La fiesta del barrio se cocina entre todos

La fiesta del comité en el barrio se cocina entre todos. Fotos: Cortesía de los cederistas del Consejo Popular Peñas Altas

Hay barrios donde el olor a caldosa anuncia que algo grande se prepara. En el reparto Reynold García, conocido como Pastorita, en el Consejo Popular Peñas Altas, en Matanzas, ese aroma se mezcló esta vez con el de la pintura fresca, el de las banderas recién colgadas, y hasta el buchito de ron o de café compartido entre vecinos. Los cederistas del Consejo Popular no esperaron al día oficial: desde días antes comenzaron a cocinar, literalmente, la celebración del 66 aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).

Todo empezó como empiezan las cosas buenas: con una convocatoria casa por casa, por los grupos de WhatsApp que tenemos, con la creatividad puesta en función del Festival de Materia Prima y con la certeza de que, entre todos, siempre se puede más. Las cuadras se fueron llenando de movimiento. Unos pintaban los contenes; otros recogían desechos sólidos junto a la colaboración de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR); y no faltaron quienes izaron las banderas cubanas y de los CDR, para que el barrio amaneciera vestido de fiesta.

La jornada tuvo también a sus protagonistas más jóvenes: los pioneros realizaron su guardia pioneril, serios y orgullosos, como si supieran que estaban cuidando algo más que un espacio. Mientras tanto, la venta de productos industriales puso a disposición de los vecinos opciones útiles, aprovechadas por muchos, y que sumaron al ambiente de barrio que se respiraba.

Pero si algo unió a grandes y chicos fue el dominó. Sobre una mesa improvisada, entre risas y jugadas, se armó la partida. No faltaron los consejos de los más veteranos ni las trampas inocentes de los más nuevos. El dominó, ese que nunca falla, volvió a demostrar que es tan tradición como la caldosa.

Y hablando de caldosa: entre todos juntaron los ingredientes. Unos trajeron viandas, otros el condimento, otros el fuego y la olla. No faltó la cabeza de aquel cerdo que se vendió en el barrio, ni los huesos de quien la compró. El plato fue creciendo mientras crecía también la conversación, esa que solo se da cuando el barrio se junta. Para los niños hubo sorpresas: confituras donadas por Mipymes y Trabajadores por Cuenta Propia (TCP) que radican en la localidad y que se sumaron a la celebración, porque en el Consejo nadie se queda fuera.

Así, con trabajo colectivo, solidaridad y mucho sabor, los cederistas de Pastorita reciben el aniversario 66 de los CDR con el mismo entusiasmo del primer día. No fue una fiesta de discursos, sino de hechos: de cuadras limpias, de paredes pintadas, de ollas compartidas y de mesas de dominó.

Son tiempos difíciles, pero con la unión de todos es posible lograr lo que parece imposible. Y estos vecinos lo saben. Lo demuestran cada día, desde el barrio, construyendo una Cuba mejor. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)


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Sobre el autor: Izet Morales Rodríguez

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