La grandeza más allá de la grama

El día en que Junco abrió una nueva era en las series nacionales
La grandeza más allá de la grama

La historia que no se borra en un minuto y que costó 18 temporadas tejer, va más allá del cajón de bateo donde Lázaro Junco implantó respeto y gallardía en una época en que las estrellas nublaban los terrenos de pelota en todo el país.

Limonar parió no solo a uno de los mejores bateadores de nuestras Series Nacionales, sino también al hombre paciente, correcto, caballeroso y sincero que, aún frente a un micrófono, decía las cosas como son.

La fidelidad a su tierra lo llevó a desechar otras opciones que quizás pudieron abrirle las puertas a múltiples oportunidades dentro del béisbol cubano.

Papá Jonrón para los matanceros, una figura excepcional para los foráneos, profe Junco para los periodistas que tuvimos el privilegio de conocerlo y beber de esa sabiduría que también empleaba para enseñarnos pequeños trucos, que muchas veces se escapan al calor de un juego de béisbol.

Jamás escuchamos un no cuando de dar información se trataba, no importaba la hora, él respondía con amabilidad y la destreza de quien por años supo cómo hacer bien las cosas aún compitiendo con luminarias.

La vida le puso el reto más engorroso que podemos enfrentar, la enfermedad que no cree en glorias y bondad y se lleva consigo todo, mientras te mina las fuerzas de a poco.

Tratamientos, dolor, acompañamiento y ayuda, valentía para no decaer, formaron parte por meses de su última batalla, esa que su talento con el madero no podía vencer.

Agradecidos estamos todos por su historia, pero mucho más por lo que sembró como persona en todos los que alguna vez le conocimos.

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Sobre el autor: Norys Castañeda Valera

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