Pequeñas trampas para que la ciudad te engulla
Han estado ahí desde que tengo memoria. Probablemente estuvieron ahí desde antes, incluso desde que se fundó el barrio siglos atrás, cuando la ciudad se desbordó fuera del San Juan, y estarán ahí después de que yo y la ciudad regresemos al polvo y al fango. En algún punto de la niñez, mis amigos y yo pescábamos clarias allí, con un sedal que era hilo de coser trenzado y un anzuelo fabricado con un alambre torcido.
Más de una historia he escuchado sobre desprevenidos que cayeron en ellos y se les empaparon los zapatos y tuvieron que pedir ayuda. Cuando sucede el rescate, desde el fondo del hueco, contemplan las manos que les tienden para que suba y también la sonrisa burlona y nerviosa que no puede faltar.
Existen varios boquetes casi patrimoniales en la acera de las primeras cuadras de Tirry, lo suficientemente grandes para que quepa una persona. Con ellos queda al descubierto el sistema de desagüe pluvial y las aguas albañales de la zona. Algunos surgieron cuando la tapa del acceso a las alcantarillas se rajaron y cayeron hacia la corriente negra en su fondo, como si fueran el techo de un viejo templo.
En otros casos, solo cedieron las placas que conforman la acera —vieja, muy vieja, y con un recuento muy extenso de la humanidad que se ha apoyado en ella— y dejaron detrás de sí un orificio que a veces crees que es una trampa de la ciudad para engullirte. Sé todo esto, porque cada mañana debo sortearlos para ir al trabajo o hacia el centro de Matanzas.
Aunque siempre han estado ahí ——y estarán, al parecer——, hoy decidí escribir al respecto debido a un relato que me llegó jornadas atrás. Un señor, que vive al doblar de mi casa y que lleva una pequeña cafetería en Tirry, me contó que hace como un mes una camioneta perdió la dirección y terminó con una rueda delantera atascada en uno de los hoyos, lo que lo amplió aún más. Ahora luce como una trinchera, como un pequeño estanque, como una llaga ancha en las espaldas de la urbe.

Al peligro que representan de por sí, se ha sumado una nueva variable en los últimos años: los apagones. Cuando no hay corriente, debes caminar a tientas o pendiente al haz de luz de la linterna del teléfono para que no te traguen. Incluso si en la zona hay fluido eléctrico, el alumbrado público no lo prenden hace tiempo, y entonces debes orientarte en ese mundo de siluetas y contornos vagos que crea la luminiscencia proveniente del interior de los hogares.
Para evitar posibles accidentes en el agujero donde se atascó la camioneta, los vecinos colocaron un palo y amarraron en su punta un pedazo de tela blanco, para que sirva de guía en las tinieblas. Sin embargo, creo que a la vez funciona como advertencia y bandera de paz. La gente rinde sus ejércitos ante una situación que no está entre sus manos resolver.
Además de ser muy transitada, Tirry es una de las principales vías por donde se desfila cada 1ro. de Mayo. Año tras año, en las jornadas anteriores a la fecha, la avenida se engalana. Puedes encontrar pintores encaramados en andamios o con los rodillos enchumba que te enchumba las fachadas de hogares y edificios que la rodean. ¿Por qué en tales momentos de remozamiento no se toman en cuenta los indeseables obstáculos?
Y es que el resto de los meses el sitio queda olvidado, más allá de alguna poda puntual a los árboles que se elevan en los canteros. Esta, por cierto, no sé bajo qué lógica se realiza durante el verano, pues entonces cercenan la poca sombra que sus copas entregan y lo dejan a uno bajo ese sol señorial y cruel nuestro.
A lo mejor, cuando se acerque el día de los trabajadores arreglen los agujeros. Les coloquen una plancha de metal, superpuesta, como han hecho en ocasiones pasadas y que siempre alguien se roba; la indisciplina cívica contribuye a que la ciudad se nos replete de trampas. También puede ocurrir que intenten taparlos con una nueva placa de cemento, pero de tan mala calidad que no resista dos o tres aguaceros o el ronroneo de los automóviles sobre el asfalto.
No puede ser que se espere de mayo a mayo para solucionar el problema de las rajaduras en la acera. El bienestar ciudadano no debería aguardar por fechas significativas. A la vez, se reincide en esa práctica nociva de actuar por efemérides y no por necesidades y apremios.
Mientras tanto, los agujeros de Tirry se llenarán de cucuruchos de maní, cajitas de jugo, cartulinas embarradas de grasa de pizza, cajas de cigarro engurruñadas, que lanzan los transeúntes por poca conciencia y a falta de un cesto de basura en la zona. Mientras tanto, habrá quien se percate de su presencia en último momento y deba superarlos de un brinco, si los reflejos le alcanzan. Mientras tanto, podrás observar a través de ellos todos esos deshechos privados —todo lo que el cuerpo produce y de lo cual nos avergonzamos— que intentamos ocultar. Mientras tanto, ellos están y estarán ahí.
