Palacio de Pioneros de Cárdenas: Salvar la casa de los pioneros

El Palacio de Pioneros Yolanda y Fermín, de Cárdenas, se encuentra en un proceso de reparación capital.

La casona de madera está cerrada. Por algunas de sus ventanas alcanzan a verse las paredes azules, un gran mural y una vieja escalera. Los curiosos la miran como si trataran de descifrar las historias que se esconden tras el silencio y el deterioro. Definitivamente, quienes la conocen bien la observan con nostalgia. Para ellos aunque parezca desierta, de alguna forma nunca llega a estar vacía porque allí viven los mejores recuerdos de varias generaciones de cardenenses que pasaron por el palacio de pioneros.

Julio Félix Au Serrano tiene la esperanza de que el Palacio abra a los pioneros y su hijo pequeño tenga la oportunidad de crecer en él.

Julio Félix Au Serrano camina despacio por el patio, tiene la costumbre de bordear el Palacio de Pioneros Yolanda y Fermín, de Cárdenas. Varios pasajes en el círculo de interés de Pioneros Marinos despiertan en su mente. El olor a madera sigue fresco en la memoria, mientras escucha pasos apresurados subiendo los escalones entre el bullicio de los muchachos.

Desde el año pasado comenzó la reparación del antiguo edificio y el cardenense nunca pensó que volvería como custodio de la Empresa de Seguridad y Protección de la Construcción al lugar donde disfrutó gran parte de su infancia y aprendió conocimientos útiles para la vida. 

A veces lo visita Julián, su niño de seis años. En el tiempo de descanso le toma fotos a la entrada, junto a la fuente o el busto de Martí. Ahora tiene más esperanzas que nunca de que el local abra nuevamente a los pioneros y el más pequeño tenga la oportunidad de crecer en ese espacio, algo que su hijo mayor no pudo hacer porque sus puertas estaban cerradas.

UN PALACIO SIN PIONEROS

Niola Chartrand Céspedes llegó al Palacio de Pioneros en 2008 y desde entonces ese ha sido su segundo hogar. En aquel momento ya el centro sentía sobre su estructura el indiscutible paso del tiempo, por lo que se sumó como directiva al reclamo de trabajadores, vecinos y la población en general por rescatarlo. 

La casa quinta Villa Onelia, construida en 1948, es considerada un ejemplo excepcional de la arquitectura de madera, así lo confirma el libro Las Villas y Matanzas. Guía de Arquitectura y Paisaje. Sin embargo, más allá del valor patrimonial encierra un valor sentimental para la población, tras convertirse en la casa de los pioneros.

Según cuenta Niola este es uno de los palacios más antiguos del país con mucha tradición y excelentes resultados en cuanto a la formación vocacional. “Los cardenenses se ven identificados con la institución en la que aprendían directamente de la producción y los servicios de organismos y empresas. Un sitio de formación científica, cultural y deportiva, donde se realizaban diversas actividades incluidas las del Movimiento de Pioneros Exploradores”.

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Aunque actualmente se mantiene la formación vocacional en aulas y entidades, los niños y adolescentes desconocen la verdadera vida de un palacio de pioneros. De cierta forma su misión se desvanece ante la ausencia de las actividades para las que están diseñados estos centros en su espacio habitual.

Las pertenencias donadas por la familia de los niños Yolanda y Fermín, asesinados por una banda de alzados en 1963, esperan en un museo por regresar a la sala principal del inmueble cuando abra sus puertas. Para Niola no hay mejor forma de honrar el nombre de estas víctimas que los niños crezcan junto a la exposición de estas piezas y conozcan su historia.

Hoy en día la comunidad percibe las labores que se ejecutan en esa área con la contribución del uno por ciento del gobierno local y se mantienen pendientes de su evolución. En una zona rodeada de centros educacionales, la vecina Inés asegura que dicho sitio era el alma del lugar.

“Las escuelas guardan esa disciplina rígida. En cambio, aquí los pequeños hablan y se desenvuelven como obreros. Ves a los torneros que conversan mientras echan a andar sus máquinas, las enfermeras cuidan al bebé en su incubadora, los maestros diseñan juegos didácticos, los petroleros accionan su torre. Esa alegría se va por encima de la cerca y todos los vecinos disfrutan de esos momentos”.

PARA NO PERDER LA CASONA

La reja recién restaurada y la cerca perimetral anuncian que se ejecutan labores constructivas. Al fondo trabajan especialistas y obreros del grupo de Creación Artística Art López, entre ellos la arquitecta Lisa Martínez González, rodeada de planos y con el casco próximo por si necesita volver a la obra.

La arquitecta Lisa Martínez González explica que realizaron una demolición controlada con apuntalamiento para proteger la estructura original.

“El inmueble se encontraba en muy malas condiciones. La madera presentaba un alto grado de deterioro, en gran medida debido a la existencia de hongos y plagas. Al ver el estado de la cimentación sobre todo del área trasera, que posee dos niveles, entendimos de verdad que sería una labor complicada”, explica la joven egresada de la ciudad universitaria José Antonio Echeverría.

