Festival Internacional de Rumba llega a su fin

Clausura Festival Internacional de Rumba. Foto: Izet Morales

Te entra por los pies, se sube hasta la cintura y cuando te das cuenta ya no puedes parar. La música de los tambores se apoderó del cuerpo de los matanceros que asistieron a la clausura del Festival Internacional de Rumba con el paso de una conga, arrollando a lo largo de la calle Milanés hasta la Plaza de la Vigía.

Desde el pasado jueves 23 de abril y hasta el domingo 26, este ritmo afrocubano fue abordado mediante clases magistrales, conferencias, paneles, competencias de baile, presentación de agrupaciones rumberas, entre otros espacios para disfrutar de lo más autóctono de la tradición.

Clausura Festival Internacional de Rumba. Foto: Izet Morales
Fotos: Izet Morales

Hija del solar y de la calle, la rumba no es música africana sino una reconfiguración de esas herencias pasadas a través del tamiz de lo cubano. Los espacios urbanos de La Habana y La Atenas de Cuba la vieron nacer a finales del siglo XIX y principios del XX, pero sus raíces profundas se hunden en el barracón y el tráfico transatlántico de personas esclavizadas.

Con el paso del tiempo se consolidó como una de las expresiones autóctonas de nuestra cultura popular, que en esta provincia tuvo representantes tan sonados como José Rosario Oviedo, más conocido como Malanga, Esteban Lantri (Saldiguera), Hortensio Alfonso (Virulilla), familias enteras como los Mesa o los Calle y agrupaciones de la talla de Los Muñequitos de Matanzas y Afrocuba.

Clausura Festival Internacional de Rumba. Foto: Izet Morales

Más que un género musical, es un lenguaje simbólico, donde la percusión convoca y el cuerpo responde con amagos, propuestas o guiños repletos de picardía. En su análisis musicológico Argeliers León la dividía en tres actos: una parte expositiva y cantada llamada diana, a continuación una segunda donde interviene el coro, y por último el capetillo o montuno, cuando entran los bailadores.

Pero el yambú, el guaguancó y la columbia —sus tres variantes rítmicas— trascienden la melodía y el baile, son una forma de plantar cara a la adversidad y celebrar la vida. Por eso, cuando el tambor repica en lo alto de Simpson, los matanceros responden, recordando que “la rumba es lo más sublime para el alma divertir”. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)


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Sobre el autor: Giselle Bello Muñoz

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