Alianny Miranda, enfermera: el arte de servir y acompañar

Alianny Miranda, enfermera: el arte de servir y acompañar

Hay imágenes que no necesitan explicación, pero sí merecen una historia. Cada día, quienes visitan el Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Faustino Pérez de Matanzas se topan con una valla de grandes proporciones donde un rostro sostiene, sin palabras, el peso simbólico de toda una profesión. Esa mujer de mirada serena y bata impecable, la primera a la izquierda, no es modelo anónima ni metáfora publicitaria: se llama Alianny Miranda Ceballos y representa, literal y profundamente, a las enfermeras de su institución. Mas, lo que la lona no revela es que detrás de esa imagen fija hay una vida en movimiento perpetuo, partida entre pasillos de hospital, aulas universitarias y la huella imborrable de una misión más allá de las fronteras.

Llega el Día Internacional de la Enfermería, y con él la oportunidad de escuchar voces que suelen quedar detrás del telón asistencial. Conversar con Alianny es intentar hallar a la persona que palpita bajo el símbolo; explorar sus batallas, sus motivaciones. Porque, si una valla nos recuerda lo visible, esta entrevista pretende alumbrar lo invisible: todo aquello que convierte a una enfermera en referente de una de las profesiones más humanas que existen.

—¿Cómo nació su vocación por la Enfermería? ¿Hubo algún momento o persona que la inspirara a elegir este camino?

—Mi vocación por la Enfermería nació desde muy joven, motivada por el deseo de ayudar a las personas y aliviar el sufrimiento humano. Siempre admiré la sensibilidad y entrega de las enfermeras que conocí durante mi infancia. Además, tuve familiares vinculados al sector de la Salud que influyeron mucho en mi decisión. Más que una profesión, entendí desde temprano que la Enfermería es una manera de servir y acompañar a los demás en momentos muy difíciles de sus vidas.

—Usted no solo se desempeña en la asistencia, sino que también ejerce la docencia. ¿Qué la motivó a formar a las nuevas generaciones y cómo logra el equilibrio entre el aula y el servicio?

—La docencia llegó como una extensión natural de mi profesión. Sentí la necesidad de transmitir experiencias, conocimientos y valores a las nuevas generaciones de enfermeros. Formar profesionales humanos y comprometidos también es una forma de cuidar. Lograr el equilibrio entre el aula y la asistencia no siempre es fácil, pero ambas funciones se complementan: lo que vivo en el servicio enriquece mis clases, y la enseñanza me obliga a mantenerme actualizada y crecer constantemente.

Foto: Raúl Navarro González

—Hablando de equilibrios, ¿cómo comparte los tiempos entre la Enfermería y la maternidad? ¿Qué piensa su hija de la profesión de mamá? ¿Cree usted que seguirá sus pasos?

—La maternidad y la Enfermería tienen algo en común: ambas requieren amor, entrega, paciencia y sacrificio. Conciliar los tiempos no siempre resulta sencillo, porque nuestra profesión demanda mucho, física y emocionalmente. Sin embargo, mi hija ha aprendido a comprender la importancia de mi trabajo y se siente orgullosa de él. Siempre intento dedicarle tiempo de calidad y enseñarle valores como la sensibilidad y la solidaridad. No sé si seguirá mis pasos, pero sí deseo que crezca admirando el valor de servir a los demás.

—Cada 12 de mayo se celebra el Día Internacional de la Enfermería. ¿Qué significado personal y profesional tiene para usted esta fecha?

—Es una fecha que reconoce el esfuerzo silencioso de miles de profesionales que dedican su vida al cuidado. También es un momento para reflexionar sobre la responsabilidad y el compromiso que implica nuestra profesión. Más que una celebración, lo vivo como un homenaje a la vocación, la entrega y la resiliencia de las enfermeras y enfermeros.

—Su rostro aparece en una valla a la entrada del Faustino. ¿Qué sintió la primera vez que se vio allí y qué cree que simboliza ese homenaje para todas las enfermeras de la institución?

