Matanzas sobre tres ruedas

En Matanzas, donde el combustible se ha vuelto ausencia y la espera una costumbre, los triciclos tomaron las calles como quien ocupa un vacío inevitable.

En Matanzas, donde el combustible se ha vuelto ausencia y la espera una costumbre, los triciclos tomaron las calles como quien ocupa un vacío inevitable.

Desde temprano, cuando el sol apenas dibuja las primeras sombras, los triciclos eléctricos —muchos asistidos por paneles solares para arañar kilómetros a la crisis energética— sostienen el trayecto diario de una ciudad que aprendió a moverse con lo que tiene.

Los estatales conservan el alivio de un pasaje más económico y son, para muchos, la opción posible en medio de salarios tensados por la realidad. Los particulares, aunque más costosos, ofrecen inmediatez y la promesa de llegar sin demasiada espera.

Juntos han tejido una red improvisada pero esencial que mantiene conectada a la ciudad, como una respuesta práctica al desabastecimiento que redefine la vida diaria.

No hay épica en ese tránsito, sino resistencia: la de una urbe que, empujada por la escasez, encontró en tres ruedas la manera de no detenerse.

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Sobre el autor: Raul Navarro González

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