Foto: Tomada de la Agencia Cubana de Noticias
Lo cómico en Umbral, último estreno de Teatro Tuyo, es siempre poético. Detrás, en el espacio latente, la guerra llega con sonidos, estruendos y lo visible, la violencia y la muerte.
Papote (Ernesto Parra), el payaso que bebe de todas las tradiciones, y que, desde mi punto de vista, es una síntesis de la genialidad chaplinesca, la de Buster Keaton y la del payaso cubano, viene de ese espacio oscuro, del que huyen, con lo poco que pueden traer a los espacios de paz y esperanza, los que emigran, los desplazados de las territorios bélicos. Eso es Papote, en este espectáculo, tan contemporáneo y tan universal: un desplazado en un mundo de sobrevivencia, que intenta salvar una rosa.
Y esa rosa, el huevo, el ave, la luz, conforman las ansias y frustraciones de un personaje que intenta transformar, con elementos-objetos que representan esa simbiosis y contraste entre significado y significante, la destrucción en belleza.
Y esa rosa, que me lleva por los sustratos culturales a la rosa, de El principito, de Saint Exupéry, es un objeto deseado, sugerente, hermoso, que crea en el espectador el símbolo de la vida. De ella depende la felicidad de Papote y de nosotros y del globo terráqueo.

Umbral es una metáfora de una realidad que nos absorbe.
Papote construye en escena un espacio deshecho que intenta salvar. Su personaje es un payaso-mecánico-médico y, en esa tríada, se produce lo lírico, lo absurdo y lo trágico, y se sedimentan sus búsquedas y resultados como payaso.
En ello se sintetiza también lo que caracteriza los espectáculos de Parra. En este estreno, como en ¡Pum! un unipersonal, la profesionalidad de quien para mí es un paradigma entre nosotros, los de la especialidad, se demuestra de nuevo; un payaso con características específicas, pero siempre diferente, renovado, que enorgullece a un espectador, sea de la edad que sea. Y que, además de hacernos reír, conmueve.
Dramaturgicamente, Ernesto Parra organiza una historia que funciona y se articula a las necesidades y recursos expresivos de la poética de Teatro Tuyo.
Cada objeto, cada gags está en función de estructurar una historia alucinante y absurda, que descansa sobre la acción física, el contraste y la asociación entre la realidad y lo recreado por el cuerpo, las situaciones y sus causas y efectos.
Parra, que se caracteriza por la limpieza en los movimientos y la gestualidad, en conseguir lo inusitado mediante recursos que conoce con maestría, utiliza con equilibrio y control de la energía, dueño de la comunicación entre lo que transcurre en el escenario y en el público, todas sus potencialidades histriónicas.

Repetición, hipérbole, oposición, comparación, estructuran cada cadena de sucesos, que transcurre de manera orgánica ante nosotros, produciendo efectos de sorpresa, con imágenes elaboradas de connotación lírica y apelando siempre a la elaboración de las categorías de lo cómico, con sutileza, referencias, la mayoría de las veces lúdicas, interactivas.
Umbral lo he disfrutado de una manera especial.
Es una mirada distinta de la tragedia, un acto de poesía y esperanza, con Papote como personaje; algo que conecta este espectáculo con otros, como Gris, por ejemplo.
¡Qué hermoso juego con la luz, con el ave, con la flor, con la jaula! ¡Qué síntesis en cada suceso, en la manera de enaltecer la belleza y la libertad! ¡Qué capacidad para provocar y ofrecer en escena la antítesis de vida y muerte, paz y guerra!
Presentada en el marco de la edición 16 del Festitim y, especialmente, el Día Mundial del Teatro de Títeres y la Poesía, Umbral constituye una simbiosis entre el arte del payaso y el teatro de figuras, cuyos recursos y técnicas son utilizadas con sensibilidad e inteligencia, con imágenes inusitadas, provocadoras.
Un niño ayuda a descubrir, junto a Papobo, un latido, una vida que renace en un globo terráqueo, hermoso, lleno de luz y esperanza. Se combina la sencillez y belleza de una rosa, con el esplendor de un universo de paz, para que la especie humana sobreviva.
Umbral conmueve, nos hace reír constantemente, y nos revela que lo cómico y lo poético son una conjunción eficaz e imprescindible, y que la delicadeza estética, el sentido humanístico y la risa son inigualables maneras de reflejar la destrucción, pero especialmente la esperanza, para que vivan las rosas y el planeta donde habitamos.
