La Nota Gamer: Celeste
Hace varias décadas la industria del videojuego viviría una de sus más notables y populares revoluciones: aparecía en escena Super Mario Bros y con él toda una estandarización de cómo y para qué se juega. Mario era un plomero que saltaba sobre plataformas y sobre enemigos, nadaba y, dependiendo de lo que consumiera, se podía hacer más grande o convertir en un superhombre que lanza bolas de fuego. Se había escrito un manual desde el cual nacería toda una serie de producciones que tomarían el género de plataformas y lo transformarían, dando lugar a sagas como Sonic, Spyro, Banjo Kazooie, Sly Cooper, Rayman, etc.
Saltar se convirtió en una mecánica imprescindible para los títulos que vendrían después, y junto a ella la de la avanzar. Esta última es muy importante, porque si el jugador no siente que están ocurriendo cosas en la trama, que los niveles no evolucionan en dificultad y contenido, que las horas pasan por gusto, se levanta y deja de jugar. Este es el mayor miedo de cualquier empresa que se dedique a este arte.
Celeste se estrenó hace relativamente poco y utiliza su narrativa plataforma en 2D como un método que funciona para contar una historia geográficamente vertical, con toques de introspección psicológico y una dificultad retadora. A los mandos tomamos el control de Celeste, una chica que tiene como misión personal llegar a lo alto de una montaña y, por el camino, se encontrará con todo tipo de personajes que le hablarán sobre cómo ellos perciben la vida.
Se nos revela cuán perdida está la protagonista en el mundo, cualquier jugador se podrá sentir identificado con ella y con su quest principal: llegar a la cima, alcanzar su sueño, convertirse en aquello que más desea, cualquier motivación funciona cuando la inmersión lograda es eficiente.
Puedo afirmar que Celeste no tiene complejos o miedo a la hora de hablar de temas como la imagen corporal o la salud mental; incisos que se escabullen entre los píxeles de los personajes que aparecen. Matices que les hace verse y sentirse, irónicamente, más humanos.
No voy a mentir: es un juego difícil. Su desplazamiento lateral y la conformación de sus niveles requieren de cada jugador un mínimo de paciencia y concentración. Cuenta con momentos tan exasperantes que parecieran sacados de cualquier Dark Souls de Hidetaka Miyazaki. Pero la recompensa vale cada minuto invertido. Como ya dije anteriormente, es una obra que brilla por su honestidad, que puede parecer sencilla a primera vista, pero que construye sus niveles con una profundidad evidente.
Gráficamente es espectacular, un indie moderno que aprovecha las posibilidades técnicas que ofrecen las máquinas actuales. Un pixel art excelente que realza su calidad, gracias a la llamativa paleta de colores elegida. Cada luz, cada sombra, cada retazo en la pantalla funciona perfectamente en esta épica contada en 2D.
Una de las mayores inspiraciones que tiene es la de Journey, que traducido al español podría titularse como El Viaje; este narra a medida que el jugador se mueve, y puede llegar a durar menos de tres horas. La filosofía de ambos proyectos es la misma: hay que moverse. Incluso Rime, un juego de puzles y saltos en 3D, se aprovecha de estas mecánicas y aporta otro vistazo a una arista del gaming que nunca antes había visto: la muerte y cómo la afrontamos (que necesita un análisis redactado).
Celeste cuenta su propia historia, una combinación perfecta entre los Super Mario y la narrativa más trabajada de los tiempos que corren. Las ganas de los desarrolladores de permitirnos controlar personas reales son admirables, una evolución en un arte que muchos secundan; pero que siempre demuestra el porqué de su impacto en el mundo. Es una experiencia desoladora y esperanzadora a la vez, donde moverse, saltar y avanzar son sus únicos requerimientos.

