Como un tumor putrefacto que le ha salido a la acera, el basurero se desborda e invade la calle. Campan a sus anchas los desechos, las bacterias, el hedor. Las tiñosas picotean su bufé de carroña a ras del suelo, sin intención de darse prisa. Un hombre continuamente se adentra en ese terreno peligroso, en coexistencia con las especies del lugar —desde las microscópicas hasta las de rapiña—, y extrae objetos que le suponen algún valor.
A veces, otros hombres le dan candela y, claro, todo arde como por primera vez: los cartones, los escombros, la madera, las telas, la comida podrida, la misma situación que ya estaba bien candente… El humo conduce más cerca que nunca a los hogares el recuerdo de eso que está ahí, que crece y crece en espera de ser recogido; mientras, una vecina atranca su ventana y, entre otros comentarios, se pregunta hasta cuándo, y quién responde por lo que sucede.
Solo de vez en cuando, con una frecuencia menos regular que la deseada, es que el ser humano invade el basurero para erradicarlo, para llevárselo en algún vehículo antes de que vuelva a aparecer. Es un círculo vicioso entre ambos, afectado por la escasez de combustible que poco puede hacer frente a la insalubridad potenciada.
Todo municipio cabecera es, en buena medida, representativo de lo mejor y de lo peor que atañe al resto de los territorios que encabeza. Y, cuando no está exento de un problema tan grave como el incremento de basura, dedicarle una mirada nos da una idea de hasta qué punto el mismo conflicto pudiera agravarse territorio adentro, como ocurre en el caso de la ciudad de Matanzas.
¿Por qué demoran tanto las recogidas? ¿Qué está pasando con Comunales? ¿No hay otras alternativas? ¿Es necesario que los basureros sean objeto de pirómanos? ¿No se está previniendo un nuevo brote de arbovirosis ahora que llegan las lluvias? ¿Cuántas inquietudes no cabrán en un reportaje sobre el presente estado de la basura en Matanzas y en cualquier otro municipio?
ODISEA DE RECOGIDA
Ya desde la introducción hemos adelantado la clave de este trabajo con la expresión “escasez de combustible”. De sector en sector, esa simple comunión de palabras se repite mucho en nuestro tiempo. Viene a explicar la insuficiente respuesta de actores sociales ante sus funciones y resume el porqué de numerosos problemas investigados o en proceso; entre ellos, el que nos ocupa.
Así nos lo confirma, desde la Dependencia Interna, Michel León Rodríguez, intendente del municipio yumurino y máxima autoridad en el territorio a cargo de la recogida de basura y aquellas gestiones relacionadas.
“Nosotros recorremos entre 15 y 16 rutas a diario. Lo ideal sería pasar más de una vez al día por los basureros, pero la asignación con que contamos para esta tarea oscila entre los 300 y los 550 litros de diésel, desde comienzos de este año”, explica el directivo.

Coincide con él Reynol Valdés García, director de la Empresa Municipal de Comunales: “Para poder dar los recorridos todos los días como es debido, es decir, dos en el horario de la mañana y otros dos en la tarde, haría falta disponer de 112 litros por vehículo”. La matemática, hasta para los no duchos en ella, se escribe sola en este caso y arroja un saldo negativo a la cara del problema.
Dentro de la actual estrategia de desarrollo de esta empresa, cuyo objetivo general insiste en garantizar limpieza, ornato y gestión ambiental en beneficio de la población, encontramos que el primer objetivo específico consiste precisamente en esa deuda tan difícil de contrarrestar que es “asegurar la recogida sistemática y disposición adecuada de desechos sólidos”.
Una vez impugnado dicho propósito por la realidad, esta también afecta los restantes; entre ellos, el mantenimiento y embellecimiento de espacios públicos, la salubridad en zonas de alta concentración poblacional o la implicación comunitaria en el cuidado higiénico de dichos escenarios. Una realidad que escapa del rango de acciones que Comunales puede abarcar con tan escasa asignación de un recurso indispensable.

