La primera carga al machete mambisa: terror en las tropas españolas

Máximo Gómez

El general Máximo Gómez fue artífice de la primera carga al machete realizada por el Ejército Libertador cubano. Foto: Álbum El Generalísimo

Entre los primeros reconocimientos alcanzados por el Mayor General Máximo Gómez, cuando participaba en la guerra por la independencia cubana, sin lugar a duda se encuentra el que lo destaca como el artífice de la primera carga al machete realizada por el Ejército Libertador cubano.

Gómez se alistó en el ejército mambí seis días después del alzamiento de La Demajagua, el 16 de octubre de 1868, con el grado de sargento. Pocos días más adelante Carlos Manuel de Céspedes, teniendo en cuenta la experiencia militar del dominicano, lo ascendió al grado de general, y le dio la misión de organizar militarmente la tropa que comandaba su coterráneo, el general Donato Mármol, acantonada en Jiguaní.

El general recorrió el campamento mambí de Mármol y comprobó que la llamada «tropa» la integraban campesinos sin ninguna experiencia militar, casi desarmados, o con viejas armas y con una alta disposición combativa.

EL ENTRENAMIENTO EN EL USO DEL MACHETE

Del contingente Gómez seleccionó unos 200 hombres bajo su mando. El dominicano de inmediato comenzó a enseñarles a sus bisoños soldados, un elemental entrenamiento táctico, estratégico y el uso del machete como arma de combate, teniendo en cuenta que partía de cero y que carecía de un apropiado armamento y casi todos portaban ese instrumento de trabajo.

Entre tanto, el Capitán General Francisco Lersundi había dado precisas instrucciones para que enviaran tropas desde Santiago de Cuba, con el fin de restablecer el orden tras el levantamiento independentista del 10 de octubre y la inminente caída de la ciudad de Bayamo.

A tales efectos partió de la capital oriental el coronel Demetrio Quirós Weyler, jefe del 7mo. Regimiento Cuba, con una columna volante, también con el mismo nombre, integrada por unos 700 efectivos regulares  y una sección de artillería de montaña.

Los mambises blandiendo sus filosos machetes, caían sobre la sorprendida tropa española macheteándola. Foto: Album Páginas de Gloria
Los mambises blandiendo sus filosos machetes, caían sobre la sorprendida tropa española macheteándola. Foto: Album Páginas de Gloria

El 20 los mambises tomaron la ciudad de Bayamo, y ese mismo día la columna española llegó a la confluencia de los ríos Guaninao y Contramaestre, donde se ubicaba una tienda conocida como Venta de Casanova, defendida por el coronel mambí Rafael Cabrera con unos 150 combatientes mal armados.

Los insurrectos cubanos tenían previsto aprovechar el momento en que la columna vadeara los obstáculos del río para, en ese instante, atacarlos. Además, se parapetaron detrás de cercas de maya, abrieron algunas trincheras y obstaculizaron el camino con árboles y zanjas, pero la inexperiencia militar trajo como consecuencia que los exploradores españoles los descubrieran y a cañonazos,con el apoyo de fuerzas de infantería, los desalojaron de la posición y también a los que defendían Venta de Casanova.

Una vez neutralizados los inexpertos mambises, el general Quirós entró al poblado de Baire como Pedro por su casa, envalentonado por la fácil victoria. Allí permaneció, inexplicablemente, cuatro días dándole descanso a sus soldados mientras las fuerzas mambisas aprovecharon ese tiempo para reagruparse en torno al campamento español.

LA ASTUCIA DE GÓMEZ

Gómez tenía la misión de defender Jiguaní, tal y como lo había ordenado el general Donato Mármol, pero realmente no existían posibilidades de poder contener el ataque de las fuerzas españolas por el número de hombres y de armas, muy superior a su inexperta y mal armada tropa.

Por eso el astuto general dominicano tomó las siguientes decisiones: 1) Escoger el teatro de operaciones donde le fuera más favorable combatir, 2) Realizar acciones de desinformación para atraer al enemigo a la emboscada, 3) Ocultarse en la espesura y utilizar el factor sorpresa para cargar sobre el enemigo.

Situó varias emboscadas a la salida de Baire, en el camino en dirección a Jiguaní, que a ambos lados tenía una tupida maleza que impedía poder detectar a una persona que se ocultara en ella, a lo largo de Venta del Pino, a un kilómetro de Baire. Y justo por allí tenían que pasar las tropas españolas.

