A Pepe Pelayo (Matanzas, 1952) lo conozco desde que yo era un jovencito que seguía La Seña del Humor de Matanzas. Él es un todoterreno del humor, un orgullo matancero y cubano, en una provincia en la que destacan muchos en diferentes épocas y manifestaciones: caricaturistas, guionistas, actores y actrices, escritores. Él es todas estas cosas, pero también investigador, webmaster y un teórico del humor.
Hace mucho tiempo vive en Chile, pero sigue espiritualmente en Matanzas. Su labor es la de un artista excepcional, que se dimensiona por Las Américas, parte de Europa e, incluso, en África. Ha expuesto su obra en medio mundo, ha sido publicado, reconocido con premios, ha dictado conferencias o ha sido ponente en congresos.
Además, se ha desempeñado como jurado de numerosos concursos internacionales y sus obras son citadas en diversos textos de maestrías y doctorados. En su currículo se encuentran las entrevistas a más de cien humoristas del mundo: una verdadera enciclopedia del humor contemporáneo. Es incansable, un estudioso que hay que respetar y referenciar.
Estudió Ingeniería Civil, y es querido y admirado en el país que lo acogió. Pelayo es un tipo completo, lúcido e iluminado, lo mismo trabaja para niños, una zona poca explorada del humor, que para el público adulto. Su relación con las escuelas es envidiable, y con sus lectores es hermosa y sugestiva.

Hay más aspectos que apuntar de su trabajo, pero quiero detenerme en dos de sus últimos libros.
Memoria biográfica del humor es un texto imprescindible para la cultura cubana, y para ubicarnos como nación en el panorama internacional. Rescata y difunde figuras esenciales a través de síntesis biográficas, entrevistas y otros materiales, que propician a interesados en el tema estudiar y comprender el fenómeno humorístico en la nación cubana, así como su significación cultural.
El segundo es La Seña del Humor de Matanzas. Mi intento de entenderla, el homenaje más auténtico a la agrupación que revolucionó el humor en la década del 80, analizado desde la perspectiva de su fundador, convertido en un estudioso del humor, pero que interroga su génesis y evolución.
Este constituye una aguda interrogación a la historia del grupo; un estudio desde la madurez intelectual de un hombre, que pregunta con agudeza crítica a su propia creación, y que realiza un aporte singular al devenir del humor cubano. Es significativo que sea un libro sobre el humor escrito con rigor investigativo; pero desde el desenfado, lo irónico, el juego propio de un escritor que apela a lo cómico y nos hace sonreír.
Asimismo, resulta una suerte de homenaje a Matanzas y a ese rasgo de identidad que constituye el grupo La Seña del Humor. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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