Centro de Neurodesarrollo: Dos décadas de ciencia y amor

Este 18 de septiembre el Centro de Neurodesarrollo de Cárdenas arriba a 20 años de fundado. Para el doctor Jorge Rodríguez Fernández y el equipo de especialistas que labora allí no hay mayor satisfacción que ver a muchos de los niños atendidos con afectaciones del Neurodesarrollo convertidos en adolescentes y jóvenes insertados en la sociedad.  Fotos: De la Autora

A la entrada del Centro de Neurodesarrollo Rosa Luxemburgo, de la ciudad de Cárdenas, siempre hay rostros diferentes. Madres y padres asisten con frecuencia para la rehabilitación de sus pequeños, otros vuelven para realizar una prueba o escuchar la valoración del especialista. También muchos llegan por primera vez en busca de un diagnóstico. En medio del salón, la presencia de Jorgitico no varía. 

Jorge Rodríguez Gou (Jorgitico)

Este muchacho de baja estatura hace de ese amplio espacio un lugar tan importante como la consulta médica. Desde el departamento de archivo lleva el control de las historias clínicas y busca cada documento a solicitud de los profesionales de la salud. Cuando escasea algún recurso enseguida se dispone a su gestión. Poco a poco ha visto crecer ese local, que guarda el progreso de tantas personas atendidas en la institución.

Durante un recorrido por el área de espera pronuncia de forma apresurada cualquier pregunta o indicación con tal de ayudar a los que lo rodean. Tampoco falta el regaño si es preciso, mientras vela por el cuidado del centro. Se siente útil y sin proponérselo queda grabado en el recuerdo de quienes transitan cerca.

Al final de cada jornada el doctor Jorge Rodríguez Fernández regresa junto a Jorge Rodríguez Gou (Jorgitico) a casa. A 20 años de creado el centro, el pediatra disfruta la conversación con su hijo, el verdadero motor impulsor de este proyecto. Cuando nació con un trastorno del Neurodesarrollo batalló por su rehabilitación y soñó con verlo insertado en la sociedad. 

De ese deseo por mejorar la calidad de vida de los menores con afectaciones neurológicas, surge este centro científico que hoy ve sus frutos. Son muchas las historias de adolescentes y jóvenes rehabilitados desde pequeños que alcanzan una competencia social adecuada.

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Karla Paola Delgado Bermeja

Desde el restaurante del Cabaret Las Palmas sale un aroma exquisito. Karla Paola Delgado Bermeja prepara los alimentos, mientras el chef cocina en la plancha. Hace dos años trabaja como auxiliar en esa área y conoce al detalle sus funciones. Cualquier elogio del cliente cuando degusta los platos elaborados, ella lo siente suyo porque se trata de un trabajo en equipo.

Su padrastro Santiago Carreto Chávez la ha visto superar limitaciones asociadas a su condición genética gracias al apoyo de los especialistas. Su fuerza de voluntad y el acompañamiento de la familia le permiten vencer barreras en la sociedad, al punto de no conformarse con finalizar la Enseñanza Especial. Matriculó en la Escuela de Oficios, luego comenzó una vida laboral. Siempre la meta ha sido superarse.

“Desde niña asistió a las consultas necesarias en Neurodesarrollo, avanzó mucho. Esa rehabilitación fue determinante porque desarrolló habilidades que le permiten cumplir con las normas de cualquier trabajador de la entidad. Al principio trataba de acercarme un poco preocupado, pero se adaptó rápido y me dio una lección. Entendí enseguida que podía ser independiente”, cuenta Santiago. 

“Limpio el arroz, pelo o corto los alimentos y los alcanzo a mi compañero, friego”, dice Karla, quien asegura que le gusta su oficio y que cuentan con ella además en cada matutino, en las labores de limpieza y otras actividades planificadas.

La joven de 18 años tiene muy bien administrado el tiempo libre. En casa cuida a su hermano menor y ayuda en las tareas hogareñas. También encuentra un horario para practicar judo porque una cinta amarilla alcanzada no es suficiente, quiere seguir creciendo en ese deporte.

Volver al trabajo es su momento preferido. El beso de mamá queda grabado en la mejilla como presagio de buena suerte. Durante la jornada recibe todo el cariño que da, lo nota cuando sus manos están ocupadas y cualquiera de sus compañeros de trabajo acomoda su gorro y el delantal con ternura. 

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Adaisis Ruiz García mece a su bebé en el sillón. Karol es muy inquieta, por eso le canta un buen rato para que alcance el sueño. Esta experiencia de la maternidad la ha hecho cambiar en muchos sentidos, ahora ve a su hija como su razón de ser.

Cada cierto tiempo vuelve a Neurodesarrollo. Años atrás su mamá la traía en los brazos con la esperanza de que se recuperara de una parálisis cerebral y ahora es ella quien viene junto a su niña. Allí guardan su foto dedicada al colectivo, en la cual aparece vestida con un kimono azul y una medalla.

