Dra. Rudbeckia Álvarez Núñez, en el eterno recuerdo

La Dra. Rudbedkia Álvarez Núñez fue fundadora del Grupo de Ortopedia y Traumatología en Matanzas y de su Cátedra en 1965.

La siempre recordada doctora Rudbeckia Dulce Amada Álvarez Núñez dejó un sello de reconocida profesionalidad en quienes recibieron de ella ese don natural que la identificó y distinguió: el bien entregado a sus pacientes mediante el llamado arte de prevenir y corregir las deformaciones del cuerpo de los niños, como también se le llama a la Ortopedia. 

Reconocida como la primera mujer que ejerció esta especialidad en Cuba y, a la vez, obtuvo la exclusividad de ser precursora de las graduadas como especialista de Primer Grado en Ortopedia y Traumatología, en 1974, nació en la ciudad de Santa Clara (23-11-1939); pero se consideraba una matancera auténtica, porque su hacer de la carrera transcurrió en esta ciudad, al dedicar a los hijos de esta tierra 55 años de abnegada labor.

Fundadora del Grupo de Ortopedia y Traumatología en Matanzas y de su Cátedra en 1965, su extensa incursión por esta provincia se debió a una decisión del Dr. Julio Martínez Páez —de quien Rudbeckia fuera una de sus alumnas, junto a los no menos afamados galenos Roberto Porto Fernández y Rodrigo Álvarez Cambra; este último recientemente fallecido y director fundador del Complejo Ortopédico Científico Internacional Frank País, de la capital cubana—. 

“Mi madre siempre reconoció con orgullo ser una de las discípulas de Martínez Páez, natural del pueblo de Bolondrón, en esta provincia, y paradigma de médico, por lo que fuera llamado con razón el Padre de la Ortopedia en Cuba”. Así manifestó el Dr. Roberto Fidel Porto Álvarez, hijo gemelo (ambos varones) de la citada médica, quien siguió los pasos de la madre en cuanto a la especialidad. Con él dialogué varias horas en la sala de mi hogar, en una de las recientes tardes invernales. 

La Dra. Rudbeckia junto a sus cuatro hijos. De izquierda a derecha, Roberto Fidel, Godetia Madia, Roberto Alejandro (el otro gemelo) y Rudbeckia Bibiana.

“No solo la recuerdan con agradecimiento sus pacientes infantiles y familiares, pues fue la pediatría la preferencia de mi madre, sino sus colegas, en particular aquellos en quienes dejó la impronta como profesional y profesora; pues impartió clases a alrededor de 115 ortopedistas, entre quienes figuraron Rolando Reguera Rodríguez, Armando Padrón y Lorenzo Acosta, entre otros, así como a miles de estudiantes de Medicina por más de cinco décadas dedicadas a la humana labor”.

Brillo y humedad en sus ojos muestran el trance doloroso por el que atraviesa Roberto Alejandro, al hablar de quien amó en vida e idolatra cuando ya no está a su lado: la madre. Calla unos minutos, suspira. Silencio total. Lo frío del viento contrae y, a la vez, calma y ahonda en el pensamiento.

El hilo del diálogo conduce a continuación hacia lo personal. Se refiere a la actitud de ella ante el desempeño personal y profesional. “Era de carácter fuerte e intransigente, pero también amorosa. Como se dice en el argot popular, se respetaba sola. Aprendimos de ella a ser buenos estudiantes, tener ética y tratar a todos por igual.

“Narraba que durante sus estudios iniciales en una escuela de monjas, en Santa Clara, en la primera de varias ocasiones en las que resultó mejor alumna le otorgaron como premio barrer y limpiar el aula, pues a decir de las religiosas el trabajo no era un castigo, sino un estímulo. Esto, por principio, decía mi madre, siempre enaltece al cumplidor, debido al bien que representa.

“Jamás la vi molestarse por su trabajo. Y cuando, en los estudios de la carrera o al graduarse, sus colegas protestaban por las guardias nocturnas y diurnas, les contaba sobre este segmento de su vida que la marcó para siempre. Cuanto hagan este día deben recibirlo como una recompensa, no un castigo, decía a sus compañeros”.

Otra constante en el decir y hacer de la Dra. Rudbeckia era el mirar a todos los pacientes con los mismos ojos, sin diferencia alguna de responsabilidad social, procedencia, color de la piel, solvencia económica o creencia religiosa. “Hay que atenderlos por igual, con profesionalidad, porque lo merecen”.

Contó Roberto Alejandro, entonces, que al separarse sus padres, aún ellos pequeños, su enseñanza estuvo a cargo de la progenitora y la abuela materna, Manuela Núñez Arias, así como del abuelo José Álvarez Conde. Este último, de profesión naturalista, devino biógrafo del reconocido científico cubano Carlos de la Torre y Huerta, famoso malacólogo, rama de la Zoología que estudia los moluscos.

Llegado ese momento, muestra diversas fotos en las que aparecen la Dra. Rudbeckia con otras reconocidas eminencias de la propia ocupación en Cuba, incluidos Álvarez Cambra, Oscar Fernández del Valle, Rolando Reguera, el padre del entrevistado, Roberto Porto Fernández (ortopedista), y muchos otros que marcaron y marcan una pauta en la especialidad en Cuba y allende los mares. Ellos constituyen parte importante en la fragua de médicos en otras naciones, precisamente las de menos alcance en desarrollo social y económico, al pertenecer al llamado Tercer Mundo.

Llama la atención que entre las imágenes mostradas aparece la Dra. Álvarez Núñez en la parte superior de uno de los salones del referido Completo Ortopédico Internacional Frank País, como digno y perpetuo homenaje a quien, desde que comenzara sus estudios en La Habana hasta que falleciera en la capital yumurina el 27 de agosto del 2022, siempre estuvo junto a los niños matanceros, a los que dedicó conocimientos y experiencias.

El Complejo Ortopédico Científico Internacional Frank País, de La Habana, se honra con su nombre en uno de sus salones.

“A mis hermanos, las doctoras Godetia Madia, pediatra y especialista en Medicina General Integral (MGI), Rudbeckia Bibiana, intensivista y MGI, y mi gemelo, el recuerdo de nuestra madre nos acompaña en toda acción cotidiana, con el sello materno del buen hacer, con rigor y amor profesional. Es como un cuño injertado muy adentro, en nuestras fibras más humanas y sensibles”.

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