El día de África
He asistido a importantes actividades históricas y culturales, con niños, adolescentes, jóvenes y adultos integrados en proyectos comunitarios, en el Museo de la Ruta de los Esclavizados en el Castillo de San Severino, en el Callejón de las Tradiciones, en la Asociación de Artesanos de Cuba, se ha celebrado cada 25 de mayo esa efeméride establecida a nivel mundial, matizada con la actuación de grupos musicales catalogados de “afrodescendientes”.
Ello me hace recordar que, durante la colonización española en Cuba, los colonizadores y los esclavistas cubanos tenían un conocimiento profundo del continente africano, “esperaban los barcos donde venía la mercancía que los enriquecía: las personas que, arrancadas de sus tierras y familias, eran traídas por la fuerza para esclavizarlas, trabajar en las plantaciones azucareras, vivir en barracones, ser no solo explotadas sino maltratadas, humilladas y ejecutadas las que osaban rebelarse”. La trata negrera, las rutas, los países de donde provenían, todos los detalles eran conocidos por quienes durante siglos mantuvieron vigente el inhumano comercio y las relaciones esclavistas de explotación, hasta que en 1888 se abolió la esclavitud en Cuba.
No olvido el papel relevante que tuvieron los esclavizados africanos y sus descendientes en el ejército mambí en las luchas por la independencia, especialmente en la etapa iniciada en 1895, con la “Guerra Necesaria, organizada por José Martí y el Partido Revolucionario Cubano”. Sus proezas militares, como la Invasión de Oriente a Occidente, protagonizadas por el Titán Antonio Maceo Grajales y el campesino dominicano-cubano Máximo Gómez Báez, donde Quintín Banderas, jefe de la infantería y soldados descalzos, realizaron múltiples hazañas. Los hijos de África tuvieron un rol decisivo, aunque para los historiadores de entonces solo constituían parte del paisaje.
Muchos de aquellos antiguos esclavistas en la República se olvidaron de África; de sus hijos que, esclavizados, les habían proporcionado sus riquezas. La borraron, no querían recordar el origen de sus privilegios y fortunas. Asesinaron cobardemente al general Quintín y lo enterraron, oculto, en 1906. Tergiversaron la masacre de los Independientes de Color en 1912; la realidad de la Enmienda Morúa para deslegitimar al periodista Martin Morúa Delgado, el único senador negro que le hacía sombra a otros.
Llegaron hasta a prohibir el son, la rumba, el guaguancó, el danzón, e instrumentos musicales como el güiro y las claves; decían que “eran cosas de negros”. Introdujeron un “apartheid” (racismo antinegro) en el imaginario y las representaciones sociales; arraigado de tal manera que formó parte de las costumbres y tradiciones, del lenguaje cotidiano, de las relaciones familiares, laborales, culturales y sociales. Basta señalar que negaron el acceso a personas no blancas a los parques públicos, club y zonas de recreo, playas, instalaciones como restaurantes, casinos, entre otras; y se estableció que los negros debían estar en la “Sociedad de Color”. Los mestizos quedaron excluidos de ambas.
Y fue así hasta que amaneció el 1 de enero de 1959 y comenzó una frontal lucha por la igualdad, la justicia y la equidad social, para darles poder por igual a pobres, blancos, negros, mestizos, hombres, mujeres, del campo y la ciudad. Pero como siempre recordaba el doctor Esteban Morales, estudioso de estos temas, en Cuba el color de la piel es una variable histórica de diferenciación social entre los cubanos, y reiteraba, como el ilustre doctor Fernando Martínez Heredia, que el proyecto social cubano tiene que ser antirracista.
La Revolución Cubana eliminó las bases legales que sustentaban el racismo y la discriminación por el color de la piel. La gigantesca obra de justicia social igualó todo lo posible a los ciudadanos. Sin embargo, no se ha logrado eliminar, en 60 y tantos años, un problema de siglos.
Persisten la discriminación y los prejuicios; si bien con la educación y la cultura, las nuevas generaciones y todos los cubanos tendrán que combatir día a día no solo en la teoría y con la historia nacional, sino con las actuaciones, con el comportamiento social, con la materialización de las políticas públicas; entre ellas el programa nacional de lucha contra el racismo y la discriminación por el color de la piel, aprobado por el Consejo de Ministros en el 2019.
