Sauto, el teatro y su benefactor

¿Podría el Teatro Sauto ser Patrimonio de la Humanidad?

Fotos: Izet Morales Rodríguez

Este 6 de abril, el Teatro Sauto (MN) cumplió 163 años de fundado, y lo conmemoraron con una exposición homenaje a su principal benefactor, el farmacéutico Ambrosio de la Concepción Sauto y Noda.

Sauto, con su mecenazgo y con su postura ética, defendió una manera de ser de un teatro cubano, en una ciudad como Matanzas, que acogió desde el siglo XIX lo mejor del arte que llegaba a Cuba. Mientras vivió, se convirtió en parte esencial de su arquitectura y espíritu.

En esta misma fecha, desde el coliseo yumurino, hace algunos años comenzó a celebrarse el Día del Técnico de la Escena, a iniciativa, entre otros, del diseñador Rolando Estévez Jordán; un homenaje a los que dan vida desde el anonimato a cada espectáculo: maquillistas, luminotécnicos, sonidistas, tramoyistas…

De alguna manera, es también uno de los homenajes a lo que significó Ambrosio de la Concepción Sauto y Noda, nacido en Guanajay, Pinar del Río, el 7 dediciembre de 1807; quien llegó a Matanzas en la década del 30, para quedarse para siempre, y convertirse en alguien muy importante para esta ciudad.

Este lunes el Teatro Sauto cumplió 163 años, en fecha que también es el Día del Técnico de la Escena.

El Sauto, al que siempre hay que ponerle que es Monumento Nacional, tiene un importante valor agregado, que son sus trabajadores. Ese orgullo de los que allí trabajaron o trabajan, con el rigor profesional que dicha institución requiere, de cierta forma se conecta con la figura de Sauto, su pasión por la escena.

Son los trabajadores los que viven y defienden esa joya de la cultura y la historia de Matanzas y de Cuba, convertidos todos en representantes del prestigio de la nación. Ellos muestran a los que nos visitan los conocimientos y cultura escénica de quienes contribuyen a los resultados de cada espectáculo.

El presente vive de su historia, de lo que diversos investigadores han logrado traer a la luz para iluminar la trayectoria de una entidad que nació hace más de un siglo y medio.

Leer, por ejemplo, el libro Historia del Teatro Sauto, que abarca desde su fundación hasta 1899, de Daneris Fernández, galardonado con el Premio de Historia José Luciano Franco, y publicado por Ediciones Matanzas, contribuyó a conocer ese legado que abarca los muchos momentos trascendentales del coliseo.

Cuando el día 6 se recordaba a Sauto, el ser humano, con objetos y documentos museables, se volvía de nuevo a ese libro o a sus aportes, como los que el historiador y periodista Argel Heberto Villalonga Rodríguez aportó con sus escritos en el periódico Girón, en 1966, al conocimiento de la biografía de Ambrosio de la Concepción Sauto y Noda, que Daneris Fernández rescata en su libro.

En esas publicaciones, confluyen institución y seres humanos. Sauto ya no es solo un nombre, sino alguien que trazó, en su controvertida existencia, rasgos de una identidad que ha llegado hasta nosotros: la matanceridad, esa manera tan especial de amar y vivir la ciudad. Le seguimos debiendo a Sauto.Y los que lo defienden en 2026 están muy claros de eso. Lo demostraron. Lo demuestran cada día.

El Teatro, sus directivos, liderado por Kalec Acosta, su equipo especializado, técnicos y trabajadores, siempre han sintetizado el trabajo de promoción cultural, la calidad técnica, el rigor profesional, con la historia del centro. En la actividad del pasado 6 de abril, en su 163 aniversario, todo eso confluyó deforma orgánica; belleza, simbolismo, identidad, historia.

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Sobre el autor: Ulises Rodríguez Febles

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