Del blanco al azul. Así se mueve, en sus trilogías, el joven Nelson Beatón (Holguín, 1996), un dramaturgo radical o que pretende serlo. Blanco, su primera obra, fue Premio de Dramaturgia Dora Alonso 2020.
En Azul Meyerhold, Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas 2024, publicado por Ediciones Matanzas, el protagonista es Vsovolod Meyerhold (Penza, 1874-Moscú, 1940), el famoso director y teórico ruso, una de las figuras claves del teatro contemporáneo junto a Constantín Stanislavski, que es también uno de los personajes de la obra.
Hay dos cosas significativas a apuntar. Beatón, a pesar de su juventud, ha ido creando una poética que lo define. Segundo: su teatro se particulariza por la indagación de una realidad, un corpus literario, un universo estético europeo, alejado de nuestra calidez tropical y, sin embargo, en esas inmersiones hay una profunda conexión sutil, referencial, a nuestras realidades, con signos que pertenecen al universo de todos los seres humanos.
En Azul Meyerhold, Beatón estructura su narrativa desde la metáfora, abordando sucesos significativos de la trama que nos representa: El arquero, La bofetada y El salto en el pecho refieren instantes trágicos de la vida de los personajes y una manera de adentrarse en la genialidad, la tragedia de Meyerhold o de Stanislavski, que es un fragmento fundamental de la historia del teatro, que aún incide entre nosotros. Es también la tragedia de dos genios en el marco de la revolución rusa.

Caracteriza a los personajes desde la propia presentación de cada uno, describe estados físicos y psicológicos que marcan los rasgos específicos de estos, que sugieren a futuros actores y directores la forma en que el autor visibiliza la representación, cómo se mueven, viven, están en conflictos. Beatón indica, propone y desafía desde el texto a futuros directores. Hay algo en su escritura del autor-director.
En Azul Meyerhold, el significativo director ruso, el que promovió la biomecánica, con la sensibilidad y fuerza abrumadora para remover el teatro y a la sociedad en el Estado soviético, es quien avanza con El pájaro azul, de Meterlink, hacia un punto en el que se define su vida, y el teatro que fue y va a continuar siendo.

A esa precisa etapa, de destellos luminosos y a la vez trágicos, Beatón nos lleva en Azul (el azul atmósfera, signo estético, motivación para el caos, relación con otros planos temporales); un texto que se mueve entre el paratexto, el teatro dentro del teatro, el documento, la apropiación; porque la creación escénica, su carácter innovador, revolucionario, es lo que provoca conflictos estéticos, sociales, ideológicos y humanos.
Azul es un texto que asume la propia visión de la escena, de los maestros a los que rinde homenaje, fusión de imágenes, sonidos, músicas, sensaciones corporales y vocales, en un destino al estilo de las tragedias de Esquilo, que traza las líneas tormentosas en que se desarrolla la estructura, el movimiento de lo que acontece.
Es también una provocación que nos lleva a la intimidad del teatro, que es la de la sociedad que rebasa los límites de la exclusión, y que nos conduce a la muerte-vida de Meyerhold y a su teatro experimental e iluminador.
Hay un disparo-metáfora. Y ese disparo es precisamente el destello que revela el presente y el futuro. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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