El rey acaba de abdicar: radiografía del triunfo. Foto: Izet Morales Rodríguez
Cierra la cortina la Serie Nacional 64 con un nuevo protagonista principal, los Cocodrilos de Matanzas, quienes derrotaron a los Leñadores de Las Tunas en cuatro desafíos, para convertirse en nuevos monarcas del clásico beisbolero nacional.
Por la mente de muy pocos fanáticos o analistas pasaba que los depredadores no hallaran oposición en la tropa del Ɓalcón del oriente cubano, que venía de conseguir dos diademas consecutivas.
Ferrer y sus muchachos dieron muestras de entereza, compenetración y hambre de triunfo, un factor que, sin duda alguna, fue fundamental en la consecución del título.
La batalla final, como consecuencia de las modificaciones en el calendario, se desarrolló en patio ajeno, como dirían los seguidores de ambas novenas.
Un silencio sepulcral invadió las gradas del Victoria de Girón en Matanzas y el Julio Antonio Mella en Las Tunas, lo que no impidió que un reducido número de aficionados se trasladaran al Latinoamericano, epicentro del combate por el centro
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Con el calor humano que profesan los denominados jugadores número 10, arrancaron las hostilidades en el Coloso del Cerro. El primer partido fue una confrontación entre serpentineros de la mano equivocada.
Los zurdos Eliander Bravo y Yoennis Yera fueron las designaciones de los altos mandos para abrir el importante primer encuentro. El natural del municipio Martí, en la occidental provincia, corrió con mejor suerte que su compatriota de funciones.
Yera cumplió con su cometido principal: avanzar el choque hasta la mitad sin muchas complicaciones para que el bullpen hiciera el resto. La estrategia dio frutos y los saurios se apuntaron el éxito con pizarra de ocho por tres.
El segundo encuentro de la gran final, también con victoria matancera, esta vez 7 anotaciones por 3, tuvo dos héroes fundamentales: el bisoño lanzador Sahiel Cruz y el polivalente jugador Esteban Terry.
El Terrycola, como cariñosamente le llaman al muchacho de la tierra del príncipe de las alturas Javier Sotomayor, aprovechó la confianza de la dirección y se agigantó con tres remolques, un doblete y un cuadrangular en tres oportunidades oficiales a la caja de bateo.
Con apenas 19 abriles y dos Series Nacionales a cuestas Sahiel Cruz dio cátedra de picheo sobre el box del estadio Latinoamericano para maniatar una ofensiva tunera que es de las más fuertes del país.
Como se dice coloquialmente el joven se portó guapo y en cinco y un tercio de labor apenas permitió dos anotaciones, regaló tres boletos y ponchó a cuatro rivales para anotarse la sexta sonrisa en su cuenta particular y la segunda de Matanzas en la final.

El tercer partido se salió un poco del libreto que muchos auguraban. Los leñadores blandieron las hachas en cinco ocasiones frente a los lances, primero del abridor Brian Reyes Cedeño y luego de Noervis Entenza, quien vino en su auxilio.
El cuerpo técnico rojo y amarillo envió a Silvio Iturralde al montículo para sofocar la rebelión tunera en espera de una respuesta ofensiva de los depredadores
LLos bates yumurinos salieron del letargo guiados por el cuadrangular del inicialista Ariel Martínez con un compañero en circulación para, poco a poco, acortar distancia.
En el séptimo inning, conocido en el béisbol como el de la suerte, los astros alinearon para que el capitán del equipo Eduardo Blanco disparara vuelacercas por la pradera izquierda e igualara el partido a cinco carreras.
La novena de la Ciudad de los puentes nunca bajó bandera y sus esfuerzos se vieron capitalizados en la baja del inning nueve, cuando Yurisbel Gracial despachó a doña blanca más allá de los límites del terreno, para dejar a los rivales tendidos sobre la grama.
Con la convicción de que la final estaba vista para sentencia, los Cocodrilos arrancaron el cuarto encuentro con un amplio barraje ofensivo de siete indiscutibles consecutivos e igual cantidad de carreras.
El ímpetu de los nuevos monarcas del campeonato del bate y la pelota no se detuvo tras pisar 7 veces la registradora, sino que continuó hasta alcanzar el marcador de clemencia de 11 a 0.
Desde la lomita, el triunfo correspondió al zurdo Yamichel Pérez, quien trabajó por espacio de siete entradas en los que no permitió anotaciones, le conectaron cinco indiscutibles y ponchó a cuatro rivales.
El Talismán, con la calma de quien ha vivido estos menesteres en más de una ocasión, demostró aplomo y valentía para espaciar los indiscutibles de los contrarios y transitar la ruta de manera inmaculada.
Ese último out en el Latino tuvo un sabor distinto no por ser un ponche, sino por ser la culminación de una obra perfecta que bajó el telón con un nuevo monarca y viendo al anterior abdicar.
