El mar como testigo de un desafío
Las brazadas comienzan impetuosas desde la antigua Capitanía del Puerto de Matanzas. El recorrido de 2.5 kilómetros parece cercano, pero abrirse paso entre las aguas de la bahía y sus corrientes requiere mucho más que voluntad.

Mientras se alistan con el equipamiento necesario, los ánimos van creciendo y la alegría del nuevo reto se va transmitiendo entre estos hombres y mujeres que tienen una meta clara: culminar el recorrido.

Fueron meses de preparación, tanto física como mental, pues en el mar nada es exacto ni predecible.

A mitad del trayecto el ritmo comenzó a bajar, la dispersión se iba haciendo más notable y a lo lejos el ganador no cejaba en su empeño y marcaba una distancia amplia sobre sus perseguidores.



En 37.46 paró el reloj cuando arribó a la playa del Tenis Héctor Calatayú Santana, sin señales de agotamiento y satisfecho con el resultado.

El Cruce de la Bahía, más que una competencia entre nadadores de disímiles edades, es un reto para quienes deciden enfrentarse a sí mismos con el mar como testigo.








