Sobre las nueve de la noche del martes 13 de mayo de 1924, producto de un accidente, eran atendidos por el doctor Trelles en la Estación Sanitaria los señores: Jesús Rivero, de 33 años de edad y vecino de la calle Independencia (Medio) 47 y Victoriano Bernal de 29, domiciliado en el número 26 de la neopoblana calle de San Francisco; el primero con una herida contusa en la nariz, diagnosticada de gravedad y el segundo con lesiones leves en la región frontal del cráneo.
Esa tarde-noche, cuando ambos transitaban en una máquina de alquiler por el Paseo de Martí, en la barriada de Versalles, un madero lanzado al auto los alcanzó.
Al principio supusieron que lo habían tirado los obreros de la Compañía de Abonos Armour, en huelga desde días antes, ocupando el final del Paseo. Pero, la policía logra determinar que el culpable del lanzamiento era el menor José Rufín, vecino de la cercana calle Navia número 1, que empeñado en una “heroica” cacería de cocuyos, lanzó con fuerzas un madero, que lejos de darle a los luminosos coleópteros, lastimó a Jesús y a Victoriano.
El caso fue trasladado al Juzgado Municipal y es de suponer, que al menos por el susto pasado, el chico dejara de cazar y lanzar “palos” en el Paseo.
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