Puerto Rico es otra cosa

Puerto Rico es otra cosa

Por Norys Castañeda Valera

Decía mi padre que una cosa es con guitarra y otra con violín, y así acaba de suceder en el Clásico Mundial de Béisbol cuando Cuba enfrentó a Puerto Rico, uno de los favoritos para avanzar a la segunda ronda.

Un pitcheo más sólido, ofensiva poderosa y jugadores con experiencia en el mejor béisbol del mundo, además, jugando en su propia casa.

Los nuestros no pudieron concretar y cedieron 4 carreras por 1 y tendrán que jugar todas las cartas el día 11 de marzo cuando enfrenten a Canadá, un rival nada fácil en las aspiraciones de clasificar.

El abridor Julio Robaina salió del box rápidamente dejando la pizarra con ventaja de 3 carreras para los boricuas.
Luis Romero como relevo detuvo el empuje de Puerto Rico en el segundo ininng, ponchando espectacularmente a Nolan Arenado con las bases llenas.

Yosimar Cousín entró a trabajar en el tercero con una excelente demostración, logrando la primera entrada tranquila del juego para Cuba.

En total trabajó 2 y 2 tercios, contabilizando 4 ponches, 1 hit, sin boletos, 1 carrera, y se le vio buscando marcar primero con un dominio envidiable de la zona de strike.

Fue, de hecho, la nota más destacada del equipo cubano durante la primera mitad del encuentro.

El bateo no logró encontrar la pelota, a pesar de la inestabilidad del pitcheo rival que no se presentó en control y aún así no pudieron aprovechar.

Finalmente, rompieron el celofán en el sexto episodio con Alfredo Despaigne que impulsó la primera y única carrera para Cuba, con una conexión sólida contra el muro que lo llevó hasta segunda.
Sin amenazas ni bateo oportuno es difícil enfrentarse y vencer a conjuntos de calidad en un torneo sumamente corto.

De esta manera, Puerto Rico pasa a la segunda ronda y Cuba tendrá que vencer a Canadá para consolidar sus aspiraciones.

Puerto Rico es harina de otro costal 

Por George Carlos Roger Suárez 

Con los dos triunfos en el inicio de la andadura cubana en el VI Clásico Mundial, un gran número de los parciales de la selección se esperanzaron con un triunfo frente a Puerto Rico.

 Una victoria frente a la novena de la isla del encanto suponía el acceso a la siguiente ronda de manera directa y sin tener que vivir los sobresaltos del último día.

Como dice una frase popular, existen menesteres que son harina de otro costal; aunque soñar con la victoria se veía bien, la situación más aterrizada a la realidad no invitaba al óptimo.

Ojo, no es que fuera imposible ganarle a Puerto Rico, pero el Team Rubio suponía un escollo más complejo que los conjuntos de Panamá y Colombia, tanto por tradición beisbolera como por el nivel de sus integrantes.

La lluvia, aliada en algunas ocasiones y enemiga en otras tantas, hizo acto de presencia en el estadio Hiram Bithorn, de San Juan, para agregarle un poco más de suspenso al choque.

Finalmente, las inclemencias del tiempo permitieron que se diera la voz de play ball y las dos novenas salieran a pelear por un triunfo que suponía más que un juego de béisbol, la diferencia entre la clasificación directa o jugarse el todo por el todo en el día del adiós.

Una primera entrada en ceros para ambos planteles dejaba la escena lista para un duelo de pitcheo entre los abridores Julio Robaina y Elmer Rodríguez.

La designación del alto mando cubano no pudo hacerse justicia y saltó del centro del diamante con una escueta faena de uno y un tercio de entradas en las que permitió tres anotaciones limpias con cuatro indiscutibles, uno de ellos el biangular del receptor puertorriqueño Martin Maldonado con los ángulos congestionados.

Para los dirigidos por el ex grandes ligas Yadier Molina, resultaron tres carreras que los ponían delante en el marcador; para los cubanos, la confirmación de que nuevamente debían remar a contracorriente.

En auxilio del abridor, ingresó el diestro Luis Miguel Romero, quien facturó los dos outs necesarios para finiquitar la entrada.

El lanzador, natural de la más oriental de las provincias cubanas, cedió su puesto a su compañero Yosimar Cousin, quien mantuvo a raya a los boricuas durante dos y dos tercios antes de salir del choque por molestias.

Elmer Rodríguez, pese a problemas de descontrol, se sostuvo en la lomita durante un tercio, en los que apenas le conectaron un indiscutible, no permitió anotaciones y retiró a tres bateadores cubanos por la vía de los strike.

La labor de contención de los serpentineros cubanos quedó en un esfuerzo estéril, tras una nula respuesta ofensiva de los bateores.

Apenas dos indiscutibles salidos de los bates de Alfredo Despaine y Yiddi Cappe fue todo lo que pudo hacer la batería antilla a lo largo de nueve entradas.

Los más hipercríticos dirán que eran necesarios cambios en la alineación, agitar el árbol a ver si caía algun fruto que supusiera una respuesta ante la inexistente ofensiva.

¿Realmente poner algún pelotero del banco daría un desenlace distinto al que terminó sucediendo?¿Los peloteros que se llevaron son los adecuados para un torneo que necesita versatilidad?

Las interrogantes, lejos de perseguir el objetivo de echar más leña al fuego o hacer leña del árbol caído, en este caso de la dirección del conjunto, son un análisis de la realidad de nuestro equipo.

En tres desafíos, en los que apenas se ha bateado, la alineación no ha sufrido variación alguna, aun cuando a las claras salta que muchos peloteros no pasan por un buen estado de forma.

La ausencia de un cuarto jardinero natural en el conjunto, ha obligado a mantener en el roster a un pelotero con condiciones como lo es el agramontino Leonel Moas, pero que su precocidad competitiva en la arena internacional le ha pasado factura.

Con la excepción del zurdo Liván Moinelo abridor del primer partido, los siguientes dos abridores no han trabajado bien aunque uno de ellos pudo llevarse la victoria.

Si se hace una lectura a profundidad de los partidos de Cuba hasta este instante, se nota, a las claras, que las claves del equipo son fabricar las carreras en el primer tercio, que el abridor logre caminar y el relevo pueda sostener la ventaja para que el dúo Yoan López y Raidel Martínez cierre el encuentro.

Una vez uno de los pasos de esa ecuación sale mal, el resultado y la estrategia no pueden desarollarse de manera precisa y obligan a decir que equipos de mayor entidad en nuestra realidad son harina de otro costal.

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Periódico Girón

Sobre el autor: Colectivo de autores

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