El servicentro donde los camiones de este y otros organismos se abastecen no se encuentra en un circuito priorizado por la electricidad. En horas de la mañana, mientras sus trabajadores se disponen a salir en pequeños grupos según las rutas orientadas, Valdés García nos confirma que a cada camión fue preciso privarle de un litro de combustible para echar a andar el grupo electrógeno del establecimiento y así posibilitar la marcha al trabajo.
“Hoy, todos los vehículos que van a salir, menos uno, son de nosotros —añade—. Dispongo ahora mismo de unos 11 carros. Desafortunadamente, no generamos los ingresos necesarios para darles un buen mantenimiento. Dos más deben incorporarse la semana que viene, junto con un tractor y una carreta. Cuando trabajamos de conjunto con el Ministerio de la Construcción, nos montamos en un total de 24 o 25”.
Al mencionar la incorporación de una carreta al convoy, y el director nos lo corrobora, acude a la mente una zona como Versalles, quizá la más afectada por la acumulación de basura en el municipio —desde el estatismo prolongado hasta la obstrucción cloacal durante las precipitaciones— según las autoridades, y la imposibilidad de emplear tracción animal en ella por sus notables lomas.
Dicha iniciativa, irónicamente inviable en el área que más podría necesitarla, forma parte de otras contempladas por la Dependencia Interna para paliar las circunstancias. “Además, estamos volcados en el proceso de contratación a trabajadores por cuenta propia y formas de gestión no estatal; asimismo, tenemos el apoyo orientado por las Fuerzas Armadas para la recogida en los repartos militares y de varios organismos con el tema combustible”, enumera el intendente.
Ante la sugerencia de emplear ciclomotores para las recogidas, Valdés García señala la superficie corroída de uno de los camiones formados junto al servicentro, fenómeno producido a lo largo del tiempo por la descomposición avanzada de los desechos. “Imagínate lo que eso le haría al piso de un ciclomotor”.

El déficit de personal en Comunales es otro de los contratiempos de mayor incidencia. Para una plantilla de aproximadamente 1 400 trabajadores, de momento la engrosan alrededor de 930 en diversas labores; de los barrenderos, por ejemplo, falta más del 50 %, y en una ciudad sobrevolada a menudo por restos de basura que el viento y las lluvias se encargan de disgregar, esa es una carencia notable a cierto plazo.
Para colmo de males, una alternativa a priori tan fácil de formular para cualquiera de nosotros, que es contar con reclusos, pese a ponerse en práctica, se dificulta. El responsable de Comunales lo resume del siguiente modo, enlazando con un motivo antes mencionado: “Aunque nos destinan 27 de ellos todos los días, será difícil mantenerlo, porque ir a buscarlos y después devolverlos implica, a su vez, gasto de combustible”.
EL FUEGO DE LA IMPRUDENCIA
Un reclamo bastante frecuente dentro de este tema suele ser que las rutas de recogida priorizan los puntos establecidos, mientras que los basureros no autorizados, en igual o peor estado, quedan fuera de ruta.
A ello se le da solución desde la parte gubernamental en dependencia de la cantidad de combustible que se tenga a mano, como aclara el intendente, con el consiguiente llamado a la responsabilidad ciudadana para no agravar el escenario citadino al improvisar vertederos, ni mediante la quema de basura.
En una misma circunscripción, todos estos aspectos del fenómeno confluyen cíclicamente, como ocurre en la número 15 del municipio cabecera, la cual comprende cuatro puntos de recogida oficiales. Como ciudadana y delegada de la misma, María de los Ángeles Vargas Domínguez ha presenciado y afrontado desde su función social los eventos antes descritos.

“Hasta un mes hemos estado nosotros con la basura pendiente de ser recogida, ya sea porque se acabó el petróleo o porque empezaron por otros lugares. Todo el mundo sabe la situación que atraviesa el país, pero los puntos de los que te hablo son vulnerables: están cerca de la placita, de la bodega, y les han dado candela como en dos ocasiones ya”.
Sus declaraciones nos retrotraen a una escena singular en el reparto Armando Mestre, Naranjal Sur: el fuego provocado hace poco en un basurero colindante —a la distancia de una calle estrecha— con el círculo infantil Ismaelillo, en una mañana de aire puro y presencia infantil a muy escasos metros de la humareda.
“Ante la quema, se han tomado medidas y hasta han sido detenidos algunos de sus provocadores”, refiere el intendente León Rodríguez.
“Hemos tenido días de dejar limpio un basurero y nada más acumularse un poquito de deshechos nuevos viene alguien y les prende fuego. ¿Por qué? ¿Qué necesidad hay de quemar la basura? Detrás de eso suele haber dinero de por medio; cuando no, la mera irresponsabilidad”.
También nos hablaba la delegada, coincidiendo con su homólogo naranjaleño, de las insuficientes acciones para disuadir a la población de indisciplinas —menores en comparación con la quema, pero considerables en su propia medida—, como botar basura en horarios no indicados o fomentar los micro y macrovertederos. Ni siquiera los barriodebates con personal epidemiológico o las multas de 100 pesos han resultado lo efectivos que deberían.