Somos un solo pueblo, Cuba es indivisible y los cubanos blancos, negros y mestizos, basados en el patriotismo y la unidad nacional, tenemos que construir una nación próspera, culta, democrática, justa y sostenible, con todos y para el bien de todos.
Todavía hay quien habla de “personas de color”, porque ocultan su racismo proteico y no dicen negro, utilizan términos como mulato, moreno y hasta prieto; y aunque existen derechos constitucionales para todos, tratan sutilmente de violentarlos, es un fenómeno social complejo y que subsiste, se reproduce no obstante el decursar de las generaciones.
Para muchos ser afrodescendientes es propio de las personas cuyo color de la piel es negra o mestiza. Ignoran que todos los cubanos tienen genes europeos, africanos y chinos, en diferentes proporciones, que ello está demostrado en investigaciones científicas; que al pueblo cubano lo caracteriza el mestizaje, que en la transculturación y el “ajiaco”, al decir de Fernando Ortiz, conviven diferentes etnias.
Hay blancos de piel con ancestros negros, chinos, españoles, los cuales llegaron aquí considerados como blancos libres, sin embargo, fueron colonizados durante varios siglos antes por los moros; las Islas Canarias, antes de España eran de África. Hace años leí, en un texto de Ortiz, que aquel famoso general que se enfrentó a Maceo en Mangos de Baraguá, Arsenio Martínez Campos, se decía que era mulato.
Puedo afirmar hoy, con certeza, que no existen razas entre los humanos; los estudios e investigaciones científicas realizados en diversas partes del mundo lo han corroborado. Sin embargo, ello solo es un punto de partida para el análisis, porque por sí solo no cambia nada. Objetivamente, existen el racismo, la discriminación y los prejuicios raciales; es algo persistente y arraigado, no solo en la conciencia individual de las personas, sino también en la sociedad mundial.
Sí, todos los cubanos somos afrodescendientes, el término incluye a blancos, negros y mestizos. Quiero puntualizar y a la vez refutar el mito de lo que fue y es África. Para ello, diré que, durante la colonización entre los siglos XVI y XIX, más de 24 millones de africanos fueron llevados a Europa y al Caribe para su comercio y posterior esclavitud y explotación. África es América y el Caribe; América y el Caribe son África.
Los pueblos africanos conviven por igual en ambos continentes. América y el Caribe llevan a África en la sangre; la historia, la cultura, las costumbres, la religión y las tradiciones. Está presente en sus hijos que dan vida a América Latina y el Caribe, está en nosotros los cubanos. La gran familia afrodescendiente, orgullosa de sus raíces, lucha por su presente y su porvenir
“Ciertamente, África no es el continente más pobre, sino que se fue empobreciendo por una clase dominante en un determinado período histórico. Pero también, y es muy importante saberlo, la cuna de la civilización de la humanidad tuvo su asiento en África. Allí nació la vida humana, el trabajo, la vivienda, la comunicación; y como un hecho de gran importancia, allí nació (…) la religión y la diversidad del ser humano para poder vencer todas las dificultades”. Coincido plenamente con estas palabras, expresadas en mayo del 2009 por Gerónimo Sánchez, académico del Estado venezolano de Miranda.
Por eso pienso que algún día, no muy lejano, cuando se comprenda cabalmente su significación y se eliminen los prejuicios raciales, tal vez se celebre el Día de África en el Parque de la Libertad o en el Teatro Sauto, y los matanceros recuerden con júbilo popular de dónde venimos y quiénes somos, y que a Matanzas, por el desarrollo de la cultura, las artes y la ciencias, en el siglo XIX los esclavistas cubanos la apodaron como la Atenas de Cuba; si reconocemos el aporte de los esclavizados africanos a ese título, al desarrollo de la industria azucarera y su legado a la economía, a la cultura e idiosincrasia de los matanceros, podría ser también llamada por los mambises del siglo XXI La África de Cuba.
(Por: Dr. C José Luis Cañizares Cárdenas)