“Al llegar me detectaron afectaciones en el lado izquierdo del cuerpo. Después de ejercicios y masajes de forma sistemática hoy puedo caminar y hacer lo que me proponga sin ningún problema. Fue una etapa de sacrificios porque mi mamá debía salir de casa muy temprano y recorrer una larga distancia, a veces mi papá la acompañaba. 

“Tras tanto esfuerzo, salí adelante. Me adentré en el mundo del deporte, llegué a ser dos veces Campeona Provincial de Judo y Subcampeona Nacional en la categoría 11 y 12 años en la división de 46 Kg”. 

Aunque sigue practicando el arte marcial para mantenerse en forma, Adaisis toma un receso en la vida deportiva para cuidar de su pequeña. Sus metas son otras, reconoce que Karol crece muy rápido y por el momento se conforma con ser parte de su progreso sin perder ningún detalle y verla triunfar en un futuro.

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José Luis Acevedo Alfonso

José Luis Acevedo Alfonso ama la música. Desde pequeño volvía locos a sus padres para que lo llevaran a escuchar la Banda Municipal durante los ensayos. Solo después de la rehabilitación integral que recibía le concedían ese deseo. Llegaba al punto de acercarse a los músicos y tratar de tocar el trombón.

Yuria Alfonso Peña notaba su evolución con el paso del tiempo desde que empezó a atenderlo en el centro con apenas 45 días de nacido. Ella sufrió una preeclampsia durante el embarazo, un factor de riesgo que provocó una afectación cerebral en la criatura. 

“Tenía una cuadriparesia espástica que supone rigidez severa en brazos y piernas. Al principio eran dos sesiones de rehabilitación física, en horario intermedio lo atendían en las diferentes consultas. Con la guía de la doctora Rosa María Somoano y la destreza del rehabilitador Daniel Mandina fue avanzando. Teníamos la esperanza de que caminara hasta que lo hizo con tres años de edad”. 

Su incorporación a la enseñanza primaria marcó un nuevo camino. La familia reconoce que no todo ha sido color de rosa durante ese proceso, pues chocaron con ciertas incomprensiones, pero han sido más las personas dispuestas a ayudar. José Luis cursó sus primeros estudios en la escuela Vilo Acuña con buenos resultados. Ahora enfrenta otra etapa en la Secundaria Básica José Martí. 

“Voy todos los días a la escuela. Mi asignatura preferida es la Informática, hace poco hice las pruebas y salí bien. Los maestros me ayudan si lo necesito y comparto siempre con mis compañeros de aula. 

“Me sigue gustando la música. Mi reproductor es muy variado, escucho desde instrumentales hasta los clásicos de Michael Jackson o los éxitos de Daddy Yankee”, comenta el muchacho de 13 años. 

José Luis es el alma de la casa. Sus padres y abuelos lo acompañan en cada desafío. Yuria sonríe mientras cuenta que puede olvidar cualquier asunto en el calendario, pero cuando se trata de su hijo no hay detalle que pierda de vista. De todas formas, ahí está él para recordarle cualquier descuido.  

La clave en este camino ha sido la constancia. En un álbum de fotos conservan algunos de los momentos más importantes de su vida. Algunas de las fotos revelan la presencia de especialistas de Neurodesarrollo compartiendo sus éxitos.

José Luis Acevedo Alfonso

Los especialistas del centro se mantienen pendientes del desarrollo en la escuela mediante una consulta de seguimiento. “Ahora mismo la prioridad son los estudios, pero quisiera que se realizara en la música con la ayuda de algún instructor de arte”. 

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Mediante un programa de atención temprana, el Centro de Neurodesarrollo ofrece evaluación, diagnóstico y rehabilitación de todas las esferas del desarrollo: motora, integración sensorial, comunicación y lenguaje, técnicas de alimentación e integración social. Para ello cuenta con un equipo interdisciplinario y la participación activa de la familia y la comunidad. 

Para el doctor Jorge Rodríguez Fernández, director de la institución, resulta difícil resumir los resultados de dos décadas de labor. Según afirma estos muchachos con afectaciones severas se “han hecho a mano”, gracias a la ciencia y al amor con que se trabaja.  

“La superación del personal ha sido decisiva. Al principio teníamos dos técnicos muy preparados, pero formados en el fragor de la batalla. Hoy existe un grupo de técnicos jóvenes que estudiaron en la universidad y se han formado aquí con los especialistas, mediante diplomados. Por lo tanto los resultados son mejores.

“En este momento, de los 44 profesionales hay 14 máster en especialidades afines, una doctora en ciencias, tres doctorantes y cinco en formación. Llevamos adelante un proyecto sombrilla aprobado por el Citma. En este caso son seis investigaciones que responden a la inclusión social de los niños y niñas con afectaciones, no solo motora sino cognitiva”.

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Sobre el autor: Anet Martínez Suárez

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