La culpa, la maldita culpa, no la tiene nadie

La culpa, la maldita culpa, no la tiene nadie

No son pocas las veces que el arte y el deporte entrecruzan sus caminos para dar respuesta a alguna situación y, en este caso, la canción del dúo Buena Fe, La Culpa, sirve para hacer homología de la etapa que se vive en el cierre de la Serie Nacional.

Cuando se trata de nuestro pasatiempo nacional los debates están a la orden del día y más cuando en el centro de la polémica están dos elencos históricos de la disciplina, como es el caso de los Vegueros de Pinar del Río y los Leopardos de Villa Clara.

Para entender un fenómeno, primero se debe contextualizar la causa que le dio origen y ver las diferentes aristas que atañen y engloban la situación en sí.

La Comisión Nacional de Béisbol, mediante una nota oficial, informó de la reanudación del calendario competitivo de la 64 Serie Nacional, el día 4 de noviembre del pasado año, tras pocos días de que el oriente cubano sufriera el embate del huracán Melissa.

En dicha misiva también se planteaba que los juegos suspendidos o pospuestos se recuperarían al final del campeonato en caso de ser necesario para definir la clasificación o un lugar en el ordenamiento entre los elencos que pasarían al play-off.

Para los conocedores y amantes del deporte del bate y la pelota, en ese momento empezaron a sobrevivir las dificultades, porque no es un secreto que los mal llamados “juegos de recuperación” tienen una carga emotiva distinta para cada equipo.

No se juega igual a la pelota cuando un equipo está pugnando por la clasificación y otro está eliminado de toda posibilidad de poder contender por un puesto en la siguiente fase.

Para no alargar demasiado la historia, cuando se difundió el listado de los juegos reprogramados, tanto Pinar del Río como Villa Clara tenían una buena renta de desafíos por efectuar, en pos de dirimir el octavo pasajero que abordaría el tren de la segunda parte del campeonato.

Pinar del Río complementó sus choques pospuestos y ancló de manera momentánea en la octava plaza de la clasificación, en espera de que Villa Clara hiciera lo mismo.

En el caso de la novena del centro del país los desafíos por recuperar ascendían a más de 20, casi todos con elencos matemáticamente eliminados y que no están en el mismo estado anímico que los naranjas.

Para avivar aún más la polémica los leopardos han derrotado a todos sus rivales de turno y se sitúan a solo tres juegos de lograr el tan ansiado boleto a la postemporada.

Como los choques del Villa Clara son con novenas eliminadas, en redes sociales han emanado los más diversos criterios, que le están regalando los juegos ,que le den la clasificación ya si total, son algunos de los comentarios que se pueden leer cada vez que aparece una publicación referente al tema.

Aparejado a estos criterios va la retahíla de palos a los mentores de los equipos que enfrentan a Villa Clara, porque a ojos de la afición no están jugando al máximo, ni empleando a sus mejores figuras.

Partimos de la base de que cada director de equipo es libre de emplear un determinado jugador o no y, por ende, también puede utilizar la estrategia que considere acertada para lograr un resultado competitivo. Ojo, es acertado, no correcta, en cuanto a béisbol se refiere, en no pocas oportunidades lo correcto no es lo más indicado y ambos criterios empiezan a contraponerse y a poner en tela de juicio las decisiones.

¿Están en las mismas condiciones anímicas y físicas, Villa Clara y sus rivales? ¿Qué mecanismos pueden emplearse para no tener que recuperar tantos partidos al final de la contienda? ¿La actual estructura de la Serie Nacional es la oportuna, para el contexto actual en el que desarrolla el campeonato doméstico?

Una variante para eliminar los juegos suspendidos puede ser tener un pare a mediados de competición que permita recuperar al menos una parte de los desafíos y no llegar al tramo final con elencos con más de 15 choques por efectuar.

Otra alternativa para mitigar este flagelo puede ser otorgar la clasificación directa a los primeros seis conjuntos de la etapa regular y los contendientes, que se ubiquen del séptimo al décimo puesto, se enfrenten en una serie de comodines para ocupar las últimas dos plazas.

La variante de usar juegos de comodines favorece la estrategia del desarrollo del béisbol en el país, con la que se pretende mantener a los peloteros en activo el mayor tiempo posible y a la vez le agrega ese punto picante tan necesario para el espectáculo.

En una Serie Nacional que ha resaltado más por circunstancias ajenas al deporte que por la calidad del torneo, urge buscar variantes porque la culpa, la maldita culpa si la tiene alguien.

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Sobre el autor: George Carlos Roger Suárez

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