—La primera vez que me vi en esa valla sentí una mezcla de orgullo, emoción y también mucha responsabilidad. Más allá de lo personal, considero que ese homenaje representa a todas las enfermeras de nuestra institución; a esas que día y noche trabajan con sacrificio y amor, muchas veces sin visibilidad. Creo que simboliza el reconocimiento a una profesión imprescindible dentro del sistema de Salud cubano y universal.

—Como segunda jefa del Departamento de Enfermería de este hospital, ¿cuáles son sus principales responsabilidades y los mayores desafíos que enfrenta en la gestión diaria de un centro tan grande y con las numerosas carencias del sistema de Salud cubano?

—Mis responsabilidades incluyen la organización y supervisión del personal, la calidad de los cuidados, la formación continua y el acompañamiento a los equipos de trabajo. Uno de los mayores desafíos es mantener la calidad asistencial en medio de las limitaciones materiales y las carencias. Aun así, el compromiso humano y profesional de nuestros enfermeros permite sostener la atención a los pacientes con dignidad y sensibilidad.

—Usted cumplió misión internacionalista. ¿Cuáles fueron las experiencias humanas o profesionales que más la marcaron?

—Fue una oportunidad para crecer, conocer otras realidades y reafirmar el valor humano de la Enfermería cubana. Vivir lejos de la familia y enfrentar contextos diferentes implicó grandes retos, pero también dejó experiencias muy enriquecedoras y recuerdos imborrables relacionados con la solidaridad y el agradecimiento de los pacientes.

—¿Qué aprendizajes trajo de aquella misión y hoy aplica en su trabajo cotidiano, tanto en el cuidado directo a los pacientes como en el aula?

—De la misión aprendí a trabajar con mayor capacidad de adaptación, disciplina y sensibilidad. Aprendí que, incluso en condiciones difíciles, siempre es posible brindar cuidados con calidad y empatía. Esos aprendizajes los aplico a diario, enseñándoles a mis estudiantes que el conocimiento técnico debe ir siempre acompañado de humanismo.

—En todos estos años de entrega, ¿cuáles considera que han sido los mayores retos profesionales a los que se ha enfrentado y qué herramientas le permitieron superarlos?

—Los mayores retos han estado relacionados con asumir responsabilidades de dirección, enfrentar situaciones complejas dentro de los servicios y trabajar durante etapas muy difíciles para el sistema sanitario, en especial después de la pandemia. Para superar esos desafíos han sido fundamentales la preparación constante, el trabajo en equipo, la disciplina, la empatía y, sobre todo, el amor por la profesión.

—Como líder y profesora, ¿qué mensaje le gustaría dejar a los estudiantes de Enfermería que usted forma a diario; a esos que están dando sus primeros pasos?

—Que nunca pierdan la sensibilidad. La Enfermería no es solamente aplicar tratamientos o realizar procedimientos; es acompañar, escuchar, aliviar y brindar esperanza. Les aconsejo estudiar mucho, prepararse de manera constante y ejercer siempre con ética, responsabilidad y amor. Cada paciente merece ser tratado con dignidad y respeto.

—Por último, en el marco de este Día Internacional de la Enfermería, ¿qué valor o cualidad de las enfermeras y enfermeros cubanos desearía que la sociedad reconociera y apreciara más?—Me gustaría que la sociedad reconociera más la capacidad de sacrificio y la sensibilidad de las enfermeras y enfermeros cubanos. Detrás de cada guardia, de cada madrugada y de cada cuidado, existe una enorme entrega emocional y profesional. A pesar de las dificultades, seguimos trabajando con compromiso, vocación y amor por la vida.

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Sobre el autor: Humberto Fuentes Rodríguez

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Matanzas en el año 2024. Egresado del Taller de Técnicas Narrativas del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Jefe de la Sección de Literatura de la Asociación Hermanos Saíz en Matanzas. Escritor, fotógrafo, trovador y guionista.

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