El 18 de mayo, José Martí (1853) estuvo de una manera hermosa y auténtica en el espacio Luz, de la Casa de la Memoria Escénica. Su presencia se manifestó de dos formas: en un panel que reunió voces diversas para hablar o leer textos sobre el poema dramático Abdala, escrito por José Martí a sus 15 años, y con la presencia del proyecto Cuentos de una casita, liderado por el investigador Reinaldo Perera de Armas y la actriz y narradora oral Dayana Deulafeu.
Este proyecto constituye un viaje por la vida y obra de nuestro Héroe Nacional a través de imágenes de la casita —en realidad, la planta superior de esta— de José Martí, en la calle Paula.
Ambos momentos, realizados en el Patio Vagos Rumores, de la Casa de la Memoria Escénica, reunieron a un público también diverso, pero con una relación muy particular con el poeta, el político, el periodista y el patriota, desde una visión humanista.
Fue el Martí de todos, y así lo revelaron un joven poeta y periodista como Pablo G. Lleonart, el poeta e informático Abel González Fagundo, el investigador y profesor Luis Ernesto Martínez González, el historiador Reinaldo Perera, la narradora y actriz Dayana Deulafeu y el actor y director teatral Rubén Darío Salazar.
Fue interesante escuchar sus visiones de Abdala: personales, especializadas, humanistas, con un sentido muy particular de los conceptos de patria, amor, odio y perdón. No fue una reflexión esterilizada sobre Martí, sino una reflexión sobre la necesidad de tener a Martí —auténtico— en los cimientos de la nación. La selección de los ponentes, todos de edades diferentes, contribuyó a que la lectura del poema dramático fuera dinamitada desde un agudo análisis de sus significados estéticos y éticos.
Cuentos de una casita ha viajado a innumerables lugares de la Isla —más de mil—, afirmó Reinaldo Perera, su director. Es una combinación de especialidades: museología, títeres, narración oral, pedagogía y creación artística. Quienes no han visitado la casita de Martí, con este viaje llegan a ella, a sus objetos museables y, mediante ellos, a lo que los une a Martí y a Cuba: el niño, el joven, el héroe.
El proyecto funde al niño en una vida consecuente desde sus primeras ideas hasta su muerte. Una conexión entre palabra y acción, como apuntó Dayana Deulafeu. El que escribe Abdala, el que preside políticamente en Cuba y el que muere “de cara al sol”, el que fundó el Partido Revolucionario Cubano: es el mismo. Auténtico y consecuente.
Con personajes y objetos, Cuentos de una casita nos lleva al Martí desconocido. Los mismos testimonios de sus hacedores lo revelan, para entregarnos, al hombre que dejó un legado humanista trascendente y necesario. Hermoso es que la niña Emma Perera de Deulafeu, hija de ambos, sea parte de un proyecto que es familiar, patriótico y medularmente martiano.
Desde la Casa de la Memoria Escénica, que es archivo, biblioteca y museo, se celebró —de forma humilde, como el mismo Martí— el Día de los Museos, y se recordó una caída en combate que cambió de muchas maneras la historia de la nación.
