Ecos de abril

Ecos de abril

La brisa del sur carga aún con los ecos de abril. Sobre las arenas de Girón, el tiempo ha depositado una pátina de silencio; mas, bajo esa calma persiste una historia que se niega a ser solo polvo y museo. No es necesario estar allí, hundir los pies en la orilla o tocar el fuselaje oxidado de un avión para sentir el peso de aquellos tres días de 1961.

Para entender Girón hay que viajar a la mente de sus planificadores. Tras el triunfo de la Revolución, la Casa Blanca observó con alarma cómo se consolidaba un Gobierno que coqueteaba con la Unión Soviética. En marzo de 1960, el presidente Eisenhower dio luz verde a la “Operación Pluto”, un proyecto de la CIA para reclutar, entrenar y armar a exiliados cubanos anticastristas.

En Florida y Guatemala cerca de 1 500 hombres aprendieron el oficio de la guerra de guerrillas. Se les bautizó como la Brigada de Asalto 2506. El plan, heredado por el recién investido Kennedy, era simple sobre el papel: desembarcar en el sur de la Isla, establecer una cabeza de playa y proclamar un gobierno provisional que solicitara la intervención militar directa de Estados Unidos.

El preludio de la tragedia se escribió en los cielos de la Isla. El 15 de abril de 1961, ocho bombarderos B-26 con falsas insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria —pintadas para simular una sublevación interna— atacaron los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba. Al día siguiente, durante el entierro de las víctimas del bombardeo, un Fidel Castro de 34 años, eufórico y desafiante, declaró el carácter socialista de la Revolución.

El 17 de abril, la Brigada 2506 tocó tierra. En Playa Larga y Playa Girón, los invasores lograron avanzar unos kilómetros, pero la resistencia fue feroz. A pesar de contar con tanques, artillería y el apoyo de barcos de la Marina estadounidense, la Brigada se topó con un enemigo que conocía cada palmo del terreno y combatía con la moral de quien defiende su propia casa. Mientras, en las carreteras que conducen a la Ciénaga se movilizaban milicianos, obreros y campesinos, dispuestos a detener el avance a cualquier costo.

Ecos de abril

El plan se desmoronó en el aire —literalmente—. Kennedy canceló a último momento los ataques aéreos que debían dar cobertura a los brigadistas. Privados de superioridad aérea y con sus barcos de suministro siendo cañoneados desde la costa, los invasores quedaron atrapados entre el mar y el pantano. Las comunicaciones se interrumpieron, las municiones escasearon y la moral se desplomó. Pepe San Román, comandante de la Brigada 2506, enviaba mensajes desesperados a la flota estadounidense, suplicando por un auxilio que nunca llegó.

El ejército y las milicias revolucionarias reportaron 176 combatientes muertos, además de cientos de heridos que quedaron mutilados o con secuelas. En el bando invasor, 108 hombres murieron en los combates, unos 300 resultaron heridos y más de mil fueron hechos prisioneros. El paisaje de la Ciénaga quedó sembrado de historias de valor y muerte. La aviación mercenaria ametralló viviendas y caminos, cobrando la vida de civiles inocentes, que jamás empuñaron un arma pero quedaron atrapados en el fuego cruzado de la geopolítica.

La derrota fue tan estrepitosa como rápida. 66 horas. Eso duró la “Operación Pluto”. En la tarde del 19 de abril de 1961, los últimos grupos de brigadistas izaron banderas blancas. Las imágenes dieron la vuelta al mundo: una pequeña nación acababa de infligir la primera gran derrota militar al imperialismo en América Latina. La victoria consolidó el poder de la Revolución, pero también selló el destino de Cuba como frente caliente de la Guerra Fría, allanando el camino para la Crisis de los Misiles apenas un año después.

Para Cuba, Girón es la prueba de que la soberanía se defiende con uñas y dientes. Para los veteranos de la Brigada 2506 que aún viven, es el recuerdo de una promesa rota. La playa, con su museo memorial y sus monumentos a los caídos, ha sido transformada en un aula abierta, donde el pasado se recita con el objetivo de no ser repetido.

La gran enseñanza de Girón reside en la fragilidad de la vida cuando es aplastada por la maquinaria de la guerra. Nos advierte que las contiendas de este tipo no se resuelven en despachos ovales o cuarteles generales; se resuelven en el llanto de las madres, pueblos arrasados y hospitales de campaña repletos de jóvenes sin piernas. La paz no es la ausencia de guerra, sino la firme y consciente decisión de evitarla a toda costa.

Las arenas de Girón guardan historias, sí, pero sobre todo guardan una advertencia. El mar que las baña se ha tragado los casquillos y la sangre, mas no la falta de sentido de aquella locura.

La playa permanece como un espejo roto en la costa sur. Ojalá que, al cumplirse 65 años de aquel abril, seamos capaces de aprender que la única victoria que no deja viudas es aquella que se logra sin disparar una sola bala.

Recomendado para usted

Foto del avatar

Sobre el autor: Humberto Fuentes Rodríguez

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Matanzas en el año 2024. Egresado del Taller de Técnicas Narrativas del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Jefe de la Sección de Literatura de la Asociación Hermanos Saíz en Matanzas. Escritor, fotógrafo, trovador y guionista.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *