El pasado 13 de abril se celebró el Día Mundial del Scrabble; y en Matanzas, en esa fecha, enseguida hay que pensar en el ingeniero Alejandro Porto Álvarez, jugador y promotor que ha enseñado a entenderlo, incluso, a que muchos se enamoren de este icónico juego de mesa, que necesita de ingeniosidad y creatividad.
Creado por el arquitecto neoyorquino Mosher Butts, en 1931, en los Estados Unidos, durante la época de la gran depresión; su nombre original fue Léxico, luego Criss-Cross Words y, posteriormente, Scrabble.
En lo personal, sabía poco de este juego, que empecé a conocer por la pasión de Porto, quien, además de mostrarlo en varios espacios de Matanzas, como la Universidad, lo llevó al Valle de Guamacaro, y se lo enseñó a los niños de la escuela, como parte del proyecto Corazón Guamacaro Km 9. También lo enseñó en la biblioteca La Selva Oscura, de la Casa de la Memoria Escénica, a niños y niñas de la escuela Pino Machado.
Muchos se han adentrado en las técnicas de este juego para el que se requieren de dos a cuatro jugadores, quienes deberán intentar ganar la mayor cantidad de puntos posibles, formando palabras entrecruzadas de manera horizontal y vertical en el tablero. El juego del scrabble, en la experiencia de la Casa de la Memoria Escénica, se vinculó al proyecto Lúdico y Teatral, que desarrollaron los estudiantes de Instructores de Teatro Yadel Cabrera y Yurisnel Gutiérrez.
Fusionaron juegos tradicionales cubanos y latinoamericanos con técnicas teatrales, lo que propició el rescate, conocimiento y promoción de juegos que se apartan de lo tecnológico, y requieren de la psiquis, el cuerpo y la voz, con un profundo sentido de lo escénico, la creación de roles, la representación de escenas, el uso de la memoria, la improvisación, entre otros recursos.
El scrabble funcionó como un juego que propiciaba a los otros de la tradición nacional y latinoamericana, la concentración, la creación de palabras, la relación individual y colectiva, el conocimiento y enriquecimiento del vocabulario; como preámbulo de la lúdica, que combina lo físico y lo intelectual.
Cada niño y niña que se integró a estos juegos se relacionó con la memoria y la identidad local, con lo que jugaron sus abuelos y padres antes de que lo tecnológico se adueñara de lo lúdico, la mayoría de las veces, no como una opción más, sino de manera predominante.
Celebrar el Día Mundial del Scrabble se conecta con el 11 de junio, cuando se celebra el Día Internacional del Juego, para defender la promoción de algo que proporciona a los infantes alegría y libertad que, combinados con las técnicas teatrales, propicia otros caminos que los insertan en un universo de búsquedas interactivas, lo cual debe ser una constante en diferentes espacios, entre los que debe tener un lugar protagónico la escuela.
