Abelardo Estorino, Unión de Reyes, 1925, Premio Nacional de Literatura 1992 y de Teatro, 2002, cumplió este 29 de enero sus 101 años.
Fue en vida llamado el decano de la dramaturgia cubana, recibió numerosos homenajes, como la publicación de sus libros, puestas diversas, también coloquios, como el dedicado en el 2005 a sus 80 años, el cual reunió en Matanzas y Unión de Reyes a algunos de los estudiosos más distinguidos de su obra, así como la presentación de algunas puestas de sus textos, muestras y exposiciones. Fue significativo que el 25 enero del 2005 también una sala en la Casa de la Memoria Escénica se bautizara con su nombre.
Fue y sigue siendo un autor querido, que volvió cada año hasta su muerte a su pueblo natal, a encontrarse con su familia, con el trabajo de Teatro D’ Sur, y el igualmente inolvidable e imprescindible Pedro Vera, su primo.
Unión de Reyes y Matanzas están en la mayoría de su obra, con la denominación de “pueblo de provincia”, en espacios, personajes y atmósferas, que tienen el espíritu de la tierra donde nació y vivió parte de su vida; ese lugar donde quiso ser sepultado. Su casa, en la que vivió desde los ocho años, hasta que se fue a La Habana, “la casa vieja”, la misma de su obra con igual nombre, a la que siempre regresó, la dejaron destruirse, en un acto poco ético, para la memoria de un pueblo y de la nación.
Su obra Vagos rumores le rinde homenaje en el Museo de Esculturas en Madera de la Dramaturgia Cubana, concebida por Adán Rodríguez Falcón. Es quizá la pieza más abstracta de todas, y recuerda uno de sus textos más conocidos y relevantes estéticamente, uno de sus homenajes al poeta y dramaturgo matancero José Jacinto Milanés, autor de obras como El Conde Alarcos.

Insertado en el mismo espacio, el patio de la Casa de la Memoria Escénica, Consejo Provincial de las Artes Escénicas, lleva el nombre de esta obra, estrenada por el propio Estorino con Teatro Estudio, además de por otros colectivos cubanos, incluida la puesta del director que más lo llevó a escena: Pedro Vera.
Leer a Estorino es siempre un placer de lector que no debemos perdernos,
para llegar a los rasgos más significativos de sus obras El robo del cochino,
Morir del cuento, Parece blanca…; las potencialidades de sus historias y
personajes, la belleza de su lenguaje, su capacidad de captar atmósferas y la
identidad nacional.
Estorino fue un buen colega y un gran maestro, colaborativo con las más
jóvenes generaciones de autores cubanos.
Su muerte, el 22 de noviembre de 2013, conmocionó al mundo artístico y
literario de Cuba y más de sus fronteras. Su regreso definitivo al cementerio
local de Unión de Reyes lo dejó para siempre en el pueblo que ayudó a
visibilizar en la literatura y el teatro cubano.
La jornada de teatro, creada por Teatro D’ Sur, comenzó a llamarse con su
nombre.
Este 29 de enero, de muchas maneras, lo hemos recordado. La memoria
consiste en mantener viva la trascendencia de los instantes, los sucesos, el
legado de seres que han alimentado la historia, el espíritu y la identidad de la
nación.
