Siempre hemos intentado que la Casa de la Memoria Escénica se conecte con todos, a las vez que todos se conecten con la Casa. Aunque somos un archivo escénico cubano, las circunstancias históricas, la evolución, la proyección y el aspecto confianza, esencial para la vida y el enriquecimiento de un archivo, han propiciado que se ampliaran los fondos que guardamos hacia otras zonas de la cultura y la sociedad.
No solo son teatro, danza, circo; son, asimismo, otras modalidades escénicas, como el performance o, fundamentalmente, la narración oral escénica, y manifestaciones artísticas como la literatura, las artes visuales, la música, el cine; y no con la mixtura de lo escénico, sino de manera independiente.
La confianza en la Casa de la Memoria Escénica, y en los que la hemos mantenido durante 20 años, ha sido clave para que los fondos se diversificaran, por ejemplo, con lo relacionado con Pérez Prado, desde lo cinematográfico y lo musical; pero también del humor gráfico, con Manuel o Pitín, la vida de músicos, agrupaciones musicales y otros creadores del cine, la televisión.
Lo latinoamericano ha sido una presencia en nuestros fondos, no solo por revistas o libros, como Conjunto o Casa de las Américas, sino también por la colección que desde 1994 se creó sobre lo mejor de la teoría, la historia, la crítica y la dramaturgia latinoamericana, que a partir del 2005 se enriqueció de una manera consciente y especializada, en lo que hoy es La Selva Oscura.
Muchos contribuyeron a ello, el Departamento de Casa de las Américas, Ollantay Center, de Nueva York, la editorial Paso de Gato, Tablas Alarcos, entre otros; además de nuestros creadores, que en su participación en eventos internacionales en Latinoamérica contribuyeron a ello.
Su rol ha sido esencial en potenciar esta área de trabajo, con fotografías, programas de manos, afiches, dossieres, procedentes de giras, eventos y festivales.
Pero el patrimonio latinoamericano también se enriqueció con diversas publicaciones y materiales que llegaron a nosotros mediante los eventos generados en Matanzas, y que la Casa de la Memoria Escénica asumió, como el Taller Internacional de Teatro de Títeres, la Jornada de Teatro Callejero, el Danzandos, el Mayo Teatral, entre otros; y la presentación en nuestros escenarios de colectivos latinoamericanos de Colombia, México, Costa Rica, Argentina, Brasil, Chile, Nicaragua…
La presencia de artistas escénicos latinoamericanos en la ciudad ha propiciado varios materiales para los archivos, que van desde documentales, videos de puestas, fragmentos de escenas, entrevistas (en audio o audiovisual) de creadores, actores, dramaturgos, coreógrafos, directores teatrales, fotografías….
Por último, una obra latinoamericana también llegó al Museo de Esculturas en Madera de la Dramaturgia Cubana: La edad de la ciruela, de Arístides Vargas, pero como obra coreográfica de la maestra Liliam Padrón, para la Compañía Danza Espiral.
Se inauguró como homenaje a la maestra, y a sus conexiones con la dramaturgia. Quizás es la pieza más controvertida de las 25 que se han develado, precisamente por ser de un autor latinoamericano. A la vez, rinde homenaje a la creación dancística, a la manera de Lilita de reinterpretar un texto dramático. Lo cierto es que se trata de un inmenso zipper, metáfora en la que, de alguna manera, están Aristides y Charo, y Lilita y Gelsy.
El II Laboratorio Archivo de la Memoria Escénica constituye un recorrido por los archivos, la memoria y las identidades, reflexionar sobre las conexiones con Latinoamérica, de la que formamos parte. Es una vía para mirarnos desde dentro, con la perspectiva de la archivística, la bibliotecología y la museología escénica. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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