El síndrome del portaviones

El síndrome del portaviones

No hay nada más patético en geopolítica que ver un barco de guerra que salió huyendo de un conflicto presumir de su fuerza. Y, sin embargo, allí está Donald Trump, desde un trono improvisado en Palm Beach, amenazando con estacionar el portaviones USS Abraham Lincoln “a 100 yardas” de las costas cubanas. «Entonces, ellos dirán: muchas gracias, nos rendimos”, aseguró el orate en un acto en Florida, tras una salva de aplausos y risas de sus compinches de MAGA.

Si no fuera porque sus provocaciones ya han costado miles de vidas en Irán, la escena recordaría a un niño malcriado de cinco años agitando su juguete favorito en el patio del círculo infantil para impresionar a los más pequeños.

Lo curioso es que la amenaza revela una esquizofrenia militar digna de estudio. Por un lado, Trump despliega una puesta en escena de “escalada militar sin precedentes”, como bien calificó el canciller cubano Bruno Rodríguez. Por otro, exhibe una soberana ignorancia de la geografía y de la doctrina naval más elemental.

La base naval de Guantánamo está a cero yardas del territorio cubano desde hace más de 100 años, en una ocupación ilegal que ningún portaviones va a reforzar. Un portaviones es una pieza móvil y cara; una base terrestre, en cambio, es un símbolo permanente de la injerencia yanqui en un país al que, paradójicamente, Trump dice “querer liberar”.

Pero aún más absurdas resultan sus declaraciones si se atiende a lo que estaba haciendo el propio Abraham Lincoln apenas dos meses atrás. Durante la guerra contra Irán, la joya de la flota estadounidense tuvo que retirarse a cientos de kilómetros de las costas persas tras recibir cuatro misiles de crucero disparados por la Guardia Revolucionaria. Las fuerzas de Teherán afirmaron que los proyectiles impactaron directamente y obligaron a la nave a buscar aguas más seguras. El Pentágono lo negó, pero los hechos hablan, y el Lincoln escapó a más de 700 kilómetros de distancia, según imágenes satelitales verificadas por la BBC.

De ser cierto que cuatro misiles de fabricación local pueden ahuyentar al barco más caro de la historia, cabe preguntarse si Irán consigue eso con proyectiles de baja tecnología, ¿qué espera Trump de las baterías cubanas?, ¿silencio?

Ahí radica la verdadera ridiculez del discurso trumpista. El propio escenario que plantea —un portaviones avanzando hacia la costa— esconde un error táctico que muchos analistas comparten en sus artículos. A 100 yardas (91 metros) de la playa, el buque sería un blanco imposible de fallar para cualquier batería costera. Más ridículo aún es el acto de fe que supone ignorar que Cuba lleva más de un siglo con un portaviones virtual atracado en nuestro territorio, la Base Naval de Guantánamo, donde EE. UU. ha acumulado décadas de inteligencia, munición y poder de fuego sin conseguir jamás doblegar nuestra voluntad independentista.

En el trasfondo de esta bravuconada yace, sin embargo, una realidad más oscura y pragmática. Con una popularidad hundida en torno al 36 %, una economía que no remonta y una guerra en Irán que se alarga sin ofrecer un éxito claro, Trump necesita desesperadamente una victoria política para las elecciones de medio término de noviembre. La comunidad cubanoamericana de Florida, uno de sus bastiones más fieles, pero también más exigentes, ha elevado la presión para exigir un cambio de régimen “ya” en la Isla.

Grupos de activistas han presentado, incluso, un documento llamado “Acuerdo de Libertad” para establecer las bases de una transición, y la senadora republicana Ileana García ha llegado a advertir que la futura biblioteca presidencial de Trump en Miami sería un “monstruo” si no cumple con las promesas anticastristas.

Ante ese fuego amigo, el presidente ha optado por el lenguaje de la fuerza, que incluye sanciones petroleras, amenazas de guerra y ahora un ridículo episodio con el Lincoln. También ha contado con una ayuda inestimable de parte de sus acólitos, ya que el 28 de abril último, el Senado, con mayoría republicana, bloqueó una iniciativa demócrata que pretendía limitar los poderes de guerra del presidente contra Cuba. Con el voto en contra de 51 senadores, Trump conserva la libertad de ordenar acciones militares unilaterales contra la Isla, sin necesidad de pasar por el Congreso. La jugada trata de disfrazar de “seguridad nacional” lo que no es más que electoralismo de baja estofa.

