Varados en un valle

Vecinos varados en el valle

Annia María Figueredo hace casi dos semanas que no recibe agua en pipa desde la caída del puente que conecta al valle con el municipio de Matanzas. Fotos: Del autor.

Serían las 4:00 a.m. cuando la algarabía de los perros obligó a Antonio Tápanes a echar una mirada a la carretera que pasa junto a su casa. La luz de una linterna le envió una señal de que algo inusual sucedía. Mas, nunca imaginó que se trataba del colapso de la vieja alcantarilla.

Al bajar los pocos metros que separan su portal del camino, vio un profundo hoyo y un pescador varado del otro lado intentando traspasar el gran orificio.

Las intensas lluvias de los últimos días derrumbaron un viejo puente y la vía quedó interrumpida. Tal parecía un cráter como el que dejan las bombas.

Su suegro, Lázaro Manuel Soto, miraba el desolador panorama con cara de reproche. Finalmente sucedía lo que tantas veces predijo: “¡El puente se vino abajo! Llevaba años derrumbándose. Como ese están los restantes de esta área del Valle del Yumurí y a ninguno le hacen nada. Lo planteamos en todas las reuniones de vecinos. Una vez vinieron y dijeron que eso aguantaba más peso; y ya ven, se cayó”.

Como aún faltaba mucho para la salida del sol, Antonio cortó unos palos del monte para colocarlos en ambos lados del profundo hueco de la carretera, también una cinta y unas pencas de palmas que sirvieran como barrera y señalización para evitar un accidente mayor.

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Yaismela Alfonso y Mariannis Vega son dos jóvenes madres que cada jornada se levantan temprano y preparan a sus hijos para que asistan a la escuela.

Hasta ese minuto ignoraban que el viejo puente había colapsado. La niña mayor de Yaismela cursa el séptimo grado y estudia intensamente para las pruebas finales. Sus padres se sienten orgullosos, pues ella se apega a los libros para repasar las materias recibidas. Su secundaria queda en la ciudad de Matanzas, a decenas de kilómetros de distancia.

Cada mañana, cerca de su hogar, pasa una guagua que se encarga de trasladar a parte de la población que trabaja en la urbe yumurina, o necesita asistir a un turno médico o realizar cualquier otra diligencia. También son varios los estudiantes que se valen de ese transporte para llegar a sus escuelas.

En el propio lugar está enclavada una escuelita donde se cursa hasta el cuarto grado, pero queda al otro lado del puente. Esa mañana, Mariannis llegó hasta la orilla del derrumbe con su niño. La profundidad impidió trasponer el puente caído y el pequeño no pudo asistir a clases ese día. Día que se convertiría en una semana.                

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En el apacible Valle del Yumurí el malestar de un grupo de habitantes crecía y sus reclamos chocaban contra un muro, similar a los pedregones que descansan en el fondo del espacio colapsado.

Transcurrieron siete días en que los niños no vieron a su maestra y las madres rezaban para que no surgiera un ataque de asma o cualquier otra emergencia que necesitara de un traslado urgente. 

Elio Eduardo Domínguez no se esperanzó demasiado con una pronta solución. En sus más de 60 años ha visto la carretera deteriorarse hasta convertirse en un paso casi intransitable. Por eso, apenas se inmutó con el accidente y decidió hacer sus gestiones en Matanzas, realizando un extenso recorrido por la Vía Blanca que comunica con esa carretera.

Mientras chapea una cerca de piña de ratón, agradece su dicha, al contar con una moto resistente que le lleva a donde necesita.

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A la semana del colapso que dejó varadas a unas 95 personas, apareció la solución. Una comisión inspeccionó el lugar para estudiar los daños. Luego llegó una retroexcavadora que limpió el hueco y colocó una plancha de concreto.

Pero la solución momentánea no ha contado con el visto bueno de los pobladores. Aseguran que la pieza presenta rajaduras y las lluvias seguirán desplazando la tierra, lo que puede provocar otro suceso lamentable.

Es cierto que los habitantes pueden cruzarla caminando; sin embargo, Yaismela se pregunta cómo no se contó con los electores de la zona, que en su mayoría emplean como medio de transporte un carretón de caballo.

