Con marcador de 9 carreras por cero los Cocodrilos de Matanzas volvieron a caer en la Champions League de Béisbol, esta vez frente a los Kane County Cougars de Estados Unidos.
Los norteamericanos se pusieron delante en el segundo episiodio y antes de llegar a la segunda mitad del encuentro fabricaron siete carreras más para poner contra la pared al equipo cubano.
El pitcheo una vez más no supo dominar a los bateadores rivales, fueron presa del descontrol hasta que Yamichel Pérez salvó la honra manteniendo intacta la pizarra.

Su trabajo monticular no fue acompañado por la ofensiva, que solo lograron ligar 5 imparables, todos sencillos, sin oportunidad ni poder, elementos claves para poder llevar a los hombres hacia el home plate, además de tomarse 11 ponches, luciendo endebles ante los lanzadores rivales.
Aunque no todo está perdido, la clasificación será una tarea bastante difícil para un equipo que no ha sabido demostrar su talento y evidenciando un estado de forma al mínimo de su capacidad.
Un cocodrilo que no sabe por dónde le entra el agua al coco
La participación de los Cocodrilos de Matanzas en la Baseball Champions League Américas parece la crónica de una muerte anunciada o, como dirían los aficionados, más de lo mismo.
Mucho antes del inicio del torneo, la Federación Cubana de Béisbol anunció que los campeones del béisbol antillano asistirían a la justa en suelo mexicano con refuerzos.
Esto, al decir de muchos, dentro de los que me incluyo, responde más al interés del ente rector del béisbol en el país de ganar cualquier competición internacional para un poco lavar la imagen de la pelota en suelo foráneo que con una necesidad del propio equipo.
Con la segunda derrota de Matanzas en el certamen del suelo azteca, surgen varias interrogantes: ¿Eran necesarios los refuerzos para mejorar un equipo que por sí era competitivo?
¿Hasta qué punto ha mejorado la selección dirigida por Armando Ferrer con la adición de muchos peloteros que forman parte del equipo Cuba?
Los ocho refuerzos del conjunto yumurino forman parte de las filas de las selecciones nacionales, tanto de mayores como de la categoría para menores de 23 años.
A esto toca sumar que en el roster de los reptiles varias figuras han hecho el grado a la selección de las cuatro letras; tal es el caso del máscara Andrys Pérez y de los serpentineros Yoennis Yera y Armando Dueñas.
Entonces, más que un equipo de una provincia, se puede afirmar que en la Liga de Campeones de Américas tenemos una selección nacional que se ha mostrado incapaz de cumplir con el objetivo.
Cuando concluya el evento, tocará analizar si no se fue injusto con varios jugadores de la plantilla de los campeones de la 64.ª Serie Nacional que aportaron a la consecución del título y tuvieron que ceder su puesto a otros que, a la postre, no están haciendo el trabajo.
Ojo, no quiere decir esto que con la nómina íntegra de los rojos y amarillos el resultado sería diferente, pero sí el campeonato es un estímulo para el campeón; que vaya el campeón con los suyos, gane o pierda.
Las cifras de ponches por juego son alarmantes, 22 en 18 entradas alrededor de un bateador retirado por cada inning.
Aún cuando la ofensiva no ha sido el fuerte de ninguna selección nacional en los últimos eventos internacionales, en un terreno como el Alfredo Harp Helú, la producción con el madero deja mucho que desear.
No se han enfrentado lanzadores del nivel de Clásico Mundial o Premier 12 y sin embargo, continúan los mismos problemas, falta de paciencia el home plate, mala discriminación de lanzamientos y contactos fuera de la zona de impacto adecuada para una buena conexión.
El pitcheo, salvo excepciones, ha dejado mucho que desear, mostrándose endeble y sin oportunidad ante bateadores que les han conectado con facilidad.
Todo apunta a que los Cocodrilos de Matanzas quedarán a deber como otros tantos equipos en certámenes internacionales, en los que no logramos descifrar por dónde le entra el agua al coco. (Por George Carlos Roger Suárez)
