Andrea, el pueblo y la casa de la rampa

Andrea, el pueblo y la casa de la rampa. Foto: Humberto Fuentes Rodríguez
Andrea Valdés Izquierdo forma parte de los 28 niños con condiciones médicas especiales beneficiados en la provincia de Matanzas con la entrega e instalación de un panel solar y una estación de carga, lo cual resulta ahora mismo un gran alivio para su familia. Fotos del autor

Los habitantes del Cuba llaman a Pedro Betancourt “el pueblo”. No importa si lo que separa al batey de lo que una vez fuera el central Cuba Libre, los módulos de casas prefabricadas modelo Sandino, los edificios y la cabecera municipal, sean apenas unos cientos de metros, cuanto más un kilómetro; cuando se precisa ir a Betancourt, aun si la gestión tomará solo un par de minutos, se oye decir: “Voy al pueblo”.

Ni siquiera importa que vivas junto a la carretera que divide ambas localidades cual renglón de libreta de primaria, como le sucede a “la casa de la rampa”.

***

Dania Izquierdo González es una mujer más bien menuda; o a lo mejor es idea que uno se hace por la licra y el abrigo de felpa que lleva por atuendo, un martes cualquiera de mayo, a las seis, casi siete de la noche. Los jejenes y mosquitos ya empiezan a hacer de las suyas, pero no es esa la razón por la que Dania está tan abrigada.

Una ráfaga de aire frío se apresura a escapar cuando cierra tras de sí la puerta del cuarto. “Siéntense, no tengan pena”, dice y sonríe a medias, con los ojos, principalmente, expresión acentuada por el piercing de su ceja izquierda. La sala es pequeña, al igual que el resto de la casa, mas no por ello deja de ser confortable. Un par de bichitos de la luz revolotean en el bombillo del techo.

—La corriente vino hará cuestión de media hora, mijo. Desde ayer al mediodía. De hecho, no la esperábamos hoy.

—¿Sabía que veníamos? —le pregunto.

—Gladys me llamó hace un ratico; díceme: “Dania, ¿ya los de los paneles pasaron por allá?; y yo: “no, a mi casa no ha venido nadie hoy”.

Gladys Rodríguez López, intendente del municipio, ha estado en contacto permanente con Dania desde aquellos primeros meses en que regresó por fin al pueblo, y su suegra la acogió en un cuartico que no era ni la mitad de la sala en la que estamos sentados ahora, del cual no saldría hasta el 24 de febrero de 2021, cuando le entregaron el inmueble que los vecinos conocen como “la casa de la rampa”, justo detrás del policlínico Dr. Cesáreo Sánchez Gómez. Ese día Andrea cumplió dos años.

Andrea, el pueblo y la casa de la rampa. Foto: Humberto Fuentes Rodríguez
Fotos: Humberto Fuentes Rodríguez

—¿Quieren verla? Se las puedo enseñar desde la puerta del cuarto. Ya tiene siete años… —Dania sonríe a su forma; el piercing asciende—. Ha dado un buen estirón, lo que sigue flaquita, ustedes saben.

Andrea Valdés Izquierdo llegó a Betancourt con 15 meses de nacida, luego de pasar todo ese tiempo en el Hospital Pediátrico Provincial Eliseo Noel Caamaño, de Matanzas. Un mal manejo durante el parto le había provocado una encefalopatía hipóxico-isquémica que derivó en parálisis cerebral infantil, debido a lo cual hoy respira a través de una traqueotomía y se alimenta mediante una sonda de gastrostomía. Andrea es lo que se conoce como un niño electrodependiente.

—¿Y cómo se las arreglan con los apagones?

—¿Qué te puedo decir…? Tenemos una planta pequeña, y cuando había gasolina el municipio me la resolvía en el sentido de que podía ir y comprarla a un precio más o menos asequible… Que igual, a veces no tenía el dinero porque en el mes se me iban 60 o 70 litros. Pero ahora, imagínate…

Andrea, el pueblo y la casa de la rampa. Foto: Humberto Fuentes Rodríguez

“Es duro, porque no son solo los alimentos o la leche echándose a perder y el hecho de tener que cocinar con carbón, sino que Andrea solo puede ingerir líquidos, y sin luz, olvídate de la batidora. El aire acondicionado funciona cuando hay corriente; lo otro que tengo es un ventiladorcito recargable que no sirve de mucho. Pero lo que más necesito, sin duda, es la aspiradora”.

Las traqueotomías deben ser aspiradas con cierta periodicidad para eliminar secreciones que puedan dificultar la respiración del paciente. Dania cuenta para ello con una aspiradora recargable, pero la energía no le dura lo suficiente como para cubrir más de un día de apagón, y el ratico de luz que tienen tampoco le alcanza para una carga completa. “Durísimo, mijo”; el piercing desciende.

Dania vive junto a su esposo, su cuñada, la hija de esta última y Lía, hermana mayor de Andrea. Dos ampliaciones de sus fotos de quinceañera adornan la sala: en ambas posa junto a sus padres y hermana.

Andrea, el pueblo y la casa de la rampa. Foto: Humberto Fuentes Rodríguez

—Antes yo trabajaba en un banco; soy técnico medio en Contabilidad. Lo dejé cuando Andrea nació. Mi esposo siguió trabajando durante algún tiempo, pero igual tuvo que dejarlo. Ahora nos pagan 2 680 pesos por Ley de Cuidadores, además de una chequera.