La estrechez de la pieza solo permite el paso a personas, motos y bicicletas. Por eso Yendris Díaz García, quien atraviesa el Valle para visitar a su madre en Bacunayagua, se vio obligado a desenganchar las bridas del animal que tira de su carretón. Pasó el caballo con cierto cuidado y luego tuvo que arrastrar el carromato con el eje sobre la plancha.

El joven, que vive en Matanzas, asegura que desde ahora se verá obligado a hacer un recorrido más extenso por lo engorroso de ese ejercicio. Además, las bestias se pueden asustar al ver la profundidad del foso y azorarse.

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Las difíciles circunstancias de las familias afectadas se agudizan cada día. Más del 90 % de esa población recibe el agua potable mediante pipas. Y aunque las lluvias recientes alimentaron los escasos pozos, la turbiedad impide su uso en las labores del hogar.

El tiempo pasa y apenas quedan reservas de agua en los tanques. A Annia María Figueredo le llega semanalmente, pero hace más de diez días que no le suministran ni una gota.

Otro poblador, Ernesto Fernández, decidió ir a la ciudad con porrones plásticos para asegurar al menos el agua de beber y la imprescindible para las labores de la cocina. Tiene un niño pequeño y su esposa está embarazada, por lo que la falta de agua “nos ha complejizado la existencia”, asevera.

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Arisleida Montano se quedó sin saldo en su teléfono de minutos. Como delegada de la circunscripción 59, a la que pertenece la zona perjudicada, mantiene el vínculo constante con las autoridades gubernamentales para mitigar el malestar.

“Pusieron una plancha que no está en las mejores condiciones, por lo que llamé al Gobierno y la vicepresidenta me dijo que me daría respuesta». 

Vecinos varados en el valle de Matanzas

A todo ello se agrega la intermitencia del servicio del ómnibus que antes iba hasta un punto intrincado de Chirino, conocido como la bodega de Figueras. Tras el colapso de la vía, el chofer solo lo hizo hasta el puente caído, pero se rehusó a esperar 15 minutos como pidió la delegada. En algunas ocasiones llegó hasta Mena, a varios kilómetros de allí, y en otras ni siquiera se adentró al Valle. 

No obstante, en el momento en que se publica este reportaje ya se había corregido tal desmán.

“Tengo la total seguridad de que arreglarán el puente, quizá no sea esta semana porque los recursos escasean, pero los habitantes recibirán una satisfacción, con ese fin realizo al día varias llamadas telefónicas al Gobierno”.

La delegada comenta que entre los afectados se encuentran mujeres embarazadas y personas de edad avanzada que necesitan ir al médico, pero quedaron detenidos hasta que se resuelva la compleja situación.

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Al parecer la solución del camino de Chirino kilómetro 4 sí llegará. Osvaldo Valdés Rodríguez, director provincial de Mantenimiento Vial y Construcción en Matanzas, asegura que cuando conoció lo ocurrido, se dirigió al lugar junto a otros compañeros y apreciaron las afectaciones. La plancha, aclara, es una medida momentánea.

Ya localizaron en Jovellanos los cajones de concreto que ubicarán en el sitio, después de fundir la base. “Luego de los cajones, le echaremos relleno para compactar, fundiremos una placa arriba que abarcará el ancho de la carretera”, explica Valdés Rodríguez.

Esas piezas estaban destinadas, según comenta, a otra obra de envergadura próxima al río San Juan, pero “decidimos favorecer primero a los pobladores afectados en Chirino”.

El directivo reconoce el mal estado de las vías y de muchas alcantarillas y puentes de la región, lo cual piensan ir mejorando en la medida de las posibilidades.

Desde la objetividad, Valdés Rodríguez afirma que antes del día 15 del presente mes la solución será definitiva, aunque hasta este 10 de junio no se habían producido cambios significativos en el lugar. 

Nadie ignora la difícil situación que atraviesa el país, pero resulta inadmisible que un grupo de niños se ausentara a clases durante una semana. Además, se debe ser muy riguroso con cada medida que se adopte en circunstancias de este tipo, pues a veces las soluciones provisionales solo consiguen multiplicar el problema. 

Una realidad que no debe empañar la eficaz e ininterrumpida labor de recuperación implementada en las últimas jornadas y dirigida por las máximas autoridades de la provincia. 


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Sobre el autor: Arnaldo Mirabal Hernández

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