumida en pocas palabras. Sin embargo, de “perro que ladra no muerde” a “sé tú mismo y no confíes en nadie” hay una diferencia bastante marcada. La próxima vez que una foto del “lobo de Wall Street” aparezca en nuestro teléfono como sinónimo del éxito, o que un monólogo del Joker sea retratado como un manifiesto de libertad, pensemos si son nuestros ídolos, o simplemente un reflejo de nuestra estupidez y banalidad.

(Por Máximo Enrique Badía Yumar)

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