En un contundente mensaje a través de su perfil en la red social X, el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, aclaró este lunes la inexistencia de conversaciones sustantivas con el gobierno de Estados Unidos, al tiempo que reafirmó la histórica disposición de Cuba a sostener un diálogo serio y en igualdad de condiciones.
“No existen conversaciones con el gobierno de EE.UU., salvo contactos técnicos en el ámbito migratorio», afirmó el mandatario cubano, haciendo referencia a los encuentros bilaterales que se mantienen para revisar la implementación de los Acuerdos Migratorios vigentes desde 1984.
Sin embargo, Díaz-Canel fue enfático al señalar que «Siempre hemos tenido disposición a sostener un diálogo serio y responsable con los distintos gobiernos de EE.UU., incluido el actual, sobre bases de igualdad soberana, respeto mutuo, principios de Derecho Internacional, beneficio recíproco, sin injerencia en asuntos internos y con pleno respeto a nuestra independencia».
Estas declaraciones se producen en un momento de escalada retórica y presión económica por parte de la administración del presidente estadounidense Donald Trump, quien recientemente advirtió a Cuba de que «ya no le llegará más petróleo venezolano» tras la captura de Nicolás Maduro y sugirió que «le valía llegar a un acuerdo».
Trump afirmó en redes sociales que Cuba ha vivido «de grandes cantidades de petróleo y dinero de Venezuela» a cambio de servicios de seguridad, y declaró: «¡NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA! ¡CERO!… Sugiero encarecidamente que hagan un trato, antes de que sea demasiado tarde».
El Gobierno cubano rechazó categóricamente estas presiones y cualquier intento de injerencia. «Nadie nos dicta lo que hacemos», afirmó el presidente cubano el domingo en X, mientras que, en otro mensaje, cuestionó la autoridad moral de Washington: «No tienen moral para señalar a Cuba en nada, absolutamente en nada, quienes convierten todo en negocio, incluso las vidas humanas».
El mandatario responsabilizó a las «draconianas medidas de asfixia extrema» de Estados Unidos, aplicadas durante seis décadas, por las severas carencias económicas que enfrenta la Isla, y calificó a quienes culpan a la Revolución de «enfermos de rabia por la decisión soberana de este pueblo de elegir su modelo político».
En sus reflexiones, Díaz-Canel también abordó el complejo tema migratorio. Afirmó que «el origen y extremo endurecimiento del bloqueo no tienen relación con los cubanos residentes en EE.UU., empujados allí por esa política fallida y por los privilegios de la Ley de Ajuste Cubano».
El presidente señaló que estos ciudadanos son ahora «víctimas del cambio en las políticas hacia los migrantes y de la traición de los políticos de Miami», en referencia a las recientes amenazas de deportaciones masivas. Reiteró que «Existen Acuerdos Migratorios bilaterales en vigor que Cuba cumple escrupulosamente», recordando el compromiso mutuo de garantizar una migración «regular, segura y ordenada».
Esta postura encuentra respaldo en declaraciones previas del viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, quien en marzo de 2025 destacó que Estados Unidos ha utilizado históricamente la política migratoria como «herramienta de desestabilización contra Cuba», primero para «drenarnos de profesionales» y luego «estimulándolos a utilizar vías irregulares».
Ante este escenario de tensión, la República Bolivariana de Venezuela emitió ayer un comunicado oficial reafirmando su «postura histórica de hermandad con Cuba», cimentada en «la solidaridad, la cooperación y la complementariedad».
Venezuela ratificó que las relaciones internacionales deben regirse por «los principios del Derecho Internacional, la no intervención, la igualdad soberana de los Estados y la libre determinación de los pueblos», y subrayó que «el diálogo político y diplomático es el único camino para dirimir de manera pacífica controversias de cualquier naturaleza».
Esta visión es compartida plenamente por la dirección cubana. Díaz-Canel concluyó su mensaje expresando «Como demuestra la historia, las relaciones entre EE.UU. y Cuba, para que avancen, deben basarse en el Derecho Internacional en vez de en la hostilidad, la amenaza y la coerción económica».
La posición de Cuba, expuesta con claridad por su presidente, mantiene la puerta abierta al entendimiento, pero traza una línea inquebrantable en defensa de su soberanía y su derecho a la autodeterminación, frente a lo que califica como un recrudecimiento de la hostilidad histórica por parte de Estados Unidos.
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