Uno debe entrar a la cultura como quien cruza el dintel de su casa. Todo te pertenece. Aquellos muebles de caoba son un legado de los abuelos. Las ventanas se convierten en pequeñas pantallas de cine. El tintineo de la llave del fregadero puede ser una sinfonía en miniatura.
Bajo el concepto de la espiritualidad como lugar seguro, del entretenimiento como refugio ante tiempos violentos, en la sede de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba ( Uneac) de Matanzas se desarrolló la séptima peña La Casa de Todos.
Esta edición estuvo dedicada a los 65 años a Palabras a los Intelectuales, encuentro histórico de Fidel Castro con artistas y pensadores de la Isla. Por ello, y como no puede ser de otra manera, se conversó del papel de la cultura dentro del proceso histórico revolucionario, sus derroteros y ángulos filosos.




Con dicho propósito se invitó a hablar en un primer momento a José Manuel Espino, escritor y presidente de la Uneac en el territorio, y a Manuel Hernández, caricaturista y Premio Nacional de Artes Plásticas. Ambos compartieron sus experiencias como creadores del ámbito institucional y se refirieron a la censura y a las posibilidades de defenderse a través del acto de dar belleza al mundo.
Una participante muy especial resultó Liliam Padrón, Premio Nacional de Danza 2026, quien compartió tiempo con Kenia Carrazana, directora de Novadanza.
Sobre su último lauro, Lilita, como la llaman los amigos, declaró que había sido un premio de pueblo. Incluso, la han parado en la calle y le han dicho, «Asere, apretaste», contó. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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