Museo Farmacéutico de Matanzas: donde la historia convida (+Fotos y video)

Museo Farmacéutico de Matanzas

Regresar al Museo Farmacéutico de Matanzas siempre es un privilegio. El céntrico inmueble ubicado en la calle Milanés, justo frente al Parque de la Libertad, atesora un pedazo de la historia de las ciencias farmacéuticas en Cuba y América Latina.

Traspasar su puerta es como hacer un viaje al siglo XIX. Allí cada objeto ocupa su lugar primigenio: un reloj de pared, símbolo de la transición entre el reloj de cuerda y el eléctrico y una lámpara de arco eléctrico, unas de las pocas existentes en el continente y antecesora del alumbrado público, son algunas de las piezas distintivas del lugar rescatadas recientemente.

El Museo Farmacéutico es Monumento Nacional y
Premio Nacional de Restauración 2008.

Aquí se preserva la única botica francesa de finales del siglo XIX, original y completa, existente en el mundo. Fundada el 1 de enero de 1882 por el Doctor Ernesto Triolet fue convertida en Museo el domingo 1 de mayo de 1964 y hoy cumple 58 años al servicio del pueblo. Gracias al desprendimiento de Ernesto Triolet Figueroa, quien al nacionalizar el inmueble donó todos sus bienes a la humanidad, como prefiere decir Marcia Brito, directora de esta institución desde hace cuatro décadas.

El local con colecciones únicas, de alto valor patrimonial y de carácter excepcional muestra 55 tomos de los libros de asentamiento de recetas, instrumental original hecho en cobre y bronce, más de 146 000 frascos de cristal y la colección de frascos de farmacia más numerosa del mundo perteneciente a una misma botica, confeccionados en Nueva York.

Asimismo, el visitante puede apreciar la majestuosidad del inmueble construido en solo 10 meses, la presentación del producto farmacéutico del siglo XIX y la estética de las estanterías.

Por sus salas transitó la doctora Dolores de Figueroa, esposa de Ernesto y primera mujer farmacéutica de Cuba, graduada en la Universidad de Nueva York y pionera en establecer la composición de las aguas de los manantiales de la Purísima Concepción, en la actualidad Ciego Montero. Aquí bajo su dirección también se instaló la primera cabina telefónica de la ciudad en octubre de 1913.

Junto a las antiguas pócimas, impregnando un soplo de modernidad al sitio, pueden observarse tres dosis de Abdala, vacuna anticovid con la que fueron inoculados los matanceros, donadas a la institución en el Día de la Medicina Latinoamericana por la Dirección de Farmacias de Matanzas.

No ser un Museo montado, y estar dispuesto de la misma forma en que se concibió la Botica, sin vitrinas, ni pies de exponentes hacen del recorrido un verdadero encuentro con el pasado y significa además un reto para sus trabajadores, quienes  preservan y enaltecen el trabajo de las ciencias médicas farmacéuticas de otras épocas.

Marcia ha dedicado cuatro décadas de su vida a preservar este Museo.

“Conservamos los avances científico-técnicos de más de un siglo, las colecciones exhibidas forman parte de la estructura museológica y museográfica y son las mismas que estaban en 1964 y llevaban 82 años aquí, gracias al trabajo de la familia Triolet Figueroa y de otras tantas personas”, agrega Brito.

Allí todos los procesos son imprescindibles, desde la conservación para proteger las valiosas piezas hasta la investigación, pues detrás de cada historia narrada a los visitantes debe existir un fundamento científico. También es vital el control de los bienes patrimoniales, complejo si tenemos en cuenta que se hace de forma manual, sin ningún medio de informatización.

Para Marcia Brito el año 2022 ha sido muy importante para el Museo Farmacéutico porque concluyen la Jornada por el aniversario 140 de la fundación de la Botica Francesa e inician la del aniversario 58 de la creación del Museo con desafíos que van desde el cuidado de esta joya hasta fortalecer el vínculo con la comunidad.   

“Realizamos actividades de extensión, museos móviles, charlas, conferencias, cursos en distintos lugares de la ciudad como centros estudiantiles y laborales y ello ayuda a que la gente nos visite. También tenemos buenas relaciones con las universidades, con las escuelas dedicadas al turismo, los laboratorios de Labiofam con estudiosos de las ciencias farmacéuticas, y muchas otras personas que utilizan nuestro arsenal científico como fundamento de sus investigaciones”, dice.

Además, laboran en el expediente para presentar a la Unesco con el propósito de declarar a la institución como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Todo ello ha permitido que hayan recibido recientemente la condición de Colectivo Distinguido, otorgada por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura.

“Nos enorgullece que este lugar se haya abierto precisamente para conmemorar el Día de los Trabajadores porque aquí se ha laborado mucho y de la mejor manera posible con conocimiento y alegría. Somos conscientes de que los visitantes nos están regalando su tiempo y deben salir satisfechos.

“Solo con pasión, con profesionalidad, entrega y mucho sacrificio se logra mantener una Botica que tiene cientos de miles de exponentes de bienes patrimoniales”, concluye esta mujer que ha dedicado cuatro décadas de su vida a este museo vivo.       

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Sobre el autor: Jessica Acevedo Alfonso

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