El 29 de abril, Día Internacional de la Danza, la Compañía Novadanza, dirigida por Kenia Carrasana, estrenó Picasso en el cuerpo. La pieza dejó en el escenario del Teatro Sauto una estela de belleza y dolor, una visceral reflexión sobre la guerra y sus víctimas.
Guernica, pintura de Pablo Picasso sobre la masacre del 26 de abril de 1937 de la Legión Cóndor de la Alemania nazi en la región vasca, es una de las obras emblemáticas del siglo XX. En la puesta de Kenia Carrasana, deviene apropiación estética de la iconografía picassiana, desde el flamenco y las técnicas de la danza contemporánea.
En la recepción del Teatro Sauto, la muestra de cinco cuadros del pintor Adrián Gómez Sancho, bajo el nombre Guernica: la piel de un artista, sirve de preámbulo al espectáculo. Se trata de una simbiosis entre la poética de Sancho y la de Picasso, con que el espectador acogerá las disímiles perspectivas que luego admirará en el escenario desnudo. En este, los cuerpos reinventan la esencia de su pintura y los elementos que la caracterizan: el cubismo, el cromatismo (gris, blanco, negro, ocre). Asimismo, se percibe la simbología de los personajes, como el toro, el caballo, la mujer que carga a un niño, la bombilla, el ojo, la desesperación.
Cada cuadro coreográfico es un acto vivo de lo eternizado en el espíritu de Guernica; un tránsito de la catástrofe de la guerra, la muerte y la destrucción, a través de la energía de la danza, la fusión y contraste entre los planos de imágenes individuales o colectivas, que ofrecen otra dimensión del fenómeno estético.
Aquí la imagen es medular, en una inteligente conjunción de los bailarines y el vestuario, objeto o máscara signo, que apela a cuatro aspectos fundamentales desde lo sonoro: los sugestivos arreglos musicales de Raúl Valdés, versión de Dernis Luis Pérez, que consigue crear atmósferas, dramatizar sucesos de agonía, esperanza o muerte; la música en vivo, diálogo con las claves del tablao flamenco, la voz de la propia Kenia, con el poema de Maylan Álvarez; el énfasis dramático predominante del silencio; y los sonidos; todos refieren sentidos diversos a lo coreográfico y a la recepción del espectador.
En una obra que descansa en la visualidad picassiana de una pieza icónica, el diseño de vestuario (mantas, cubos, máscaras) constituye un aporte crucial del diseñador Luis Manuel Valdés. La reinvención o el uso de sustratos estéticos se dimensionan y se leen con diferentes referencias: las transparencias, la anulación de identidades, la creación de metáforas desde la tela, como signo junto al cuerpo, o el minimalismo escenográfico.
Todo ello se conjuga orgánicamente con las gestualidades de los bailarines de Novadanza, que demuestran en sus diferentes apariciones la madurez técnica alcanzada. Los recursos expresivos, la limpieza y organicidad que requiere un espectáculo como Picasso en el cuerpo constituyen una ruptura y un crecimiento de la compañía, evidenciado en los resultados alcanzados en este primer acercamiento al público.
En un mundo en guerras constantes o abocado a ellas, por conflictos ideológicos y políticos, donde las primeras víctimas son siempre los inocentes, la propuesta de Novadanza es una alerta, un cuestionamiento desde el dolor y la belleza. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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