Los héroes anónimos que salvan vidas

Manos que salvan vidas: héroes anónimos

La vida jugándole una mala pasada la llevó otra vez, entre aquellas paredes y losas verdes, donde el existir se pone a merced de bisturíes, respiradores y anestésicos.

Los salones de operaciones huelen a pulcritud, sutilmente a legía o desinfectante. Eso bien lo sabe la enfermera que, por más de 20 años, fue auxiliar de anestesia en el hospital provincial Faustino Pérez, y que ahora los químicos la han llevado al preoperatorio, justo por donde comienza todo. Pero ahí también su rol resulta decisivo, porque canalizar venas con precisión es tan importante como dominar el bisturí. Por eso no sorprende ver, de vez en cuando, a pacientes oncológicos ir y ponerse en las manos de la diestra enfermera.

Dicen que todo el que cae bajo la cobertura de las lámparas de muchos bombillos queda impresionado y comienza a sacudirse su cuerpo, víctima del miedo, una y otra vez, como si no le perteneciera; y que viajar en la mente hacia sueños hermosos es lo único que queda, eso y confiar en ellos: el ejército de batas blancas al que no lo detiene ninguna adversidad.

En la sala de operaciones, donde la precisión es ley y el tiempo se mide en suspiros, las manos de estos médicos danzan con la certeza de quienes dominan un arte tan vital como complejo.

Y es que no importa si sus circuitos sobrepasaron las 40 horas sin servicio, si los medicamentos escasean, si hay q cortarle las mangas a las batas hospitalarias para convertirlas en botas estériles, porque al personal de la Salud nadie, ni nada los detiene, allí se alivian males, se lucha contra la muerte y la agonía del dolor.

Puede ser que, incluso, entre operaciones resuene el feliz cumpleaños del longevo profe que con 79 años se mantiene activo y vital, y compartan almuerzos colegas de renombre con estudiantes apenas iniciando; los que luego lavarán sus rostros y volverán a la carga.

Cirujanos y anestesistas comparten una química especial, donde unos complementan a los otros, y aunque se caiga el SEN y las máquinas dejen de ser extensión de los ojos y sean celulares los que emitan la luz, nadie se cruza de brazos.

Manos que salvan vidas: héroes anónimos

Los médicos son como tú y como yo, también cargan penurias y limitaciones en la espalda, hacen magia en su día a día, y aún así, son capaces de sacar sonrisas cuando el miedo invade. Quizás no tienen todas las curas o todas las respuestas, pero se esmeran, empatizan y hasta lloran cuando la batalla se les va de las manos.

Honor a ellos, más allá de diciembres, porque el reconocimiento no está suscrito a fechas. Son parte de esos héroes anónimos de la cotidianidad que salvan un pedazo de mundo, que devuelven las luces y alejan las sombras. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)


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