En el Sistema de Salud matancero y cubano existía hasta hace apenas un año una deuda silenciosa: la ausencia de un espacio físico y organizativo dedicado exclusivamente al cuidado de quienes ya no buscan la curación, sino la dignidad en la etapa final de la vida.
Esa deuda comenzó a saldarse el 24 de marzo de 2025, cuando el Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Faustino Pérez (HFP), en Matanzas, inauguró la primera Unidad de Cuidados Paliativos (UCP) en todo el país. No fue un proyecto impuesto, sino el fruto de una obstinación compasiva, tejida durante años por una médica, educadora y bioeticista de excelencia que convirtió su anhelo personal en necesidad institucional.
La Dra. Clara Laucirica Hernández, especialista de Primer y Segundo Grado en Medicina Interna, con dos títulos internacionales en Bioética y una sensibilidad que trasciende los protocolos clínicos, soñó durante mucho tiempo con un lugar donde el sufrimiento se midiera —además de en escalas de dolor físico— en la contención de angustias, el respeto por los tiempos de cada paciente y el acompañamiento a las familias.

Mientras en otros países los cuidados paliativos son ya una especialidad consolidada, en Cuba aún transitan como un saber disperso, ejercido por voluntariosos profesionales en cada uno de sus servicios, sin formación alguna ni una estructura que los legitime. Clara se propuso cambiar eso, y su perseverancia encontró eco en las autoridades sanitarias matanceras y un colectivo de trabajadores dispuesto a abrazar el desafío.
Un año después de su inauguración, la UCP del HFP pasó de ser una promesa cumplida a convertirse en un nicho de sensibilidad con historia propia. En sus modestos pero confortables espacios se ha gestado una transformación que trasciende sus paredes: lo que comenzó como un sueño de la Dra. Laucirica ha devenido referente nacional; un modelo que otros territorios observan con la esperanza de replicarlo algún día. Pero, sobre todo, ha resultado el lugar donde decenas de pacientes y sus familias encuentran algo que la ciencia y la técnica médicas no siempre saben ofrecer: humanidad.
Los cuidados paliativos constituyen un servicio integral e interdisciplinario destinado a mejorar la calidad de vida de los pacientes que enfrentan enfermedades graves, avanzadas o limitantes, generalmente con carácter incurable, así como la de sus familias. No se centran en la curación, sino en el alivio del dolor físico, control de síntomas, apoyo emocional, atención espiritual y acompañamiento en el proceso de toma de decisiones; todo ello con el objetivo de preservar la dignidad de la persona hasta el final de su vida. Se basan en el trabajo en equipo (médicos, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales) y pueden ofrecerse de manera simultánea con tratamientos curativos, abordando el sufrimiento en todas sus dimensiones.
“Cuando la Dra. Clara me habló de la UCP, imaginé un lugar muy triste —confiesa Yvellzits Rivero Fascenda, enfermera del servicio—. Hoy, después de un año, me doy cuenta de que es un lugar lleno de vida, de momentos de calidad. De risa, porque nos hemos reído mucho. Y de un gran respeto por la persona. Aprendí que en lo simple está lo profundo: una presencia en silencio, acomodar una almohada, escuchar y acompañar hasta el último instante.
“En la UCP no trabajamos para cuidar el morir, sino para mejorar el vivir y que el paciente tenga una muerte digna, tranquila y sin dolor. Aquí descubrí la importancia de respetar la voluntad del enfermo; de que sus últimos días sean como él desea. He tenido que cambiar mi mentalidad, porque estudié para curar; pero, en la UCP, lo principal es el bienestar y el confort del paciente”.

La Dra. Taymí Martínez Naranjo, directora del HFP, recuerda la incertidumbre cargada de ilusión que provocó en ella aquella idea germinal: “La profe Clara me contó su sueño, y realmente no estábamos descubriendo nada nuevo, porque los cuidados paliativos ya se hacían en los diferentes servicios; pero entendí la necesidad de concentrarlos en un solo lugar.

“Lo más difícil no fue pintar paredes, poner puertas, la climatización; ese confort que el paciente aprecia cuando llega. Recordemos que la Unidad ni siquiera está en el reglamento de nuestros hospitales. Entonces, me preguntaba ¿cómo capacitar a su equipo, mantener una retroalimentación con las áreas de Salud y lograr la continuidad del servicio al captar residentes?
“Hoy, debo decir que superaron por mucho mis expectativas. Es una Unidad pequeña donde se hacen grandes cosas. Aquí se defiende el derecho humano a vivir y vivir bien. Eso es lo más importante; lo que la hace única”.
La especialista de Primer Grado en Medicina General Integral y experta en Cuidados Paliativos, la Dra. Mariela Lorenzo Lima, coincide con la Dra. Taymí en la condición sine qua non de llevar los cuidados paliativos hasta la propia casa del paciente e internarlos en la UCP solo en casos de síntomas refractarios e intercurrencias, y avizoró la apertura en el próximo mes de abril de una consulta especializada.
“Durante el último año, de los 15 pacientes atendidos con cuidados paliativos en las áreas de salud del Policlínico José Luis Dubrocq, el 66 % falleció en su domicilio, junto a su familia y en un medio confortable con alivio de sus síntomas; solo tres casos se remitieron a la UCP”.

La Dra. Laucirica insiste en la importancia de que todos los especialistas tengan conocimiento sobre cuidados paliativos; formación que debe fomentarse desde la propia academia y quizás en algún momento se incluya como especialidad en el Sistema de Salud cubano. En septiembre de este año, los profesores españoles que formaron a los más de 25 profesionales relacionados con la UCP en el HFP regresarán para impartir nuevas conferencias y talleres.


Al cumplir su primer año, la UCP del HFP demuestra que el Sistema de Salud cubano puede hacer más que resistir: su equipo ha logrado construir un espacio que no depende de la alta tecnología, sino del conocimiento profundo del manejo sintomático, la escucha activa y el trabajo interdisciplinario.
La lección que deja este primer ciclo es clara como el nombre de su fundadora: los cuidados paliativos no son un lujo, sino un derecho, y su institucionalización representa un salto de calidad en la respuesta del sistema a una población que envejece, enferma y merece vivir con dignidad hasta el último instante.

El camino, sin embargo, está lejos de terminar. La Unidad necesita formar a más especialistas en esta disciplina aún emergente en la isla, fortalecer los vínculos con la atención primaria para que los pacientes no lleguen en las últimas etapas de su enfermedad, y continuar expandiendo su capacidad de respuesta.
Por suerte, el sueño de la Dra. Laucirica ha dejado de ser personal: se ha multiplicado en cada enfermero que aprende a calmar una crisis; en cada familiar que encuentra consuelo; en cada paciente que, al final del camino, se siente acompañado. Ese es, sin duda, el legado de la primera UCP de Cuba. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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La Dra. Clara siempre ha sido un ejemplo de dedicación al cuidado de sus pacientes,sus convicciones cristianas han transmitido no solo ciencia sino además amor y ternura para sus pacientes.Estoy muy orgulloso de haber podido compartir algunos años en el viejo Hospital. López Tabranes esa bella profesión con la Profesora Clara.Desearía que cuando fuera posible se realizara un trabajo periodístico sobre la Unidad de Quemados a la dedique parte de mi vida.Felicidades por este noble intento por hacer mas humana esta etapa final que todos transitaremos. Hugo Santander