A través de los siglos muchos epitafios o inscripciones sepulcrales han logrado notoriedad por sus lecciones prácticas, ideas filosóficas, simbolismo, lirismo, dosis de humor y hasta por maldiciones, como la que reza en la tumba del genial William Shakespeare: “Bendecido sea el hombre que no moleste estas piedras. Y que la maldición esté en el que mueva estos huesos”.
En la necrópolis local San Carlos Borromeo, localizamos con dosis de humor criollo y escrito en letras doradas sobre el fino y blanco mármol de Carrara, el ubicado en la sepultura de Roberto Andúx, fallecido en 1915: “Nunca digan que fui bueno, sigan siempre sonando el cuero. Otros con más hicieron menos.”

Mientras, en el nicho 192 de la primera galería o catacumba, en homenaje perenne sobre la lápida mortuoria del señor Calixto Cabo, fallecido el 26 de enero de 1938 se lee: “Un Padre Nuestro por mí que reces te pido, hermano, que más tarde o más temprano tú has de venir aquí. Como te ves yo me vi, como me ves te verás; todo para en esto aquí, piénsalo y no pecarás«. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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