África sueña en grande

África sueña en grande

El fútbol, en su infinita capacidad para reinventar narrativas, nos dejó una jornada donde las calculadoras y la paciencia se vuelven los mejores aliados de los aficionados. Dos selecciones africanas, Cabo Verde y Senegal, fueron las grandes protagonistas de la fecha, pero transitando por avenidas tácticas y emocionales que no podrían ser más dispares. Es la belleza de este Mundial; hay más de una forma de enfrentar la guillotina de la primera fase.

Por un lado, el Grupo H nos regaló la consagración de la resiliencia táctica de Cabo Verde. Los «Tiburones Azules» volvieron a ponerse el traje de obreros, firmando un empate a cero ante una Arabia Saudita que terminó estrellándose contra un muro. En un partido donde los caboverdianos mantuvieron el dominio del balón (51% de posesión) y registraron 15 remates frente a los 6 de su rival, la figura inmensa de su portero Vozinha fue, una vez más, la garantía de vida del equipo.

Y es que lo de esta selección exige ponerse de pie; avanzan de manera directa a los dieciseisavos de final como segundos de su grupo con tres empates y 3 puntos totales. Han sido capaces de secar a una potencia como España en un 0-0 de manual y sacarle un empate (2-2) a Uruguay. Han convertido la carencia de estrellas de renombres en un blindaje colectivo. Son un bloque de granito que no regala un solo centímetro en la cancha, aunque su inminente cruce ante la todopoderosa Argentina les exigirá un milagro ofensivo que hasta ahora no han tenido que mostrar.

En las antípodas de esa trinchera, encontramos el despertar de Senegal en el Grupo I. Los «Leones de la Teranga» llegaron a esta última fecha con la soga al cuello, producto de dos caídas dolorosas frente a la eficacia de Francia (3-1) y la pegada de la Noruega de Haaland (3-2). Necesitaban una catarsis urgente y sumar de a tres con goleada para mantener vivas sus opciones de clasificación como uno de los mejores terceros.

El aplastante 5-0 sobre Irak no fue solo una victoria obligada, sino un mensaje de furia competitiva. El guion se rompió por completo con la tempranera expulsión del defensor iraquí Rebin Sulaka en el minuto 13, desatando un vendaval senegalés que se tradujo en un 69% de posesión y unos escandalosos 30 remates. La avalancha de goles, que abrió Habib Diarra al minuto 4 y que extendieron Ismaila Sarr, Pape Gueye (con un doblete) e Iliman Ndiaye, fue el antídoto perfecto para curar sus heridas.

Aunque terminan la fase de grupos en la tercera posición con 3 puntos, esa inyección en su diferencia de goles los deja con opciones matemáticas muy reales de meterse en los dieciseisavos. Senegal demostró que la pólvora sigue intacta y recordó su naturaleza de depredador. Ahora, a los Leones no les queda más remedio que sentarse frente a la pantalla y cruzar los dedos para que el cierre de los demás grupos les entregue el ansiado pasaporte.

(Por Diego Riera, estudiante de Periodismo)


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