El plurihombre

El plurihombre
Crónica de Domingo: El plurihombre

Me he quedado parado en medio de un parque. Los carros no respetan las cebras en las calles laterales. Oigo cómo en vez de detenerse aceleran. El zafari automotriz no para. Yo no puedo acelerar. Iba hacia alguna parte, pero no recuerdo a dónde. 

El sol del mediodía me camina por debajo de la camisa como hormigas bravas. Miro mi pie izquierdo. ¡Muévete, carajo! Se queda en el mismo sitio. Deseo echar a andar y no detenerme hasta que me caiga del mundo al llegar a uno de sus bordes.

Tengo demasiado que hacer. No puedo darme el lujo de la inmovilidad; sin embargo, ahí está el problema: no sé a dónde ir primero, porque soy un plurihombre con un montón de pluriempleos y la clara intención de no «plurimorirme de hambre».

Acumulo cuatro empleos: soy periodista, community manager de una empresa, comunicador de un grupo de teatro y profesor de la universidad. El cronista. El maestro. El agotado. El especialista en redes sociales. El saturado. El colaborador de revistas nacionales. El que amanece en las mañanas con unas horribles ganas de llorar.

Pasa a lo lejos un triciclo en el cual acomodaron una nevera en la parte posterior y ahora pregonan sus paleticas. Yo pienso que necesito azúcar para activarme, pero también que debo entregar un reportaje sobre un Centro de Protección Social (de deambulantes), actualizar las redes  sociales de la empresa y teclear con corrección cada uno de los hashtags de temporada, terminar una reseña de una obra por estrenar, aprenderme desde cero un plan de clases de Ética y deontología.

Contemplo en el parque a mi alrededor a los señores que corren con grandes jabas de mandados echadas al hombro que el viento y su andar apresurado zarandean; a las mujeres con pintas de secretaria que cotejan un fajo de papeles, mientras trotan con sus taconcitos; a los hombres apurados, con caras de perro, que le gritan malas palabras al celular.

Esas prisas me hacen pensar que ellos, como yo, son criaturas atomizadas, células sociales que sufren por no poder divididirse en dos, en cuatro, en 16. En la actualidad muchos cubanos se encuentran en la misma situación: se transforman en sombras de sí mismos por la pluridad de  la supervivencia económica.

Realmente, realmente, lo que quiero es meterme bajo una colcha-refugio nuclear y no salir de ahí. Mientras las hormigas bravas descienden por los escalones de la columna vertebral, reflexiono que no sé por qué me mato tanto. Incluso con cuatro empleos, no me da la cuenta al final.

Es un quilaje por aquí, un quilaje por allá. A veces me siento como esas alcancías de puerquito de porcelana. Creo que si revisan el centro de mi espalda hallarán una hendidura. Ahí echan los centavos. Los pesos machos. Las pesetas. Nunca un menudo en dólares.

Además, no entiendo por qué, si cumplo todos mis encargos en tiempo, duermo menos de lo que asegura ese artículo que hace falta para ser una persona funcional, me transformo en un antiguo Dios hindú con cientos de brazos, no puedo cobrar en parte de mis pluriempleos el salario completo.

Por la incorrecta aplicación de determinada ley en algunos centros de trabajo, si uno tiene un vínculo laboral primario, en los secundarios solo te pagan la mitad de lo que mereces. Tú cumples con creces con tus funciones. Tú te sacrificas en carne y mente. Te multiplicas, o más bien te divides; porque en el primero de estos casos tus fuerzas deberían dulplicarse y, a veces, lo que sientes es que merman. Te conviertes en mermelada humana; pero igual, nada de eso vale.

Miro mi zapato derecho. ¡Muévete, carajo! Se levanta unos centímetros del suelo, pero luego cae estrepitosamente. Reportaje. Hashtag. Reseña. Plan de clases. No obstante, no va solo de eso. Compra hamburguesas. Arregla el falso contacto de la turbina. Llama al plomero para cambiarle el herraje a la taza de baño. Busca papel sanitario barato.

Sin embargo, para todo ello, para adquirir el papel sanitario y las hamburguesas, para pagarle al electricista y al plomero, necesito mi quilaje que no alcanza, pero es lo que tengo a mano. ¡Muévete, carajo! Tú eres un plurihombre con un montón de pluriempleos con la intención de no «plurimorirte de hambre». Levantas el pie. Logras dar el primer paso. Aún no sabes a dónde vas o qué hacer, pero por alguna parte se empieza.

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1 Comment

  1. Excelente artículo. Como te entiendo soy una plurimujer ya vieja con 61 años. Y trabajo en las dos escuelas como Profesora de piano ,en una de ellaa soy J de cátedra de Música dw Cámara ,doy piano y acompañamiento a todos los niveles, soy Asesora musical de Icarón, Pianista Concertista del CM ,colabora para el periódico y doy clases particulares de piano y canto. Y NO ME ALCANZA. Te aplaudo

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