Mucho se ha escrito sobre la conspiración antiesclavista del negro criollo liberto José Antonio Aponte, en el ya lejano 1812, gestada en La Habana, pero extendida a varias haciendas, pueblos y ciudades del “interior” de la Isla, como Puerto Príncipe (Camagüey); Remedios, Holguín, Bayamo y Baracoa.
Menos conocida resulta su incidencia y relación con zonas para la fecha, perteneciente a la entonces jurisdicción matancera.
Documentos atesorados en el archivo histórico provincial dan cuenta de varios ingenios del partido judicial de Corral Nuevo, incendiados como parte del levantamiento y hacia donde el líder Aponte pretendía ir, antes de ser apresado.
Lo cierto es que el fuego ardió en Bolois, La viuda o Sacramento y en San Juan o Galindo; mientras haciendas y fábricas vecinas, de azúcar, tomaban medidas de prevención al efecto.
Mucha información al respecto pudieran brindar los cientos de legajos sobre ingenios, resguardados en el archivo matancero; mientras bien provechoso sería ejecutar prospecciones arqueológicas en las áreas ocupadas por las antiguas fábricas del dulce producto.
El 15 de marzo de 1812, en el ingenio Peñas Altas, del habanero valle de Guanabo, estalla el levantamiento. Víctimas de una delación, Aponte y ocho de los conspiradores fueron apresados, ahorcados, y sus cabezas cercenadas, para luego ser exhibidas en jaulas de hierro, como “trofeos” y escarnio público.
Pero Matanzas no olvidará que hasta a sus tierras de antaño, llegó el eco de la, para muchos considerada la primera conspiración de alcance nacional en la Isla. (En coautoría con Armando Santana Montes de Oca)
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