Dos semanas después del inicio de la II Guerra Mundial Estados Unidos inició la planificación de su nuevo proyecto de expansión territorial. Para sus ambiciosos planes convocó a un numeroso grupo de científicos, los grandes oligopolios y el Departamento de Estado con el objetivo de concretar la planificación de una estrategia integral.
Los principales bloques imperialistas (Alemania, EUA, Japón) habían definido sus aspiraciones posbélicas. Para los alemanes nacionalsocialistas (Espacio vital o “Espacio necesario para vivir”); los japoneses (Esfera Superior) y EUA (Gran Área). Todos coincidían en un reparto económico y territorial del mundo donde garantizar la explotación y conquista imperial aseguraba los mercados y materias primas.
Paulatinamente desparecía la hegemonía que otrora estaba en manos de Gran Bretaña. La nueva conceptualización estadounidense se sustentó en el proyecto denominado “Gran Área”.
Luego de agudas sesiones de trabajo el grupo convocado por el Imperio yanqui concluyó que Estados Unidos debía entrar en la conflagración mundial para definir a su favor el Nuevo Orden Mundial que surgiría, una vez concluida la guerra, o incidir en su construcción. Se definía la autarquía norteamericana, una vez identificada su capacidad de sobrevivir sin los mercados y materias primas que en orden económico se disputaban las principales potencias militares del contexto en pleno apogeo imperialista (Alemania y Japón).
El proyecto estadounidense denominado “Gran Área” incluía América Latina, Asia Pacífico, África del Sur, América del Norte (Canadá), Groenlandia y Oriente Medio.
Cuando se hizo evidente la pérdida de Alemania y Japón, durante el desarrollo de la guerra y, era obvio, que Estados Unidos saldría victorioso, su estrategia global incluyó la presencia de instituciones económicas (Banco Mundial, BM; Fondo Monetario Internacional, FMI, etc.), políticas (Organización de Naciones Unidas, ONU) y militares (Organización del Atlántico Norte, OTAN) para asegurar la hegemonía del imperialismo norteamericano.
Desde 1941, el grupo de estudios War Peace Studies Project había definido que las políticas y estructuras económicas desempeñarían un papel esencial en la integración y estabilidad de la “Gran Área”.
Si bien el programa NAZI se sustentó en desarrollar una anacrónica lógica colonial del siglo XIX en el siglo XX -como afirmó Heinz Dieterich- a través del terrorismo de Estado, los actuales sucesos mundiales, desde el 11 de septiembre, nos colocan de nuevo en dicho estadio de la geopolítica imperial con la irracional agresividad, prepotencia y métodos genocidas utilizados.
“Dominar, administrar y explotar” eran las máximas del Füehrer (Hitler) en su declaración de guerra imperialista, donde despoblar, desindustrializar, neutralizar el potencial científico, destruir, la violencia de Estado, el sometimiento de la población conquistada a un bajo nivel cultural y el servilismo económico fuesen las vías para asegurar a los colonizados; garantizar relaciones de explotación que aseguraran el bienestar económico y estabilidad a la metrópolis, explotar bajo métodos coloniales (Herman Goering).
Las sucesivas, acaloradas y prepotentes intervenciones del actual mandatario de la Casa Blanca nos recuerdan estas escenas de aquel holocausto que sacudió el mundo ante el genocidio y las atrocidades del fascismo. Hoy, con nuevos pretextos, se regresa a esas viejas aspiraciones expansionistas no concluidas.
