Alfonso Chang Cruz salió bien temprano de Camagüey, rumbo a Matanzas, con más incertidumbre que certezas, en medio de una crisis recrudecida. No tenía garantías reales de encontrar transporte para regresar a casa y en su cabeza rondaba la posibilidad de que cancelaran el evento de rap en el que participaría tras 14 horas de viaje.
Trajo consigo solo una mochila con ropa, una gorra, la responsabilidad de ser el campeón regional de su provincia y el sueño de ganar la presente edición del Hip Hop en Dosis, un evento que reúne a los mejores exponentes de freestyle (estilo libre) para una noche de eliminación directa mediante batallas de rap.
El viernes fue el día para prepararse. Calentaron los micrófonos en el acostumbrado espacio Bajo Puente, donde varios artistas mostraron su talento frente al público más “underground”. La primera noche cantaron aquellos que poseen una obra más comercial, con canciones de rap y trap.
La noche del sábado fue el momento acordado para la batalla. Veinte raperos provenientes de todos los lugares de la Isla se habían arriesgado al mismo viaje, pese a las circunstancias, para batirse a duelo, micrófono en manos, y dejar rivales en el camino a base de flow, buenas rimas e ingenio.
En el Patio Colonial, sede de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Matanzas, se montó el escenario. Luces y equipos de audio, separados por cuerdas, a modo de ring de boxeo crearían el ambiente necesario para este tipo de certámenes. De un lado el público, del otro el jurado y, dentro del cuadrilátero, el árbitro encargado tanto de mediar entre los competidores como de animar el evento.
Al caer la tarde, Alfonso Chang Cruz dejó atrás su nombre y adoptó su seudónimo, ese por el que era reconocido en los circuitos urbanos de Camagüey, The King. El Rey del freestyle provoca que el público aplauda cada remate de rima que golpea en el rostro de sus rivales.
Aun así, se sabía entre iguales. Lo supo en el momento exacto en el que se subió al ring. Esa noche estaban reunidos los pesos pesados, nombres que resuenan en el ambiente underground de cada provincia del país: Big M, Atrida, Magdiel, Ban, Rubick, Sen2, Panzer, Halem, Messa, Shadie, Limerencia Pagana, el Indio, Maic, El K, el Fantasma, Gonki y el siempre temible Royal, el favorito de los locales.
Para los desconocidos pueden parecer solo muchachos, pero para los conocedores son verdaderas bestias del rap cubano, artistas urbanos capaces de destruirle el ego a cualquiera y de poner rimas en contra de sus rivales en cuestión de segundos.
The King tuvo que sudar cada pelea, llevar batallas a réplica, remontar combates que parecían perdidos y ganarse al público y al jurado en los últimos momentos, aunque fuese para raspar una decisión dividida. Ganar, reponerse, preparar rimas y volver a la carga. Solo los que conocen de este tipo de choques saben el desgaste que provoca.
La voz se quiebra, las ideas no fluyen como al principio y se acaban los remates salvadores. Por un momento parece como si las palabras dejaran de rimar, como si el diccionario se agotara; pero es ahí, con todo el público expectante, cuando solo queda recomponerse y rapear.
El Rey empezó en el género en 2022; unos amigos le enseñaron unos videos de freestyle y, más adelante, se enteró de que en la AHS de Camagüey se hacían encuentros de ese tipo. Nueve meses después, ganó una edición nacional y se coronó como uno de los máximos exponentes de su ciudad y del oriente del país.
Él tiene sus mañas, su librito propio para competir. Semanas antes de la batalla, no rapea, ni siquiera prepara rimas en su mente. Prefiere quedarse en blanco, limpiarse de todo y empezar de cero. Desde hace unos años es consciente de que nació para rapear y que sobre el escenario solo hay que estar bien enfocado y mantenerse fuerte; a los que flaquean se los comen vivos.
Admira a Matanzas, por la fuerza que ha ganado el movimiento urbano en el territorio. La ciudad ha visto nacer a exponentes del género, como Carlos P.U y el propio Royal, artistas que se han ganado el respeto del público tanto fuera como dentro del país, y que son igualmente queridos y temidos por quienes practican el freestyle.
La noche del evento continuó, y la voz le jugó una mala pasada al Rey, por momentos se sentía ronco y le costaba articular. Entre rondas se quedaba en silencio, en una de las esquinas del ring, viendo cómo los favoritos caían; el rap es así, la trayectoria no es garantía de nada, si los que empiezan le ponen corazón.


Tras una semifinal más que exigente, el Rey camagüeyano tuvo que vérselas con Magdiel, de Cárdenas. Su rival se había mostrado fuerte en sus batallas, tenía al público de su lado y quería ganar en su patio. The King se ajustó la gorra y entró al cuadrilátero por última vez esa noche.
El background, las rimas, los remates filosos como cuchillos, la gente aplaudiendo, el jurado tomando notas en sus libretas, el árbitro haciendo los conteos y animando, el público disfrutando de la gran final, el calor de las luces y la garganta que duele tras rapear durante horas.
La batalla fue pareja, como se esperaba, los contendientes se situaron a ambos lados del árbitro. Los tres miembros del jurado mostraban en sus rostros el peso de cargar con una decisión bien difícil, mientras que el público ya los coronaba campeones a los dos.

Finalmente, tras unos minutos que parecieron horas, la mano derecha del árbitro levantó la del ganador. Aquella noche fue coronado un Rey camagüeyano del rap en Matanzas, y el freestyle volvió a encender emociones por toda la ciudad, en nombre de los que han dedicado tanto esfuerzo por que el género saliera de las calles y se encuentre hoy en el lugar en que está. (Fotos: Asociación Hermanos Saíz Matanzas)