La rampa por la que suele ser identificada la casa de Andrea fue construida con el objetivo de que las ambulancias lleguen hasta su misma puerta, en caso de ser necesario. Similar designio posee el hecho de que el inmueble fuera erigido justo al lado del policlínico local.

—Y no solo eso… —Dania baja la voz—. Nos habían prometido pasar un cable desde su grupo electrógeno hasta el cuarto de Andrea, cosa que nunca sucedió. Ahora ya no sirve de nada, pero en su momento pudo resolver muchísimo. Hay cosas que se podrían hacer y no se hacen, mijo. Es así.

Sonido de cadena de bicicleta. “¿Cómo es la cosa?”, pregunta desde la entrada una voz inusualmente cálida.

—Miren, ahí viene mi esposo —el piercing sube y baja y vuelve a subir.

***

—Eso que ves allí es el policlínico. Aquello, el Joven Club de Computación.

La voz de Alfredo Valdés Díaz invita a escucharlo durante horas, aunque en esta ocasión se vea obligado a alzarla por encima de un taladro ensordecedor que manipulan los especialistas de Copextel.

Es una lástima que sea un hombre de tan pocas palabras. Ahora, desde la azotea de su casa, ataviado en pantalón de trabajar y una camiseta negra que deja ver sus numerosos tatuajes, entre ellos un sol y una luna que sobresalen de cada tirante, me señala el micromundo al que se reduce su vida desde el nacimiento de su segunda hija.

Andrea, el pueblo y la casa de la rampa. Foto: Humberto Fuentes Rodríguez

“Yo trabajaba de custodio. Primero fui jefe de turno en el policlínico, pero tenía demasiada carga y me fui para el Joven Club. Igual, tuve que dejarlo. Fue cuando empezó a irse la conexión con los apagones y yo no podía andar incomunicado, estás loco, ni aunque estuviera ahí mismo en la esquina. Ahora me caen de vez en cuando un par de trabajitos de albañilería y así voy tirando, pero no es lo mismo, compadre”.

El rugido del taladro que lo fuerza a casi gritar se detiene por fin. Uno de los brigadistas se acerca.

—Ya esto está. Ahora te toca a ti asegurarlo; mañana o cuando puedas. Una ventolera te lo puede llevar encanta´o de la vida.

—No es el viento lo que me preocupa, hermano.

Andrea, el pueblo y la casa de la rampa. Foto: Humberto Fuentes Rodríguez

Alfredo vuelve a señalar con el dedo: “Eso que ves ahí es la Asociación de Combatientes. Hace un par de días los vaciaron. Una pila de computadoras”.

El alza de robos domésticos ha encontrado en pueblos como Pedro Betancourt el caldo de cultivo perfecto para su efervescencia. Una a una, Alfredo me señala todas las casas donde han robado paneles solares, algunas de ellas esta misma semana.

—El tiempo se está poniendo malo. Vámonos, antes de que rompa a llover —dice otro de los brigadistas y descienden de a poco por la reja que hoy hizo función de escalera improvisada.

***

Andrea forma parte de los 28 niños con condiciones médicas especiales beneficiados en la provincia de Matanzas con la entrega e instalación de un panel solar y una estación de carga. Este kit, al menos, les permitirá a sus padres cocinar y preservar mejor sus alimentos, batirlos a la hora de suministrárselos y cargar oportunamente equipos como el ventilador eléctrico y la aspiradora; lo cual resulta, ahora mismo, un gran alivio.

Dania abre la puerta del cuarto y el aire frío vuelve a hacer presión para salir. En su interior predominan los colores pasteles; y además, hay un balón de oxígeno, la aspiradora y otros equipos médicos. Sobre la cuna giran dos móviles con algunos peluches; del más alto cuelga un rosario con una cruz diminuta. El sagrado corazón de Jesús observa el panorama desde la cabecera del bastidor.

—Ya toca aspirarla.

Andrea, el pueblo y la casa de la rampa. Foto: Humberto Fuentes Rodríguez

Con la presteza de quien ha realizado el mismo procedimiento millares de veces y aun así no pierde la ternura en sus gestos de madre instintiva y delicada, Dania consuma su imprescindible labor y luego se queda largo rato acariciando el pelo y el rostro de Andrea. Acto seguido, regresa la manguera a su lugar y abandona el cuarto en el mismo instante en que Lía sale de la casa y atraviesa la rampa.

—Mamá, voy al pueblo un momento —y cruza la calle.

(Edición web: Miguel Márquez Díaz)


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Sobre el autor: Humberto Fuentes Rodríguez

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Matanzas en el año 2024. Egresado del Taller de Técnicas Narrativas del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Jefe de la Sección de Literatura de la Asociación Hermanos Saíz en Matanzas. Escritor, fotógrafo, trovador y guionista.

1 Comment

  1. Me alegró mucho de q estos niños necesitados les hayan dado esa posibilidad,pero q pasa con los niños como el mío , mi niño lian Alejandro García Fernández es diabético insulinodependiente,q depende de una insulina q se está echando a perder de las más de 40 horas sin corriente el yogurt q se puede co seguir se hecha a perder, la poca comida q puedo comprar se echa a perder además de q no puedo ni comprarle nada porq es un dinero mal gastado a base de picadillo y embutidos q son pura sal de nitro,hice la solicitud del panel en octubre del año pasado y me dicen q se pierden los papeles,los vuelvo a presentar en febrero de este año y me engañan diciéndome q los mandaron ya para el gobierno cosa q es mentira porque el nombre de mi niño no aparece en ningún lado y por encima voy a ver al entendente Michel de aquí de matanzas y me dice q compre hielo es una total falta de respeto

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