Jusvinza, la apuesta de la ciencia

Jusvinza, la apuesta de la ciencia
Científicos del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología se encuentran en territorio yumurino para corroborar los beneficios del medicamento Jusvinza en quienes padecen por un extenso período las secuelas de la arbovirosis.

Desde que el chikungunya comenzó a hacer de las suyas en territorio matancero, comenzaron los tratamientos y los desvelos ante la magnitud de algunas secuelas. Los quejidos de la población afectada trascendieron hogares y se convirtieron en un problema de salud para el cual se requería de oportunas estrategias.

Desde el primer caso comenzaron a elaborarse y reestructurarse protocolos, a medida que se evidenciaban los estragos de una enfermedad que, si bien en Cuba se habían registrado los primeros casos aislados en junio de 2014, y casi siempre relacionados con viajeros, esta vez auguraban manifestarse más masivos.

Como parte de los protocolos de actuación se valoró el empleo de Jusvinza, un fármaco conocido por los cubanos por haberse empleado en otros tiempos de crisis y estar sometido a estudios más prolongados en el tiempo.

Fue así como nacieron, en paralelo, dos ensayos clínicos centrados en pacientes convalecientes de chikungunya: uno orientado a quienes se encuentran en la fase postaguda de la enfermedad, el cual se desarrolla en La Habana; y el segundo, con sede en el Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Faustino Pérez, de Matanzas, destinado a pacientes que atraviesan la fase crónica. Ambos buscan validar la eficacia de Jusvinza en el tratamiento de la poliartritis residual asociada a la arbovirosis.

DEL CHIKUNGUNYA Y SUS DEMONIOS

Según cifras oficiales, ya se registran en el país más de 40 000 casos de chikungunya, enfermedad infecciosa transmitida por mosquitos de los tipos Aedes aegypti y Aedes albopictus. En Matanzas, unas 12 600 personas han manifestado cuadros clínicos asociados al flagelo.

La arbovirosis, descrita por primera vez en Tanzania en 1952, se caracteriza por ser muy sintomática y provocar un dolor intenso en las articulaciones, que puede llegar a ser invalidante y extenderse desde unos días, meses o, incluso, persistir por años.

Los especialistas coinciden en que la fase aguda de la enfermedad se manifiesta en los primeros 21 días de síntomas; mientras que la subaguda se extiende hasta los tres meses. 

Como fase crónica se entiende al período comprendido luego de los 90 días de síntomas, donde pueden persistir las artritis (inflamaciones) y artralgias (dolores), al punto de obstaculizar el desarrollo de rutinas comunes como destapar un pomo de agua o el cepillado del cabello.  

Eso bien lo saben quienes residen a algo más de 70 kilómetros de la cabecera provincial, en el poblado periquense Central España Republicana. Allí comenzaron los estragos de la enfermedad, que trasciende en el mundo por sus secuelas invalidantes.

LA MIRADA CIENTÍFICA

Noel Rodríguez Soria, especialista de primer grado en Reumatología y Medicina General Integral, y quien labora en el Faustino Pérez, explica que el uso de Jusvinza no es nuevo. “Tiene demostrada eficacia en la artritis reumatoide y, por la similitud de la artritis postviral como secuela de chikungunya con la artritis reumatoide, se decidió utilizar el medicamento que, además, tuvo muy buenos resultados en los pacientes con covid-19.

Para corroborar sus beneficios en quienes padecen por un extenso período las secuelas de la arbovirosis, un equipo de científicos del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), desarrollador del medicamento cubano, se encuentra en territorio yumurino.

“El estudio clínico se lleva a cabo en población humana y se caracteriza por tener diferentes fases. Estamos en la dos. Su diseño incluye una comparación entre un grupo experimental con uno de control, al que solo se le da el tratamiento convencional”, explica el máster en ciencias Iván Campa Legrá, monitor de la dirección de investigaciones clínicas del CIBG.

El ensayo con sede en Matanzas tiene previsto incorporar 120 pacientes, 60 en cada grupo. Una de las fortalezas con que cuenta es que el paciente se va con sus medicamentos, pertenezca al grupo de control o al experimental.

Entre los criterios de inclusión se encuentran: que hayan transcurrido los tres meses de la cronicidad (desde que comenzaron a aparecer los síntomas) y que hayan mantenido esa sintomatología de dolores articulares, inflamaciones, fatiga…; que el paciente esté en el rango de edad entre 19 y 80 años; y que no tenga enfermedades descompensadas, como la hipertensión, diabetes mellitus o algunas oncológicas.

“Luego de la selección del paciente, pasaría a la segunda etapa, donde se le brinda toda la información y firmaría, voluntariamente, el consentimiento informado, donde manifiesta su acuerdo de participar en el estudio. Ha habido tanta expectativa con este que la población ha pensado que a todo al se le administra una vacuna es Jusvinza, la opción terapéutica que estamos poniendo a consideración.

“Es importante que se entienda que también existe un grupo de control, que solo usa: esteroides, los antiinflamatorios no esteroideos conocidos como AINES (ibuprofeno, naproxeno…), dipirona y paracetamol, medicamentos que en este tiempo la población ha usado y abusado de ellos y, lamentablemente, no han resuelto sus dolencias”.

