En el área de salud del policlínico yumurino Carlos Verdugo se celebró este lunes el acto provincial por el Día Mundial de la Hipertensión Arterial (HTA), en el contexto de una enfermedad que en Cuba afecta a más de 3,1 millones de personas y de la consolidación del proyecto HEARTS, iniciativa que nació precisamente en esta unidad asistencial.
El evento se desarrolló en el Centro Provincial de Medicina Deportiva y contó con la participación de los círculos de abuelos del Palmar de Junco, quienes protagonizaron ejercicios físicos y actividades recreativas como parte del mensaje central de la jornada, dedicado a la prevención mediante estilos de vida saludables, incluyendo la alimentación sana y la práctica habitual de ejercicio.
La celebración fue liderada por especialistas del Verdugo, quienes ostentan el mérito de haber sido pioneros en Cuba en la implementación del proyecto HEARTS en 2016, una iniciativa, auspiciada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que se desarrolla actualmente en más de 30 países del continente y constituye hoy una herramienta fundamental del sistema de salud cubano para enfrentar esta enfermedad.
Los especialistas coinciden en que el diagnóstico oportuno y el control de la HTA constituyen los grandes retos. En el país existen 2,2 millones de personas diagnosticadas como hipertensas, pero otras 900 mil no lo están. De los identificados, alrededor de dos millones tienen tratamiento, pero 200 mil carecen de él; y de los que reciben atención, un millón tiene la tensión controlada y otro millón no lo ha logrado.
Ante este panorama, el Ministerio de Salud Pública se ha propuesto cumplir la regla de los «tres ochentas»: diagnosticar al 80 % de la población en riesgo, tratar al 80 % de los diagnosticados y lograr el control de la hipertensión en el 80 % de los tratados.
El policlínico Carlos Verdugo, por su parte, continúa siendo un referente en la implementación de protocolos de tratamiento y en la educación sanitaria de la comunidad, demostrando que el trabajo articulado entre las instituciones y la participación activa de la familia resultan imprescindibles para reducir el impacto de esta «asesina silenciosa”.
