La raíz que nunca se esconde

La raíz que nunca se esconde. Imagen Generada con IA
La raíz que nunca se esconde. Imagen Generada con IA

“¿Tienes las pasas encendidas? Ya te toca la queratina, se te ve la raíz”. “Mírala, ahora que se lacia el pelo se cree blanquita”. Esas expresiones las escuchaba bastante seguido desde la primaria, hasta casi llegar a la universidad. 

Muchas veces eran expresiones inocentes acerca del estado de mi pelo, sin ninguna maldad, pero dejaban un poco de inseguridad en mi mente, haciendo que me preguntara: ¿tan malo es mi pelo natural?, ¿me veré muy fea con él? No obstante, cuando empecé a alisarlo, de igual forma vinieron los comentarios, tanto positivos como negativos, como si mi pelo fuese algo para satisfacer la vista ajena. 

Aunque nunca me lo dijeron, siempre sentí que era una forma de criticarme, y hasta en determinados casos mi piel, porque, al ser hija de negro y mestiza, salí mulata —a la gente le encantaba connotar que de cierta manera no eres negra, pero tampoco blanca—; mas, lo de negro siempre sale. En mi caso, más allá de la piel, fue mi pelo, un afro abundante que me hacía llorar desde el primer año de vida, porque la pobre de mi madre no sabía tratar este tipo de cabello y ahora, cuando al fin decidí dejarlo al natural, perdió su naturalidad por los años de procedimientos químicos en mi cuero cabelludo. 

Además, los comentarios eran una muestra de cómo en nuestra sociedad está normalizado que el pelo afro debe lacearse para ser bonito, uno de los principales ejemplos consiste en la frase “eres de pelo malo”, una categoría existente desde hace décadas y que todavía permanece en el vocabulario del cubano. Sin embargo, pregunto ¿cuál es el pelo malo? La respuesta es y debería ser: aquel cabello quebrado, seco, deshidratado y maltratado, ese sí sería el pelo malo; pero, por norma de nuestra sociedad, tales palabras aluden a los cabellos rizados o afro, si son lacios la historia es completamente diferente. 

Esos estigmas que desde pequeñas sufrimos las niñas afrodescendientes, debido a los años de estándares de belleza europea impuestos durante el colonialismo, siglos después, como una moda a seguir en las mujeres, todavía nos persiguen. Pero con el surgimiento de proyectos y emprendimientos como Qué Negra, por solo citar uno de los tantos, poco a poco se ha rescatado la imagen de la afrocubanía, aunque en su gran mayoría desde un punto estético. No obstante, han logrado una verdadera revolución en este sentido, propagando por el país el amor propio, la cultura y la tradición. 

Foto: Raúl Navarro

Gracias a su trabajo, hicieron que varios jóvenes, incluyéndome, empezáramos a cuestionar ¿qué hay de malo en “tener de negro”?; la respuesta es simple: nada. Traemos en finas hebras un legado que cuenta historias de lejanos países. La frase popular “El que no tiene de congo, tiene de carabalí” hace referencia a las múltiples etnias africanas de las que desciende el cubano y, a su vez, declara que aquí hasta el más blanco tiene de negro. 

Y no solo se muestra en nuestro físico, también fluye por nuestras venas, la música y el baile, como la rumba, patrimonio cultural y orgullo matancero. Por eso me alegra que exista una fecha como el Día mundial de la cultura africana y los afrodescendientes, que celebra esa parte de nuestra identidad. 

Si quieres llevar el pelo afro, lacio o rizado, que sea por ti y no al gusto de los demás. Tu piel y tu cabello también conforman tu esencia; muéstrala como desees, pero siempre con respeto y amor hacia ti. Y parafraseo una canción de la artista cubana Telmary: “Arriba los pelos, tenemos anhelos”. 

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Sobre el autor: Beatriz Mendoza Triana

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