Junco: “Un batazo a la eternidad”

Junco: “Un batazo a la eternidad”

Fotos: Maxdiel Fernández

El estadio Victoria de Girón amaneció este martes convertido en punto de encuentro para familiares, amigos, excompañeros y aficionados que acudieron a despedir a Lázaro Junco, una de las figuras más trascendentes en la historia del béisbol matancero y cubano.

Sobre el terreno que tantas veces recorrió, las muestras de respeto reflejaron la dimensión de un pelotero que marcó época en las Series Nacionales. Junco construyó una trayectoria excepcional con los equipos Citricultores, Henequeneros, Occidentales y Matanzas, hasta convertirse en el primer bateador en alcanzar los 400 jonrones en el principal torneo beisbolero del país.

Durante la ceremonia, las anécdotas ocuparon un lugar especial. Compañeros de distintas generaciones evocaron su capacidad para decidir partidos, su entrega a la preparación diaria y su cercanía con los aficionados. Más allá de las estadísticas, resaltaron a un hombre identificado con su provincia y comprometido con el desarrollo del deporte nacional.

La gloria del béisbol cubano Fernando Sánchez comentó que en la jornada despiden a un gran hermano y un gran hombre que dejó una marca imborrable dentro del pasatiempo nacional.

“Siempre fue una persona callada, pero a la hora del mitin previo a los juegos de conjunto con nuestro director Gerardo Sile Junco, aconsejaba a los peloteros más jóvenes para que salieran a dar lo mejor al terreno”.

“Nuestra relación fue más que de compañeros de equipo; con el paso de los años logramos forjar una hermandad. A la hora de la defensa, él jugaba en el jardín derecho y yo en el izquierdo y al bate siempre íbamos uno a continuación del otro”.

“Tuvimos la suerte de compartir equipo con otros extraclases del béisbol cubano como José Estrada, Eduardo Cárdenas, Juan Manrique en un colectivo muy unido que marcó la historia de la pelota en Matanzas”.

El también entrenador de la categoría 9-10 años de la instalación del beisbolito en la cabecera provincial, señaló como una insatisfacción de los últimos tiempos no haber podido conseguir que sus pupilos pudieran conocer a Lázaro Junco en persona.

El lanzador del elenco Henequeneros, Bárbaro Rogelio Amores Noriega, refirió haber tenido la dicha de compartir selecciones en disímiles competencias como el torneo de Clubes Campeones, las Series Provinciales y equipos Cuba con Papá Jonrón.

“Mas allá de la grama del estadio fue un hombre alegre, que compartía con todo el mundo y siempre estaba dispuesto a un intercambio con cualquier persona deseosa de conocer del deporte”.

La carrera deportiva de Lázaro Junco dejó registros que lo mantienen entre los grandes referentes ofensivos de Cuba. Sus 405 cuadrangulares y 10 lideratos de jonrones lo colocan entre los nombres imprescindibles cuando se repasa la historia del béisbol. Sin embargo, su legado trasciende los números y encuentra valor en el respeto ganado dentro y fuera de los terrenos.

Tras su retiro, continuó vinculado a la formación de nuevas generaciones de peloteros, compartiendo experiencias y conocimientos acumulados durante casi dos décadas de trayectoria. Esa labor fortaleció su relación con una afición que nunca dejó de reconocerlo como una de las principales glorias deportivas de Matanzas.

La despedida en el Victoria de Girón cerró un capítulo en la vida de un hombre que dejó una huella profunda en el deporte cubano. Lázaro Junco ya forma parte de la memoria histórica del béisbol nacional, donde permanecerá como uno de los más notables exponentes del poder ofensivo y un símbolo del orgullo deportivo matancero. (Por George Carlos Roger Suárez y Maxdiel Fernández)

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Periódico Girón

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