Cuando llegó la propuesta de enfrentar esta obra, los jefes del grupo José Raúl Gutiérrez López y Karel López Valenzuela accedieron, pues la vieron como un paso importante en el crecimiento profesional del equipo, luego de asumir otros trabajos importantes, por ejemplo en el inmueble La Estrella del Parque Josone.

“Si bien la demolición total de la casa parecía lo más fácil, no escogimos ese camino porque atentaba contra la estructura original. Hoy muchos se sorprenden al ver que suspendimos la casa prácticamente ‘en el aire’ en un proceso de apuntalamiento para no comprometer los ejes principales.

“Estudiamos bien el sitio. Las medidas hay que tocarlas con la mano, subimos hasta el ático tomando todas las precauciones. Entonces vimos que la casa comenzó a destruirse por un problema de filtración en el segundo nivel. También las tejas ya estaban fallando. Durante ese proceso nos dimos cuenta de lo que hacía falta hacer”, comenta José Raúl.

Lisa expresa que el hecho de decidirse por la demolición controlada con apuntalamiento ha exigido una retroalimentación constante con ingenieros y otros expertos, principalmente para garantizar la estabilidad de la casa y que quede en perfectas condiciones.

“Estamos trabajando con madera nacional, que se somete al tratamiento fitosanitario necesario. Queremos que quede con las secciones principales, con las cargas, con los refuerzos, eso es lo más decisivo. Una parte de atrás es la única que va a tener albañilería al ser la más afectada por la humedad, entonces adoptamos otro sistema constructivo”, precisa.

La reparación capital consta de tres etapas de ejecución. Tras concluir la cimentación, la restauración del muro de la fachada, el sistema de columnas y pináculos, la herrería y el fregado de toda la piedra original, ahora se encuentran inmersos en la segunda, haciendo la estructura, o sea, preparando la madera, los tabiques en las carpinterías para luego montarlas en la obra.

Según Lisa luego de un levantamiento definieron los elementos originales que pueden rescatarse, entre ellos la escalera de una de las habitaciones principales que permite el acceso al segundo nivel, los marcos, las columnas y las crujías de maderas preciosas que todavía presentan buenas condiciones. Mientras, otros elementos se reproducirán a partir de muestras.

EN UN FUTURO, VOLVER

La joven cardenense Maydelis Álvarez Fernández pasa de la mano de su hijo Owen por ese barrio. Le habla de cuando jugaba a ser trabajadora de correos, enfermera o veterinaria, pero lo que más la emociona son sus experiencias dentro del Movimiento de Pioneros Exploradores en el patio de la casona.

“En las áreas verdes montábamos la pista de nudos, los tableros, la rosa náutica…  y aprendíamos las habilidades del explorador. Las reuniones de la tropa se hacían allí. Dedicábamos el horario libre a los entrenamientos, poco a poco se fue convirtiendo en un estilo de vida. De igual forma, nos exigían buenos resultados académicos. En cada actividad socializábamos y nos volvíamos más independientes.

“Fuimos competidores hasta 9no grado, incluso, después muchos participamos como árbitros en escuelas primarias y secundarias básicas. Nos convertimos en una gran familia. Tal es así que a pesar de los años mantengo los mejores lazos de amistad con los integrantes de aquella tropa y lamentamos la pérdida reciente de uno de los entrenadores”, relata la muchacha.

Cuando le pusieron aquella cinta al palacio con el fin de limitar el paso porque estaba en peligro de derrumbe, Maydelis sintió un dolor enorme. Confiesa que solo quisiera volver con sus hijos en un futuro y disfrutar con ellos de experiencias similares que ayudan a crecer como personas de bien.

Por el momento, Julio se conforma con compartir con sus hijos mucho de lo que aprendió en ese lugar. En los días de descanso van a pescar juntos, uno de sus hobbys preferidos, hablan de anzuelos, nudos y de la diversidad de peces.

Aunque viene de una familia de pescadores, eligió adentrarse en la vida de los pioneros marinos para adquirir más conocimientos hasta convertirse en el “experto de la casa” en cuestiones de cabuyería y señalizaciones de barcos.

“Aquí aprendí a tejer mi primer trasmallo, eso me sirvió porque años después los he utilizado en los días de pesca. Nunca necesito que otros hagan ese trabajo por mí. Recuerdo la adrenalina en las competencias y los instructores eran muy dedicados, despertaban el interés con sus explicaciones”, agrega. 

Un mismo sitio conecta estas y otras miles de personas en el tiempo. La reparación del emblemático centro con la prontitud y calidad necesarias será fundamental para recuperar su verdadera esencia, será la única manera de salvar esos recuerdos atrapados entre tablones y continuar tejiendo historias que fortalecen el amor por el terruño.  (Fotos: De la autora y cortesía del grupo de Creación Artística Art López)

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Sobre el autor: Anet Martínez Suárez

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