«Teresita Fernández un reflejo de la belleza en la mirada estacionera»

Recital homenaje a Teresita Fernández

Traducir amor, tristeza y melancolía en canciones, resultó el sello plasmado en cada letra de Teresita Fernández y para la Compañía Teatro de las Estaciones no hay modo mejor de homenajear tal obra, que llevarla desde el tablón hasta el alma de la infancia.

El concierto Canciones viejas siempre nuevas, a cargo de la cantante Olga Blanco Rodríguez y con la dirección musical y arreglos de Raúl Valdés, devino la oportunidad para traer de vuelta piezas de la autoría de la destacada trovadora al escenario de la Sala Pepe Camejo.

La música de Teresita -afirmó Rubén Darío Salazar, director artístico del espectáculo- posee el don de permanecer siempre, esa eternidad supone motivo de festejo para la compañía teatral y desde el cariño y el respeto evocan a la autora de Titiritero y el Gatico Vinagrito.

Chicharrita, Maruquita la cotorrita y Señora Manatí, figuran entre las canciones que acompañadas por los títeres, escenografía y vestuarios diseñados por Zenén Calero Medina, cautivaron a los matanceros durante dos jornadas, insuficientes ante la cantidad de público dispuesto a revivir la infancia.

«Yo me siento en casa, llegar a Estaciones, estar entre ellos, es volver a aquellos años sinónimo de comienzo, del primer verano y primavera. No podía faltar a esta puesta en escena, tenía montada la canción Rani y con ella regresé a este lugar que extraño», contó Freddy Maragoto.

Una lista en el bolsillo de Rubén Darío Salazar fue necesaria para referir, sin omisión alguna, los animales a los que la villaclareña abrazó con música. Es precisamente, este espectáculo muestra de la sensibilidad de la también pedagoga con la naturaleza.

«Escogimos a una defensora del reino animal, pienso que alguien que le ha cantando a la inmensa ballena y hasta al grillo, es una enamorada de la vida y de todo lo que en la vida se debe respetar, Teresita nunca fue ajena a esa belleza que está en peligro», explicó Salazar Taquechel.

La voz dulce de Olga Blanco, unida a las notas interpretadas por Doly Díaz, Patricia García e Irina Madrazo, colmaron de alegrías y magia las tablas de la casa de Pelusín, como preludio de la presentación que los capitalinos podrán disfrutar en la Sala Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes.

«Es un anhelo de muchos años, hacer un concierto para niños, y materializarlo en las canciones de Teresita Fernández y junto a Teatro de las Estaciones ha sido sencillamente fantástico», destacó Olga Blanco, tras cumplir su sueño a tres décadas de vida artística.

La armonía entre los elementos que componen el espacio escénico y la propia interpretación musical -argumentó Blanco- constituye un reto divertido, logrado desde el respeto y el rigor, depositados en la complicidad de los actores y el solista.

A pesar de la utilización de sonoridades contemporáneas, la intención de cada arreglo en las manos de Raúl Valdés, resultó preservar el espíritu de los primeros temas, sin atentar contra la ternura y la sinceridad propia de las piezas dirigidas a iluminar la infancia.

«Crecí con las canciones de Teresita, y justo, la elección de estos temas fue hacia los menos conocidos, con el propósito de llevarle a los niños esa parte de la obra y resaltar la extraordinaria trayectoria de nuestra cantora mayor», contó Valdés.

«Tuve la oportunidad de conocer a Teresita y es lamentable que ella no esté físicamente para disfrutar desde los asientos, allí junto al público, de este espectáculo, pienso que también le hubiese gustado mucho», añadió, además, el músico cautivado por el teatro.

¿Cómo cantarle a los pequeños sin abrigarlos en el escenario? Y es que en esta ocasión la joven Compañía Gaby y Sofi compartió el momento con Teatro de las Estaciones, oportunidad para mostrar lo mejor de cada manifestación artística insertada en la puesta.

«Los niños son como una materia para esculpir, como el barro virgen y es importante saber qué les das, qué les ofreces, de qué manera los formas, los estimulas, sin dejar de estar en su piel y en sus edades», insistió Rubén Darío Salazar.

Lo viejo -recalcó el Maestro de Juventudes- es todo aquello que no tiene espíritu, sustentado en una vanidad fatua o superficialidad pasajera, lo viejo, por años, si es bueno es siempre nuevo.

«Teresita es parte de la banda sonora de muchos cubanos. Cuando uno pone en escena a nuestra cantora traduce lo mejor del alma cubana», finalizó el director del grupo titiritero encargado de abrir el cofre de tesoros infinitos con el nombre de una de las más destacadas intérpretes para niños.

Cualquier ocasión será oportuna para balancearse otra vez en el sillón y sentir el calor de mamá, mientras tararea esas canciones donde el amor cierra los párpados, cansados ante la faena de crecer y soñar alto. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)


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