En ocasiones, el acto contraindicado del fuego se puede entender como impulso social ante la inacción gubernamental, cuando habitas en una calle surcada por un vertedero no previsto, como ha podido ocurrir en locaciones de Pueblo Nuevo. Sin embargo, el doctor Andrés Lamas Acevedo, director del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología, nos expresa su preocupación al margen de la empatía con el ciudadano que lo hace sin mala intención: “La quema de basura, como es evidente, puede afectar las vías respiratorias de cualquier persona. El desecho químico que representan los plásticos, los desechos biológicos y toda clase de elementos que allí se juntan, desde luego que perjudica el entorno, la comunidad. Y, si es verdad que afecta la basura que no se recoge, también, y mucho, lo hace la que se incendia”.
ARBOVIROSIS AL ACECHO
Empezar mayo es empezar una etapa húmeda, de clima cálido y presto a lluvias tan imprevisibles como los mosquitos y lo que tengan por transmitirnos. Comienza la estación continua, de muchos meses, que el año pasado tanto nos marcó con una epidemia de arbovirosis muy dolorosa para cuantiosas familias.
Lamas Acevedo, a propósito, es la voz autorizada que nos ratifica lo sospechado: de no mantenerse limpio, higiénico y salubre un territorio con la memoria aún fresca del último gran evento epidemiológico, nada nos exime de revivir otra alarma sanitaria.
“Que la higiene ambiental está muy ligada a la transmisión de enfermedades es indudable, y no solo por el residual sólido que son los micro y macrovertederos que vemos en las zonas urbanas, sino también por las fosas desbordadas; es decir, residual líquido. Hoy, desde la perspectiva de Higiene Provincial, eso no es favorable.

“Se ha hecho un esfuerzo tremendo, pero hay lugares donde transcurre una semana y más sin que se recoja la basura. Y si eso ocurre, por supuesto que puede transmitirse arbovirosis y que hay depósitos en esa basura convirtiéndose en criaderos de mosquito. Proliferan, además, los roedores, que transmiten la leptospirosis, enfermedad que también comienza el alza ahora en el tiempo de verano, y de la cual tenemos siempre alza a partir de junio y julio, hasta noviembre.
“Por tanto, por razones de salud, de bienestar, de vida, hay que seguir haciendo un esfuerzo gubernamental en todos los sentidos. Que tarde tal vez tres días en ser recogido un basurero, pero no 10. La diferencia cuenta”.
POR UNA ATENAS SIN BASURA
Una fuente sin cita directa pero constante a lo largo de este texto, y sin la cual no habría podido escribirse, es la población matancera que a través de las redes sociales y todos los canales a su alcance ha hecho denuncia constante de cada insatisfacción e incumplimiento de lo establecido en relación a la basura.
Quizá porque, tratándose de este asunto, todos somos en alguna medida responsables; desde la brigada comunal que no acaba de aparecer para erradicar el foco infeccioso hasta el vecino de al lado que en desafío lúdico a las normas sale a arrojar cualquier putrefacción nada más irse Comunales, el día que finalmente vienen.
Mencionando, por consiguiente, así fuera una de las quejas específicas que tanto en el ciberespacio como en vivo y en directo nos han llegado, estaríamos siendo injustos con tantas otras igual de pertinentes, razonables y desesperadas… mientras la basura crece, el camión demora, el criadero se forma y el indisciplinado reincide.
Como decíamos al empezar, un municipio cabecera no es que sea más importante que el resto, sino que es inevitablemente representativo del resto de su región. Es como el rostro geográfico que anuncia, si está descuidado, una provincia descuidada, o bien el caso contrario. En parte radica ahí la necesidad de reclamar una Matanzas limpia: ya sea por la justicia estética hacia una Atenas que parece en guerra con los dioses, o bien por el simple instinto de querer vivir un poquito mejor. (Por: Beatriz Mendoza Triana y José Alejandro Gómez Morales/ Fotos: Raúl Navarro González)

Agradezco mucho este trabajo periodístico. Queda en manos de muchos, responsabilidad de todos, la limpieza y cuidados de nuestra bella ciudad. Mis hijos nacieron en Mujica final, esquina Embarcadero. Hace poco visitè a mis fieles vecinos y fuè sorpresa no grata ver el vertedero de ese callejòn final. No es el ùnico, sì el màs antiguo de la ciudad. A solo 3 cuadras de ese servicentro y de comunales y a medio camino de todos los que saben que allì se gestan las peores epidemias. Gracias por no descsnsar en estas problemàticas bien sociales.