El tratamiento, para quienes integren el grupo experimental, consiste en nueve dosis de Jusvinza durante seis semanas, aplicadas de forma ambulatoria u hospitalaria.

“No es una vacuna. Es un péptido liofilizado (proteínas modificadas industrialmente) que se suspende en agua para inyección y se aplica por vía subcutánea en el brazo. También se usa actualmente en un estudio clínico fase tres, en La Habana, para la artritis reumatoide. Ahí estamos viendo hace un tiempo que está funcionando, por lo que consideramos que para esto también debe funcionar”, agrega Campa Legrá.

Los investigadores insisten en que se trata de un estudio aleatorio donde se insertan los datos en un programa que, de modo radom, divide a los pacientes en los dos grupos.

“Siempre verificamos que se cumplan los principios de las buenas prácticas clínicas, que haya una trazabilidad entre los datos del paciente con el CRD (cuaderno de recogida de datos), donde está la información referente al paciente, incluso, si existiesen eventos adversos, y el grupo al cual pertenece. Así podremos tener un resultado más confiable y evaluar cómo evoluciona, si responde o no al tratamiento”, refiere Yudisay Reyes Pelier, monitora principal del estudio.

ENTRE EFECTOS Y OPTIMISMO

Con una extensa sonrisa dibujada en el rostro encuentro a Mariana Pérez-Corcho Barrera, una de las elegidas para el ensayo clínico. Por su lejanía de la zona sede, se optó por la hospitalización para poder chequear bien sus constantes.

“Nos hicieron una entrevista en el Central España, algunos somos de ahí. Nos captaron y este lunes que pasó comenzamos con el tratamiento. Según nos explicaron, la segunda semana tocan dos dosis y después será una semanal.

“El trato ha sido excelente. Hemos tenido mucha atención, pero lo más importante es que hemos visto la evolución —asegura con regocijo—. Nunca sentí miedo de formar parte del ensayo, porque confío en la medicina cubana”.

Desde la cama contigua, Ofelia Malagón Márquez no para de agradecer la oportunidad. “Tenemos fe en que el medicamento tenga la eficacia que esperamos. Recibimos también tratamiento oral con antiinflamatorio, que nos ayuda muchísimo.

“Yo apenas podía caminar y ya soy otra persona. Soy enfermera y siempre participé en todas las pesquisas, no salía de la zona caliente. Ya llamé a mis compañeros de trabajo en el policlínico de Perico y les dije que estoy loca por que me vean, para que noten el cambio”.

Dice Teresa Borrell Hervé que, si bien persisten pequeños problemas de movilidad, se ha recuperado, porque antes apenas se valía por sí sola. “Después de que me pusieron las vacunas, he mejorado cantidad. No me parezco a la mujer que llegó el lunes pasado aquí. Agradecidísima con todo el personal”.

Teresa, al igual que Sonia Gutiérrez Domínguez, insiste en que a este proceso llegó sin coacciones de ningún tipo. “Sí, me brindé voluntariamente. Quiero ponerme bien, mejorar mi calidad de vida, porque aunque tenga 76 años todavía estoy en forma”.

UN VOTO DE CONFIANZA A LA CIENCIA

Los investigadores aún no tienen certezas de si realmente el medicamento funciona con tanta rapidez, pero a solo dos dosis los efectos ya se perciben; para eso se desarrolla el ensayo con toda la seriedad que lleva. No obstante, sí se sienten satisfechos por la positividad con que los pacientes han asumido el estudio y la confianza que le tienen a la ciencia cubana.

Paciente del estudio Jusvinza en Matanzas contra las secuelas del chikungunya
Paciente del estudio

A escasos metros de las camas de los convalecientes que forman parte del ensayo de Jusvinza, se encuentra la mesa donde se revisan estadísticas, se procesan datos y se labora sin descanso. Allí permanecen extensas jornadas los hombres y mujeres de ciencia. Algunos tienen sus hogares a kilómetros de distancia. Pueden demorar seis semanas, o 12, o más. Aún no lo saben, pero están ahí, poniendo su mayor empeño en ayudar a sanar.

El investigador Campa Legrá solo repite una y otra vez a la población que nadie se puede sentir desilusionado si fuese escogido para formar parte del grupo de control del estudio, porque resulta tan importante como quienes se inoculan Jusvinza.

“No hacemos nada con aplicar el péptido y observar la evolución favorable del paciente sin, entonces, poder comparar, tener una referencia y detectar las diferencias entre usar o no el tratamiento. El resultado clínico que esperamos de un estudio es demostrar con certeza, que tenga una validez externa. La intención es extender rápidamente su uso a toda la población cubana si se prueba su eficacia”, asegura.

Aún son varias las plazas que quedan disponibles para formar parte del ensayo para pacientes convalecientes de chikungunya, en su fase crónica. De la velocidad con que se complete la muestra, también dependerá que sea más o menos dilatada la obtención de respuestas que, de resultar las esperadas, ayudarían a calmar dolores y otras molestias en aquellos con los que se ha ensañado la arbovirosis. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)


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