Mapa del combate de Venta del Pino y la situación de las tropas mambisas y españolas. Historia Militar de Cuba, T-2 Foto: Archivo de Granma
Mapa del combate de Venta del Pino y la situación de las tropas mambisas y españolas. Historia Militar de Cuba, T-2 Foto: Archivo de Granma.

Al amanecer del día 26, aprovechando una espesa niebla, la vanguardia mambisa –unos 25 hombres-, bajo el mando del teniente Ismael Mena, choca con una patrulla de exploración española en el camino real, captura dos de ellos y los desaloja de Venta del Pino, situada en el entronque del camino al Cobre y Callejón de Ahogaperros, a un kilómetro al oeste de Baire.

Las horas pasaban y los soldados de Quirós seguían sin aparecer. Entonces Gómez comenzó a enviar parejas de jinetes para que tirotearan el poblado de Baire y luego galoparan de vuelta a Jiguaní, y así provocar a los españoles.

Luego de varias acciones el general hispano perdió la calma y envió dos compañías -unos 200 soldados-, en persecución de los atrevidos insurrectos, mientras sus fuerzas principales y su artillería defendían Baire. Tenía información de que permanecían en Jiguaní, pero no era así. Por la noche Gómez, en silencio, los había trasladado para las emboscadas que tenía montadas cerca de Baire.

Inexplicablemente, las compañías españolas avanzaron en columna por un camino de 17 metros de ancho cubierto de frondosos árboles y espesas malezas, tan confiadamente hacia su objetivo, al punto de saltarse la exploración y la seguridad de la marcha. Este sería uno de los más graves errores cometidos por las tropas hispanas.

LA CARGA AL MACHETE

Poco antes de llegar a la tienda comenzó el tiroteo. Por las características del terreno los españoles no podían replegarse por el camino, ni emplear de forma efectiva su cadencia de tiro. Solo la vanguardia podía hacerlo.

Cuando avanzaban no pudieron detectar las emboscadas que el general mambí había montado. Unos 35 o 40 hombres permanecían camuflados y tumbados en ambas orillas del camino, esperando la señal para atacar.

Tipos de machetes que utilizaban los mambises. El libro del mambí, Juan Padrón. Foto: Álbum El Generalísimo
Tipos de machetes que utilizaban los mambises. El libro del mambí, Juan Padrón. Foto: Álbum El Generalísimo

Gómez esperó el momento en que los soldados españoles en una salva habían disparado y descargado sus fusiles de «avancarga» (que se cargan por el cañón), para saltar al camino al grito de ¡al machete!, seguido por los mambises que blandiendo sus filosos machetes, caían sobre la sorprendida tropa española macheteándola.

Los soldados hispanos que marchaban delante no podían disparar sus fusiles en defensa de sus compañeros porque la pelea era cuerpo a cuerpo y era imposible distinguir a unos de otros. Quedaron estupefactos por el feroz combate y no pudieron prevenir que se les venían encima otros mambises en otra fulminante carga al machete.

El general Quiros envió fuerzas en auxilio de su casi aniquilada vanguardia, pero era demasiado tarde. Los mambises los recibieron con fuego desde el monte y se replegaron, mientras los españoles inútilmente batían la espesura con sus piezas de artillería.

Los cubanos calculan en 200 las bajas enemigas, cifra que parece muy alta. Mientras los españoles reconocen 28, baja para un combate de esa envergadura.

El entonces comandante Benjamín Ramírez, héroe de este combate, ha narrado:

«Este fue muy reñido hasta el extremo que le dimos al enemigo dos cargas al machete. A pesar de que los españoles hicieron uso de la artillería, nos enredamos unos y otros en un combate cuerpo a cuerpo muy animado: hubo un soldado a quien uno de los nuestros le trozó la carabina de un machetazo».

En su reporte al capitán general de Cuba, Quirós escribió:

«Yo mismo he presenciado, Excelentísimo Señor, el terrible momento en que el enemigo, esa sección armada de machetes, salió al camino y atacó con feroz empeño, machete en mano, esas dos compañías… Siete cuartos de hora de ruda pelea al arma banca…». Mintió, por supuesto: ni el general estuvo allí, ni un combate al arma blanca dura tanto tiempo.

Aclaración: Máximo Gómez data esta acción el 4 de noviembre, pero realmente ocurrió el 26 de octubre.

Fuentes:

Historia Militar de Cuba, T-2 (1868-1878)

Combate de Pino de Baire, mito y realidad, por Aldo Daniel Naranjo


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