Además, la incongruencia va de la mano de sus declaraciones. El presidente estadounidense ha armado gritería global porque, según él, debía ganar el Premio Nobel de la Paz, incluso lo recibió “simbólicamente” de la venezolana, Maria Corina Manchado —en otra escena bastante surrealista—, y no obstante, en sus mandatos ha atacado más de ocho países: Irak, Nigeria, Somalia, Siria, Venezuela, Yemen, Afganistán e Irán, sin olvidar los bombardeos que ha realizado sobre supuestas lanchas de narcotraficantes en el mar Caribe y el apoyo que ha otorgado a los sionistas de Israel y a los pronazis de Ucrania. ¿Hasta dónde puede llegar el sinsentido?

Desde el punto de vista del derecho internacional, cualquier eventual ataque a Cuba sin mandato de la ONU y sin autorización expresa del Congreso constituiría una flagrante violación de la Carta de Naciones Unidas, un acto de agresión tipificado en el Estatuto de Roma y, por si fuera poco, una ilegalidad a la luz del Derecho interno estadounidense. Pero estos detalles legales parecen importar poco en una Casa Blanca que ha convertido las guerras en una sucursal del negocio inmobiliario.

Afortunadamente, a 90 millas de Florida, la respuesta no se ha hecho esperar. El presidente Miguel Díaz-Canel calificó las amenazas como un “acto criminal” para satisfacer a “un grupo pequeño pero adinerado e influyente, con ansias de revancha y dominación”. Y sentenció que “ningún agresor encontrará rendición en Cuba”.

Así, entre el síndrome del portaviones humillado y la voluntad de un pueblo curtido en adversidades, la tragicomedia de Trump se convierte en una nueva lección de historia. La guerra cognitiva y la propaganda trumpista pretenden vender la imagen del imperio invencible, pero la realidad es mucho más modesta, ya que detrás de un barco acojonado por cuatro misiles iraníes no se puede imponer respeto a las puertas de La Habana.

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Sobre el autor: Gabriel Torres Rodríguez

2 Comments

  1. Esta idea ridícula del portaviones se ha prestado para todo. Las redes se han inundado de videos, memes, fotos recreadas con IA, comentarios, que van desde la ironía hasta el humorismo, el choteo criollo en delirante exposición.
    les dejo una muestra: «Imagínense un portaviones a 90 m de la costa. Situación uno: La gente que quiere irse lo va a abordar, para estar en «territorio seco USA», situación dos: todo el que esté buscando combustible, gasolina o glp para cocinar, sea para vender o uso propio, va a hacer su negocio vaciando desde los tanques de los avioncitos hasta las cisternas de reserva, no importa que sea de alto octanaje, aquí la mezclamos con bisulfuro, bycocid u otra cosa, con eso trabajan desde los ladas hasta los almendrones Situación tres: Saqueo de las despesas del Lincoln, si los marines con los prismáticos ve la gente con algo blanco en la mano, no concluyan que son banderas de rendición, son jabitas plásticas para cargar con todo, desde la carne, el jamón y el queso de las macdonalds hasta el aceite de lubricación. todo sirve, si no es para comer, se vende. Situación cuatro: Si ese portaviones genera electricidad, para allá va Lazarito y el periodista del apagón a conectarlo con la UNE, lo cablean a tierra y le sacan algunos MW. Situación cinco: Ya en la Cuevita están anunciando próximas ventas, de un portaviones, entero, o en partes y piezas, los chapistas y soldadores haciendo cola para las planchas y tornillería, y el resto, a venderlo como chatarra en materia prima»
    Y, lo último que vi en FACEBOOK, una foto arribando el portaviones y cuatro lanchitas, cada una con un «emprendedor» voceando, > Compro oro, cualquier pedacito de oro!!> El pastelito de guayaba, dale que me voy!!, > El bocadito de helado!!, > El paaaan!!

  2. Excelente este analisis, ah, y es evidente que los que cuestionan la huida del portaviones yankee, tras ser alcanzado por misiles iranies, estan a favor de una intervencion yankee en nuestra patria, muchos viven en miami, facturando dolares con el odio y la mentira contra cuba

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