El día en que Junco abrió una nueva era en las series nacionales

El día en que Junco abrió una nueva era en las series nacionales

Cuando el 27 de enero de 1996, a las 6:22 de la tarde, –hace 30 años-, el matancero Lázaro Junco Nenínger desapareció la pelota en el estadio Victoria de Girón, se inauguró una nueva era en el béisbol cubano: la de los 400 jonrones.

Aquel sábado, el recio toletero rechazó con fuerza un envío de Alberto Pavón, de la Isla de la juventud, con las bases vacías en el octavo inning, para abrir un selecto club que en el principal pasatiempo nacional solo cuenta con otros dos bateadores excepcionales: Orestes Kindelán Olivares y Omar Linares Izquierdo.

Así asumió el mando en este importante departamento y, en enero de 1996, fue el primero en inscribirse en la prestigiosa lista, en la que ingresó el 29 de enero de 1997, el santiaguero Orestes Kindelán Olivares, el hombre que a la postre le arrebató el liderato histórico en este importante departamento, frente a un lanzamiento del relevista guantanamero Andrés Riveaux en el «Van Troi», en un desafío en el cual las Avispas picaron a los del Guaso, 9 carreras a 6.

Ya en el otoño de su brillante carrera se incorporó el tercer miembro de la selecta relación, el vueltabajero Omar Linares Izquierdo, quien completó las cuatro centenas de bambinazos el 10 de febrero de 2002 contra un tirador de nombre bien raro: Salatiel Fonseca, en un tope celebrado en el «Mártires de Barbados», donde su equipo se llevó la victoria, 13 a 5.

Finalmente, Kindelán sobrepasó a Junco y culminó su carrera con 487 jonrones, mientras que el matancero terminó con 405 y Linares acumuló 404.

El más próximo a hacerle compañía a este trío es el Gallo Mayor, Frederich Cepeda Cruz, quien hasta el 29 de diciembre pasado acumulaba 386 películas de cuatro esquinas, pero habría que ver los planes del espirituano en el béisbol cubano, pues se trata de un jugador que suma 27 temporadas y el 8 de abril cumplirá 46 años de edad.

De no ser él, pienso que pasarán muchos años para que algún bateador llegue a la ansiada cifra en una pelota en la que a las nuevas estrellas les cuesta mantenerse durante tantas campañas, unos porque emigran y otros cumplen contratos en el exterior, un caso es el de Alfredo Despaigne Rodríguez, quien atesoraba 294 estacazos de cuatro esquinas en las series nacionales y en la liga profesional de Japón despachó 184 vuelacercas.

PREDILECCIÓN POR EL 27

Nunca se lo pregunté. Mas, no hay duda de que el nativo de Limonar sentía predilección por el 27, cuando se trataba de conectar bambinazos marcados, pues un 27 de marzo de 1984 le desapareció la pelota en el estadio Victoria de Girón al capitalino Lázaro de la Torre, para redondear el centenar de cuadrangulares en series nacionales.

El 27 de abril de 1991 completó los 300 palos de vuelta entera contra un lanzamiento de José Ibar, en el mismo parque. Y el 27 de enero de 1996, igualmente en el «Victoria de Girón, abrió el club de los 400 y, además, en la contienda de 1992-1993 encabezó a los jonroneros con 27 despedidas a Lola y en las 18 series en que intervino conectó 27 triples.

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Sobre el autor: Agencia Cubana de Noticias

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